Desabrochando a Martha

Posts Tagged ‘seduccion

1012449_482735655143958_657395739_n

 

La verdad es que es muy difícil aceptarlo tan públicamente como en un blog.  Yo siempre lo he sabido, desde pequeña en realidad.  Es más, creo que mis papás y mis hermanos siempre lo sospecharon, pero no era un tema que se hablara abiertamente… es decir, mi conversación sobre sexualidad con doña Martha se dio a mis 18 años, en la romería antes de irme de intercambio, cuando ella me señaló una valla de condones Durex y me dijo: “bueno… ya sabe…

Así es que esto de hablar de cuál era mi preferencia sexual, no era algo que se diera.  En fin, lo cierto es que a mí siempre, desde pequeña, me han gustado los hombres.  Es más, a los 5 años le pedí a Leonarndo García que fuera mi novio, pero me dijo que no porque era novio de Stephanie.  Eso no impidió que en todas las fotos de anuario yo saliera viéndolo, con ojos de vaca ahorcada.

Ufff… la verdad es que es un alivio admitir mi heterosexualidad y que todo el mundo lo sepa de una vez por todas: me gustan los hombres,  me encantan los hombres.

…así es queeeeee… ¿qué hay de comer?…

Suena raro, ¿verdad?

O sea, ¿qué es este tipo de payasada, Martha?  ¿Qué te está pasando por la mente?

Bueno, si les parece una tontera que yo haya admitido que soy heterosexual, ¿por qué es una necesidad que nuestros amigos homosexuales lo admitan públicamente?  ¿Qué es ese deseo casi mórbido de señalar al otro para poder ponerle una etiqueta?  ¿Qué será?  ¿Pensamos que los vamos a rescatar de sus ataduras y le vamos a otorgar la libertad ansiada de ser lo que son?  ¿En serio pensamos que tenemos ese poder?  ¿O será más bien que lo ocupamos para poder hacer/resistir chistes denigrantes, ponerles apelativos despectivos y asegurarnos de no salir medio chingos delante de ellos porque y vaya a ser que les guste todo esta belleza que hizo mi mamá y Dios me dio.?

No me tomen a mal: entiendo que hay una necesidad individual por aceptar el verdadero Yo con todo y ángeles, demonios y bestias. Si es su deseo admitirlo porque ya no puede más, no puede seguir aparentando lo que no es o simplemente le dio la regalada gana… pues hágalo, que aquí todos creemos ser libres.

Mi crítica es hacia todas las personas que exiguen que alguien “lo admita”, es hacia ese egocentrismo, ese narcisismo que sentimos por encasillar a los que nos rodean.  Y lo digo en primera persona plural porque, por mucho tiempo, yo lo sentía así.  Por un lado, porque soy curiosa, por el otro porque en eso se esta convirtiendo esta sociedad.
El día que me di cuenta del error estaba hablando con un ex.  Él cayó en cuenta que amar se siente igual en cualquier cuerpo, se siente rico compartirlo y que qué importa si al vecino le gusta hacerlo con un tipo o una tipa, siempre y cuando no le haga daño a nadie, por supuesto.

¡BOOM! Su cerebro explotó.

Lo cual es cierto: el saber su sexualidad no le da un valor agregado a nuestra relación de amigos, porque lo interesante es que no le quita su habilidad para compartir secretos, frecuentarnos para tomar un café y contarnos nuestras vidas, acompañarnos en los momentos difíciles, celebrar acontecimientos magnánimos y participar de las cosas que le gusta al otro, en la seguridad que brinda el cariño mutuo.

A lo que voy es que dejemos vivir al otro a como nos gustaria que nos dejen vivir…

Anuncios

 

TED: Tecnología, Entretenimiento, Diseño, es una organización sin fines de lucro que busca compartir ideas que rompe paradigmas o fundamentan las teorías con las que ya trabajamos.

Hay unos suuuper graciosos, otros inmensamente interesantes y algunos que solo dan sueño, pero valen la pena escuchar con atención y dejarse iluminar con ideas que valen la pena ser compartidas.

Hoy quiero compartir sobre el arte de la seducción.

Está en inglés, Youtube da la opción para subtítulos en otros idiomas.  Lamentablemente, este no cuenta con subtítulos en español… pero tiene en portugués, por si han practicado su portuñol alguna vez en la vida =D.

Qué lo disfruten! Espero leer sus seductores comentarios!

Hablemos de sexo.

Es rico, es bueno, es saludable.

Es como comerse el bananito en ayunas, por su fuente de potasio que ayuda a los calambres… o que lo diga la Doc de la empresa donde trabajo, quien me lo recetó ya hace unos cuantos años y quien todavía se ríe cada vez que le comento que me lo como todas las mañanas, bajo receta médica.

Creo que es primordial partir del hecho que el sexo no es del diablo, no debería ser pecado y nadie se va al infierno por tirarse un polvito con un tipo que estaba bien bueno.  Si no más recuerdo, en Semana Santa nos pasan diciendo que JC murió por nuestros pecados para que fueran perdonados y todos disfrutáramos de las delicias del maná casero, de manos de la Mariquita.

Dejemos claro que, a estas alturas de la vida (cualquiera en las que uno se encuentre), no viene al caso satanizarlo porque todos cogen y yo no voy a ser la puta por estar escribiendo sobre el tema.

Así es que, empecemos.

Cuando se habla de educación para la vida sexual, la cagada es mayoritariamente para las mujeres.  Lo digo con voz de la experiencia porque, en una familia católicamente activa, la mujer tiene el deber de cuidar su pequeña florcita hasta que llegue el príncipe azul que quiera atar el nudo.

Pero en ningún momento te dicen por qué es buena idea esperar.

No te dicen que hacer cuando llegue el momento.

Ni mucho menos que tenés derecho a disfrutarlo.

Nadie le cuenta a uno cuál es la diferencia entre hacer el amor y tener sexo.  Me acuerdo, a mis 6 añitos, ir de la mano con El Progénitor a la pulpería y soltar LA pregunta:

“Pa, ¿cuál es la diferencia entre tener sexo y hacer el amor?”

“Cuando uno hace el amor lo hace con alguien a quien ama.”

“Sí… pero, ¿qué es hacer el amor?”

“Es cuando uno lo hace con alguien que ama.”

“¿Pero qué es lo que se hace?”

“Martha Iris, usted está todavía muy pequeña para preguntar de esas cosas. Cuando llegue el momento, usted sabrá.”

O sea, me dijo: “cuando llegue el momento, se persigna y se encomienda a toda la corte celestial, que alguna ayudita vas a recibir.”

En los años 90s, mi adolescencia no fue marcada por el sentémonos y aclaremos dudas… esa conversación incómoda que una hija tiene con su  madre.

No.

Fue injustamente traumatizada por la última edición (197?) de La joven moderna y el sexo de los libros Océano, el cual traía una explicación detallada de la menstruación, la vagina, el pene y un esquema de cómo se veía un coito.  Eso, sumando a todos las historias de la biblia en la que los lujuriosos terminaron destruidos o convertidos en estatuas de sal… prácticamente explica por qué quería ser monja y no caer en las garras de Beelzebub por culpa de un adolescente libidinoso.

Es hasta el tiempo que uno se da cuenta que el sexo es bueno porque ayuda a definirnos como hombre y mujer, dirigirnos en todas las posibles combinaciones sexuales y poblar este planeta (básicamente)

Y si el sexo es bueno, ¡la sexualidad es aún mejor!, porque lo pone todo junto a ver que sale: características físicas, psicológicas, anatómicas y afectivas.  Sin dejar de lado que nos enseña qué, de todo lo que hay en el mercado, nos gusta más: juegos, juguetes, orgamix, disfraces, cuero, esposas, columpios, revistas, libros, películas… etc… etc… etc…  También nos delimita el camino para no llegar a extremos en conductas sexuales, como el voyeurismo o algún fetichismo extraño con los uniformes militares, digamos.

Al final del día, todo esto de la sexualidad es como cuando uno va a la gelatería y pide una cucharadita de casi todos los sabores: solo probando se sabe qué es el que a uno le gusta y bueno, conociéndose a uno mismo se disfruta muchísimo más.

El sexo es saludable por todos los tantísimos beneficios al cuerpo.  Como la liberación de endorfinas y de serotonina, que básicamente cooperan para alinear los chacras y nos hace más felices.

Cuando uno está con alguien con quien se comparte esa intimidad y un gran afecto (osea, no el one night stand), ayuda a aumentar la autoestima, previene enfermedades cardiovasculares, es un excelente ejercicio, alivia dolores, tranquiliza, hasta uno duerme mejor y de todo.

… y dejémonos de varas: no hay nada más rico que el entrepierne al final…

Pero, como todo en la vida, nada es simplemente maravilloso.  Hay algunos puntos negros en la sábana blanca, pero son dos los que me podrían quitar el sueño:

  1. El coito es para poblar este planeta, científica y religiosamente hablando.  Si no se está preparado para mantener a los pequeños, ¿pa’ qué jugarse el chance?.
  2. Las enfermedades de transmisión sexual son muchas, terribles y matan.  El tener relaciones con un tipo muy bueno sin usar protección, es como ponerse frente a la aplanadora y esperar que lo aplaste a uno…

A como me dijo alguna vez una amiga:

“Marthica, vos no me estas preguntando pero, para serte sincera, yo me cuido doble… y eso no significa que me tomo doble pastilla”

Por eso, damas y caballeros, quiero terminar diciendo que no se les olvide ponerle el gorrito al pajarito antes de que entre a la jaulita (o algo así escuché esta semana)

¡ESTE POST NO LO ESCRIBI YO!

Un amiguito se ofreció a escribir sobre la voraz pregunta más escuchada por esta, su servidora. 

La verdad, no me pude meter en tema más complejo. Hablar de fútbol, religión, política y ahora del funcionamiento de las relaciones entre parejas siempre generará dificultades.

Más, cuando el ofrecimiento es escribir respondiendo a una pregunta que viene plasmada en el entre líneas del blog desde sus inicios: ¿por qué Martha no tiene novio?

Pudo ser hace unos diez años, cuando una tarde posterior a un examen, apareció una nueva compañera, “ñoña” (apropiándome de su propio vocabulario) y de pocos tapujos. Abiertamente dijo en mesa de pirañas que detestaba que le dijeran Irex y recordó cómo había chocado con un poste, tropezado en las aceras infinidad de veces, entre muchos más de una serie de infortunios de forma regular.

Conforme vino la confianza y se integró al grupo (muy a su manera), clasificó como un “mae más” del grupo y cualquier intento de flirteo podía interpretarse como un acto gay.

Luego, de sus historias conocidas sólo prevalece una relacionada con la industria automotriz. Un sujeto, conocido por una marca alemana de automóviles que creo no estoy autorizado a publicar, fue su eterno affaire, llegando incluso a ocultarse infructíferamente tras una puerta.

Partiendo de esa relación como la historia conocida más estable de pareja, ya el tema evidencia sus primeros obstáculos. No merece un tratamiento tradicional.

Sin querer, llegué al Animal Planet y me topé con un documental del reino animal. El propósito era demostrar cómo el macho dominante conseguía a la mejor hembra.

El mejor macho era aquel capaz de llevar la comida, imponerse ante sus rivales y liderar entre la manada. En tanto, la mejor hembra es aquella que tenía privilegios en sus facultades reproductivas.

Volviendo al caso en cuestión, ver ese programa no me ayudó. La nieta de doña Yelba está acostumbrada a sobrevivir por sus medios, y detesta que le den de comer en la boca.

Por otro lado, detesta que le limiten sus capacidades a temas reproductivos y de accesorios relacionados. Por tanto, Animal Planet y sus propuestas resultaron inútiles, aunque sí un tanto divertido por las comparaciones sociales.

El ejercicio me pareció interesante, y seguí buscando artículos científicos. Uno de ellos explicaba que el enamoramiento se debe a las feromonas y que inconscientemente influye el olor de las personas que nos atrae.

Asimismo, la geometría de las facciones y otros detalles que intervienen en ese proceso. Tuve que descartar este sustento, porque esto sólo serviría para explicar las relaciones ocasionales y no el paradigma del por qué la falta de novio.

Ahora, ¿por qué no se queda con esos ligues?

Creo que acá aplica la frase “usted es demasiado para él”.

Acá tuve que abandonar la comodidad del televisor y emplear cervezas para obtener información adicional; o incluso aprovechar la confianza que dan los medios electrónicos para que las personas hablen cosas que en vivo evitan.

Una de ellas tiene 32 años, es independiente y con buen puesto de trabajo, pero no puede tolerar depender de alguien. Llega a las citas en su propio carro, le gusta pagar su cuenta para evitar cualquier compromiso y se adelanta a él cuando el mesero toma la orden.

Igualmente, la ponderación del riesgo varía.

Ya no es lo mismo conocer un carajo y entrarle, porque entran en juego variables como edad, tiempo, si tiene hijos, posición socioeconómica y la verdad es que entra la edad a meter prudencia a las negociaciones. No se quieren casar, pero también se evade un tanto el chingue.

 La culpa es de los vampiros

 

Que no me digan nada, todo esto es problema de los vampiros emo con tendencias depresivas.

En la actualidad, los hombres son más propensos a lo cursi (o culeolada, ustedes escogen). Dedicación de canciones de amor melosas, escenas de celos, llamadas asfixiantes, post vergonzosos en facebook y otros recursos antes atribuibles a las féminas.

Ahora la conversación normal en un bar es escucharla a ella decir que dejó al novio en la casa; y acá me recordaba del Animal Planet y lo confuso del asunto.

Cualquier semejanza con Twilight y esos vampiros que ganan rating en los canales por cable es un reflejo de estas cosas que ya dejaron de ser coincidencia.

Ya buscando una explicación más lógica; durante las dos últimas generaciones las mujeres han sido las jefas de casa, sacado a los hijos solas en muchos casos e inclusive liderando su propio negocio. Y si las hijas lo vieron –como es el caso de Martha-, ¡qué difícil explicarles que necesitan un hombre!

Bueno, realmente no lo necesitan.

Y creo que esa es la respuesta, realmente no lo necesitan como un tema de dependencia, y el hombre está experimentando una crisis social de su rol en una relación. Debe ganar más que ella, pero ya el viejo criterio de la dominación quedó anticuado.

A veces, esas presiones resultan demasiado y pueden echarlo a perder. Que queda, hay que evolucionar sin hacer mucho melodrama… Darwin lo dijo hace muchos años.

Creo que por eso todos los libros de autoayuda como “Los hombres las prefieren tontas” y otro cuyo título estaba relacionado con los planetas no son más que la necesidad de entender por qué la sociedad está disfuncional.

Las mujeres saben ya de su poder, el valor de la individualidad y las posibilidades de realización. No en vano los 30 años dejaron de ser un límite para convertirse en una segunda juventud, más madura y menos propensa a los errores.

Creo que han llegado a apropiarse cada vez más de su tiempo, de sus deseos, del destino (que va más allá del casarse o no) y dejar de ser las víctimas para dar paso a una nueva época de “machos” mártires confundidos, que si bien no son todos, sí se doblan ante una mujer que tenga brillo propio.

¡Y que alguien se preocupe por dar charlas de autoayuda a la generación de vampiros desorientados y con problemas de identidad!

Una de las cosas que no he logrado comprender es el deseo humano por seguir sumergido en el tanque séptico.  Esas personas que les fascina darse un chapuzón en el mierdero, tiempo después de haber terminado una relación que no funcionaba desde un inicio.

Mi pareja no me complace si la engaño con otra persona y para darme cuenta de eso no creo que se necesite el lente magnificador de Sherlok Holmes. 

Tengo problemas de autoestima si necesito que me adulen y demuestren afecto constantemente: hasta Sigmund Freud lo supo décadas atrás!

La Virgen Maria no se me tiene que aparecer para ver la luz al final del túnel: no me están dando mi lugar si mi novio no me quiere presentar como su novia ante sus amigos y compañeros.

 Entonces, ¿para que carajos voy a seguir ahí?  ¿Por que no apreciarme a mí misma, mi soledad y empezar a conocer a la nueva yo que surgió de tanto tormento?

Personalmente, intento ser tajante en estos temas.

El único “novio” que he tenido me hizo llorar como una Magdalena a lo largo de los tres meses relación.  Cuando terminó conmigo, me tomó días para quitar la catarata del tercer ojo y distinguir cada uno de los errores que cometí al aceptar o justificar la serie de sandeces que hizo. 

¿Cómo iba a ser posible que para San Valentín no hiciéramos nada, pero si invitó a su “mejor amiga” a comer sushi?  Una vez, delante de mis amigos, apostó que iba a terminar conmigo si lo que él decía era mentira y yo me reí.  ¿Cómo fui tan ingenuamente estúpida?

Cuando terminamos, TODO terminó: no puedo esperar que sus amigos sigan siendo los míos.  El no puede esperar que mi familia lo reciba con los brazos abiertos después de saber el daño que me hizo. 

Porque, abriendo el corazón a la verdad, no me tiene que interesar si salió o si sale o si va a salir con alguien.  Acosar a sus amigos o familiares para tener noticias de él es humillarme, degradarme, perder mi dignidad y estropear la imagen que había creado ante todos.

De todo, lo que me asombra es esa esperanza al perdón universal y al Alzheimer selectivo después de traicionar a la persona que “aman”.  Yo me pregunto, ¿ustedes les habrían perdonado y empezado desde cero?  ¿Hubieran vuelto a depositar la confianza ingenua sin más ni más?

Apuesto que están diciendo que si en nombre del amor… pero no, muy en el fondo de sus corazones saben que eso no es amor y no lo harían. 

En serio, ¿creen que es tan fácil como mandar dos docenas de hierberas o una pizza grande?  ¿De verdad piensa que para uno es importante ayudarle a hacer cierre, evocando los poquísimos momentos de felicidad?  Pues no.  Para eso, les puedo recomendar el numero de la psicologa que me ayuda a superar traumas de infancia. 

Seamos realistas: somos humanos y para lograr ese tipo de perdón lleva mucho tiempo de yoga, meditación, asilo, conversión, haber hecho grandes obras en Calcuta y ser un sudafricano de apellido Mandela.

No es tan fácil.  Las palabras sinceras de cariño hacia el hombre que tuvo el descaro de mentirme… no, no, no… ni lo puedo concebir.  Y que lo vuelva a hacer, excusándose justamente en esa indiferencia, es una muestra de inmadurez irreverente.

Mi consejo

  1. Si a usted todo el mundo le hace comentarios con palabras como agresión, violencia, codependencia, enfermedad y sus respectivos sinónimos, raíces y familiares…  Haga un alto frente al espejo, desnúdese ante su imagen y encuentre quien es usted: sus gustos, disgustos, características que la hacen única.  Cuando los encuentre, envuélvalos con la aceptación y deguste el calor que el amor propio genera.
  2. Si usted mintió, engañó, traicionó, maltrató, golpeó, humilló o denigró a su pareja, y está esperando el perdón divino, créalo que ya lo recibió: Dios siempre perdona nuestros pecados.  Por el contrario, no espere volver a tener una relación extraordinaria que solo está en su mente.  Pregúntese si quiere volver a ese martirio por el miedo a la separación.  Sane su corazón y revise ese saco lleno de aprendizajes cuando empiece una relación nueva.
  3.  Para ambos: comiencen a abrazar la tersa soledad que nos acompaña en este camino rocoso que llamamos vida.  Una vez que la acepten, verán que es mucho más fácil encontrarse a sí mismo, quererse … y hasta entonces, podrán querer a otra persona.

NOTA!: Si algo me ha demostrado este blog, es que la gente solo lee lo que quiere leer e interpreta solo lo que su contexto personal le permite interpretar.  La serie de comentarios a raíz de este artículo han sido tan variados y algunos tan absurdos, que me he tomado la libertad de hacer un análisis interpretativo del mensaje.

 

Al utilizar palabras como “no entiendo”, “estoy confundida”, estoy cansada de…”, es porque realmente no entiendo, estoy confundida y cansada.  No estoy tratando de utilizar el lenguaje retorico.  La verdad, estoy cansada de mi imposibilidad, como mujer, de no poder llegar a decirle a un hombre: “Me gustas, ¿te gusto? Y ahora, ¿qué?”

Esta inhabilidad no es porque a mí me cueste la tabla del cero, si no que son casi tres décadas de vivir en un patriarcado machista.

La complejidad de esto se basa en experiencias anteriores.  Me refiero a situaciones en las que el individuo me  puso en su glosario, bajo las palabras que empiezan con en la letra “P” e intentó el juego de la seducción para los domingos de lluvia sin cable. 

Al decir “…que vivan lo suficiente para que después le den paso a lo que sea que siga…”, creo que alguno de los dos deberían de tomar el primer paso para lo que sea que vaya a suceder: pedir el número de teléfono, invitarlo a salir, hacer la tan temida pregunta… lo que sea.

Ambos géneros deberíamos de poder gozar de dicha libertad y desarrollar ese derecho sin ser juzgados.

Sobre las dos tendencias, me gustaría aclarar lo siguiente: las mujeres debemos arreglarnos, ponernos bellas y salir de cacería.  Estoy categóricamente en contra de la Teoría Princesitas: sentarse a esperar que aparezca el príncipe azul.

Pero también sé que hay hombres que les gusta ser conquistadores.  Que alguien me diga, ¿cómo carajos me doy cuenta que al tipo le gusta ser el gato o el ratón?  Porque si le llego y le gusta ser seductor, pues puede perder el interés.  Por el contrario, si le gusta ser seducido y no le llego… seguimos en el mismo círculo vicioso.

Si yo no quiero terminar ni como la respetada doña Florinda, la loquita de Penélope, la abnegada Fermina o la tan interesada Holly … no quiere decir que yo no vaya a hacer nada al respecto. 

Lo que quiero decir es que yo no voy a esperar a ningún pendejo, que se ponga las pilas, que se decida que yo soy lo suficientemente cuerda como para intentar un algo (llamelo amigos, amigovios, novios, andantes, etc).

Carajo!

Lo que quiero decir es que, aunque he tomado al toro por los cuernos, lamentablemente me he topado con tantos Johnny Bravo, que no me queda de otra que ser cauta.

Con todo y todo, NINGUNO de mis comentaristas, me ha contestado las preguntas del final.  Por el contrario, han despotricado con todos sus traumas de infancia.  La mayoría de los hombres quieren más acción por parte de las mujeres y las mujeres quieren justamente eso, pero tienen el miedo de toparse con un Pepe Le Pew que quiera un típico “coge y jale”

Mi intención con el blog? Dejar en claro que no me voy a sentar a esperar.  Voy a actuar y voy a dejar que me rompan mi pequeño corazón, que me rechacen.  Voy a besar a cuanto sapo, culebra y escarabajo me pase en frente… Hasta encontrar el pobre alma en pena a quien yo pueda llamar a cualquier hora para ir a comer un helado.

Pero también quería dejar en claro que no es tan fácil con ustedes, mis muy estimados lectores del género macho masculino.  Por el contrario, a ustedes también se les corre las tejas de vez en cuando… y por favor, admítanlo que ustedes están igual de locos que nosotras.

Oficialmente confieso: no entiendo este jueguito.

Pero no de cualquier juego.  No.  Estoy confundida con el juego que hay entre hombres y mujeres para conquistarse mutuamente.

La verdad estoy cansada de las indirectas, de los mensajes subliminales, de las malas interpretaciones, de San Antonio de cabeza, de la timidez, del “no, es que solo somos amigos”, del “ay, es que tengo novia, ¿no te había dicho?”, del cuarto con la bola de cristal, de las horas pensando si me estaré viendo cosas o si serán ciertas, de la velita en la Iglesia de Sta. Rita de Casia.

¿Qué será que las mujeres y los hombres no nos simplificamos un poco la vida?

No quiero que piensen que soy la “Grinch” de la seducción y el coqueteo.  Por el contrario, lo apoyo 100%.  Dejémonos de varas: es divertido estar en esas. 

¡Vivan las miradas furtivas!

¡Vivan las indirectas!

Pero que vivan lo suficiente para que después le den paso a lo que sea que siga… no tres meses para pedir tu número de teléfono… eso si lo logra hacer… porque los “hombres buenos” han pasado por cada “loca,” que necesitan conocer hasta la maestra del Kinder para ver que tan “cuerda” estas.

A todo esto, hay que sumarle las dos tendencias: la que dice que las mujeres solo nos sentamos a esperar y la que dice que las mujeres debemos cazar.

La chancha tuerce el rabo porque si te quedas esperando, toda tu familia te empieza a presionar y hasta dudan de tu identidad sexual.  Pero si le decís a alguien que vayan a X lugar, pues el individuo está seguro que puede intentar cualquier cosa, que fijo vas a acceder.

No, no, no.

Yo no quiero ser doña Florinda, que paso toda su vida enamorada de un hombre que no concretaba.  Tampoco Penélope, que pasó toda la vida esperando que un fulano se decidiera a regresar por ella. Menos Fermina Daza, quien se termino casando con quien no quería y pasó toda la vida esperando que muriera para quedarse con el que le gustaba desde un principio.  Y definitivamente nunca como Holly Golightly quien buscaba a los hombres mas adinerados y estudiaba con el fin de  tener tema de conversacion.

¿Qué tal si todos nos simplificamos la existencia? ¿Qué pasaría si yo me acerco y le pregunto si le gusto? ¿Qué haría si yo le dijera de frente: me gustas? ¿Me dirá que solo me quiere como amiga?  ¿Y si es así, como reaccionaré después de haber esperado tanto tiempo?

Lo que creo que mas me desespera de todo esto, es que si supiera lo simple que soy para estas cosas…


Recibe un correo con el último post... bajo su propio riesgo de perder la cordura al leer tantas tonteras en un solo lugar!!!
... ¿quién dijo miedo?...

Categorías

Historico de las historietas

¡Protegido por derechos de Autor!

Escuchen bien, niñas y niños de la creación:
He pasado por muchas marthadas y momentos de angustia sudor y lágrimas, como para que alguien más lo tome prestado y sin permiso.
Robar es malo, malo, malo.
¡Los que roban se van al infierno, con el resto de sus amigos!

Actualizaciones de Twitter

A %d blogueros les gusta esto: