Desabrochando a Martha

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Para este sábado, me dije que iba a seguir el comentario que mi querida Amelie dejó en el blog que inició mi conquista por la lírica y me puse a buscar sobre Benedetti.

Empecemos con que yo creo que los papás nunca se pusieron de acuerdo y le encaramaron todos los nombres de la lista: Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia, quien nació en 1920 y el mundo dejó de sentir su luz el año pasado, el 17 de mayo (o por lo menos así lo dice Wikipedia)

Digamos que lo admiro a más no poder porque hizo todo lo que yo quiero hacer cuando sea grande: escritor de novelas, ensayos, poesía, artículos, teatro, cuentos y hasta tiene discos donde grabó su voz leyendo sus propias obras… ¡en duetos!  En total, logró publicar 80 libros y algunos traducidos en otros idiomas.

O sea, este hombre casi, casi, casi, casi destrona a Gabo en mi vida.

Echándole una ojeada a los títulos de sus novelas, me di cuenta que ya me había leído una de sus grandes obras: Gracias por el fuego.

¡Qué novela! ¡Qué narrativa! ¡Qué estilo! ¡Qué final!

Entonces, viene la parte mágica de mi travesía, porque me di cuenta que, en mi folder de lecturas favoritas que se caracterizan por ser inspiradoras, ¡tengo 5 poemas y 1 lectura de él!

Sí, damas y caballeros.  Yo, Marthica Towers, he vivido en negación al no querer aceptar que me gusta la poesía.

Pero es que, ¿cómo no se va a enamorar uno de Táctica y Estragia?:

 

mi estrategia es

en cambio

más profunda y más

simple

mi estrategia es

que un día cualquiera

no sé cómo ni sé

con qué pretexto

por fin me necesites

 

¿Cómo no caer rendida ante Corazón Coraza?:

 

porque te miro y muero

y peor que muero

si no te miro amor

si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera

pero existes mejor donde te quiero

 

Así es que me puse a buscar otras obras suyas, como quien dice, para confirmar lo que ya sabía (que este hombre fue el romanticismo en carne y hueso) y me topé con un poema que todo mundo busca en google: Te quiero.

Lo que me encantó es que la razón para querer a esa persona, no son mariconaditas como el reflejo de la Luna en su pupila, si no el ser la compañera en la lucha constante de la vida.

Y ni que decir de Si Dios fuera mujer… es más… no voy a opinar para que ustedes me digan lo qué piensan.

Conclusión:  Mario Benedetti me enseñó que soy una amante de la poesía, quien estaba hundida en la negación rotunda.  Que ese pensamiento retrógrado que lo escrito en versos son cursilerías, es una total y completa falacia.  Que para decir que se ama, se puede hacer en rima, siendo real y sin entrar al terrible las rosas son rojas…

Me identifique tanto...

Me identifique tanto...

 

Pasando los dedos por mi pequeña bibliotequita, me topé con una belleza que me regaló mi amiguita La Pianista: Milagro Abierto, de Jorge DeBravo.

¿Qué mejor manera de empezar mi camino travieso hacia la lírica que con poeta costarricense y que, además, fue un regalito del corazón?

Así es que, lo saqué y me senté en una calurosa tarde de verano a disfrutar.

Él fue una de esas mentes esplendorosas que se esconden en lo recóndito de los pueblitos más alejados, pues creció en Guayabo de Turrialba de Cartago de Costa Rica.  Amén.

A los 15 años se graduó de la escuela y se tuvo que salir del colegio para trabajar en la Caja.  Se casó a los 21 años, tuvo dos hijos; a los 27 terminó el colegio y se puso a estudiar periodismo; falleció en 1967 a los 29 años en un accidente de moto.

Para empezar, una de las cosas fascinantes que encontré en él fue el realismo con que miraba su arte: “No me gustan los poetas ininteligibles.  Se los medita durante horas y no se los entiende.”  Cuando lees sus versos te das cuenta que, su objetivo al escribir, no era lucir su habilidad, si no que enviar el mensaje claro, no enredarnos entre muchas metáforas y símiles.

Jorgito encontró en la poesía una forma de luchar contra la desigualdad, una manera de tirarle piedras a los que provocaban injusticias, como en los versos de Consejos para Cristo al comenzar el año:

Yo – el menos – ya estoy bien cansado

de oír que llaman héroe al que mata

cien hombres defendiendo a un tirano

que se mama los pechos de la patria.

 —

 Podrías darles lecciones a los curas,

recordarles lo que es el cristianismo,

cambiarles el cerebro a algunos tipos:

A los políticos y a algunos dictadores

presumidos.

O como en Hombre, donde se nota su desesperación por hacer valer su condición de humano y exige igualdad:

Soy hombre, es decir,

animal con palabras.

Y exijo, por lo tanto,

que me dejen usarlas.

 Pero dejémonos de varas, porque cualquier poeta (hombre o mujer) termina escribiéndole al motor de todas las cosas: el amouuuurrrrggghhh!

En Nocturno íntimo, describe como el verdadero amor se vive en la realidad de la Tierra y no en las fantasías imaginarias:

Te amo simplemente, sin fatigas,

sin grandes miedos, por lo que tú eres.

No por los sueños que fabrico a solas,

sino por lo que das y lo que tienes.

Del que me enamoré y me parece uno de los poemas más románticos que esta tierra ha podido engendrar, el segundo soneto de Dos sonetos de amor humano:

Desde este día, Amada, estoy dispuesto

a serte mesa, lecho o almohada.

A ajustarme según tu presupuesto

y a callarme si te hayas enojada.

Si vas de compras serviré de cesto.

De almohadón si te encuentras fatigada.

Compondré lo que tengas descompuesto

la radio, el corazón o la mirada.

Te vestiré si quedas desvestida.

Te nutriré si quedas desangrada

en cualquier rinconzuelo de la vida.

Seré el esclavo de tu amor en cada

ocasión que me des lo que te pida

y quieras ser también esclavizada…

Conclusión:

Jorge DeBravo me enseñó que la poesía es libre de expresar cualquier preocupación que aqueje la mente atormentada del poeta.  No se limita al amor ni a la cursilería.  Es una herramienta de color que se usa para que el mundo escuche la verdad.

Y si de amor se trata, no tiene porqué rayar en lo ridículo, sino más bien en la belleza que rodea al amor: la simplicidad de la cotidianidad.

Sí, lo admito: soy una nerd que le encanta leer.  Pero es que mi amor por la literatura se ha limitado a la prosa por decisión, más que por gusto.

Todo comenzó en el colegio cuando nos tocaba leer poesía para definir métricas y ritmos, sílabas y acentos, versos de 8 o 12 o  1 000 sílabas, que si había un símil o una hipérbaton, que si correspondía al romanticismo, al nacionalismo, latinoamericana o si ya era amada por el universo entero.

Nunca me enseñaron a amarla.  Nunca me sentaron para que la leyera y apreciara la astucia y el valor de poder abrir la verdad oculta en lo más profundo del corazón, para demostrar el humano desvalido por sus sentimientos.

Para rematar, los autores de las grandes poesías son hombres que se traen abajo toda idea preconcebida de lo que un macho que se respeta debería ser.

Me limité a verlo como algo cursi y ridículo que una mujer con tendencias feminista y comunista, no podía darse el lujo de valorar como un modo de vida (o por lo menos así lo consideraba en el colegio) Simplemente, no le di oportunidad y decidí que nunca me iba a gustar.

Hasta que llegó Pablo Neruda y su Poema XV.  Lo pongo así: en mis fantasías imaginarias de adolescente, el hombre de mi vida me lo leía el día que declaraba su amor.

Otro que me mata, me deshace, me derrite en un charco de romanticismo puro es E.E Cummings:

Llevo tu corazón conmigo, lo llevo en mi corazón,

nunca estoy sin él.

A cualquier parte que voy, vas tú.

 Así es que, esta noche (que van a ser de todos los sábados durante este mes) voy a leer un hermoso poema de un autor diferente cada vez, y darles una oportunidad porque de poetas y locos, todos tenemos un poco…

… y luego les cuento que tal me fue… si me quieren recomendar alguno, pues no duden en contarme…

Y lo vuelvo a repetir: los feos están de moda.

Hace días vengo evaluando a los actuales novios o maridos de amigas, conocidas, amistades y demás… y tengo que admitir que estoy sorprendida de ver a señoritas extraordinariamente hermosas con caballeros extraordinariamente normales (sin ánimos de ofender a ninguno)

Es más, uno escucha a la gente: “¿Viste al novio de Carlita? Ay, pero es que ella esta muy bonita como para él.” O también: “Ay tan bonita esa muchacha como para ese hombre…”

Bien lo dice doña Yelba, mi señora abuela: la suerte de la fea, la bonita se lo desea… también dice que a coyol partido, coyol comido, pero ese no viene al caso.

Mi punto: la imagen de aquel hombre con belleza angelical, casi que recién bajado del Olimpo, para ser admirado por nosotras las simples mortales, ha sido derrocado por la revolución autentica de los hombres comunes y corrientes.

Estos hombres con pancillas birreras y papadas que solo ellos ven, bellos ojos de renacuajito, torpezas dignas de un nerd, con particularidades salidas de Monk… han desarrollado un sinfín de cualidades en lo profundo de su  ser que han embelesado a mis tan queridas compañeras de género: son caballerosos, inteligentes, simpáticos, humildes, las hacen reír y, sobre todo, inventarían cualquier cosa en esta y la próxima vida, con tal de verlas felices.

Entonces, la teoría de mi amigo Anelka no esta tan lejos de la realidad: los menos atractivos son mejores porque, al verse afectados por la competencia atractiva del entorno, tienen que desarrollar mayores y mejores cualidades para llamar la atención del sexo opuesto (aunque no creo que en aquel momento lo haya dicho exactamente así.)

Ahora bien, no es solo el desarrollo de personalidades excepcionales, sino que también la vida dura y cruel de las mujeres solteras en esta sociedad, nos ha obligado a madurar a punta de trompadas, para darnos cuenta que esos ojos verdes empotrados en una tez morena es simplemente un cascarón y que Dios nos libre de todo mal si empieza a escupir palabras sin sentido y ¡qué tristeza!

Así es que, tal vez, no es tanto lo feo o lo bello, si no que lo real.  Lo vemos en anuncios publicitarios como los de Dove, donde salen estas bellas mujeres curvilineas, o como los de Axe donde el hombre (no las chicas, obviamente) es un tipo cualquiera, con pelo en pecho, pancita y bronceado tipo leche.

Hemos llegado a un punto, como sociedad, en el que ya no se esta en aquel hervidero en la búsqueda de la perfección, la belleza, lo único, cuando hablamos de imagen y de pareja.  Más bien, buscamos lo sincero, lo normal, lo común, para no sentirnos únicos, si no acompañados.

Sin dejar de lado el que nos tratan como reinas.

Así es que, hombres bellos que endulzan la retina, cuiden sus espaldas, miren por encima del hombro: el hombre feo viene atacando fuerte, valiente y parece que va ganando.

A mí me ha tocado besar no solo sapos, sino que también cucarachas, gusanos y a más de un renacuajo.

El problema con estos insectos es su audacia, en su closet lleno de disfraces de todos los colores de príncipes, en su perspicaz sentido del momento: te prestan su hombro cuando quieres llorar, te dan un consejo cuando tienes un dilema existencial y te endulzan el oído con esas palabras que mueres por escuchar.

Lo bueno de estos bichos raros, es que me abrieron los ojos a lo que NO ando buscando en el hombre, macho, masculino, del sexo opuesto al mío, que deseo se convierta en mi pareja.

1.  Fuera los mitómanos.  Mi primer “amigovio” mentía tanto, que mi mamá le puso Heidi porque solo cuentos.  Mi favorito fue cuando dijo que había ido a Toledo el fin de semana y había traído una cajita de madera para cumpleaños de mi mamá.  Para no hacer el cuento muy largo, la cajita era de plástico, hecha en China y la había comprado en el Amigo Invisible.  Pero la caja si era para mi mamá.

2. ¿Ya tiene compromiso? ¡NEXT!  Mi amigo Henry dice que todavía no entiende que le vi al pobre tipo, pero me cautivó desde el primer día que lo vi con su pañuelo pirata amarrado en su cabeza, los pelos en pecho y esa actitud de “yo sé  más que wikipedia, OK nena?”  Después de cuatro meses de traerme como boba en su mano, me contó que vivía con su novia e hija.  Solo un detallito, nada más.

3. Por eso es que el Polo Sur está en el Sur y no a la par del Polo Norte.  Solo puedo decir que nos gustaba el mismo tipo de música.  Pero fuera de eso, no hay seres más diferentes en el Universo: mientras a él soñaba con ver ganar al Madrid, yo quería ir al ballet; mientras yo me moría por ir a bailar a Castros, él solo pensaba en ir a ver una película e irse a dormir.  Yo tomaba, fumaba y bailaba apretado… él lo odiaba tanto que una vez no me besó porque olía a cigarro y sabía a cerveza.  Ahora bien, yo voy a favor en que tengamos gustos diferentes, pero el punto es que somos tan diferentes que ya no teníamos temas de conversación.

4. ¡Igualdad ante todo!  Me acuerdo de un amigo, con el que no hubo más que unos besillos en una noche de verano, que  decía algo que me sacaba de quicio.  El  tenía la fé plena que si algún día se casaba, él era lo suficientemente macho como para mantener a su mujer, a su hembra.  Para él, la superación personal de ella se reducía en atender su hogar y  parir hijos.  Eso de la superación  profesional era casi un mito urbano.

5. Yo no  vengo a cambiar a nadie.  Había un  noble caballero que pretendía mis intenciones.   Pero solo el hecho de pensar que yo le hubiera cambiado el tono de voz,  la dentadura, los zapatos, sus ideologías políticas, su punto de vista tan  capitalista, esa manera como comía (que sonaba tanto) y esa xenofobia contra  nosotros, los nicas… ¡ah puta!… mejor no, ¿verdad?

6. Sí, soy mujer, soy de carne y sí, espero que me cumpla.  Yo no digo que el sexo sea el centro de una  relación, pero sí soy fiel creyente que es una parte fundamental en las  relaciones de pareja.  Penosamente me  acuerdo de un caballero que después de más de cuatro meses de relación, no hacía por donde terminar el trato.  Dejémoslo  en que la relación no perduró.

7. Ay, ¡tan bonito cuando a uno lo invitan!  Señoras y señores, lo admito en este medio público. A mí me pasó una vez:  el maje me venía ligando y por fin me invita a ir al teatro.  Compró las  entradas, fue por mí a mi casa, luego de la obra  fuimos a comer y hasta besito  de buenas noches.  Al día siguiente tenía  un mensaje de texto con su número de cuenta para que le depositara la mitad de lo que había pagado.  Por cierto, ese mismo día perdí mi celular.

8. Lúceme  orgullosamente, cual joya de la corona.  Una vez estaba haciendo fila en el cine, abrazada con el personaje.  Cuando en eso escuchamos la voz de un amigo  en común y su novia.  El pendejo se  convirtió en sapo y pegó un brinco lo suficientemente largo como para que pareciera  que no andaba conmigo.  Mas no fue  suficiente para mí, sino que fue cuando la jefa le preguntó si tenía novia y el  dijo que no… Dos meses después de haberme pedido que fuéramos novios.

9. Bueno,  ¿sos o no sos? Había un gringo al que mi mamá había apostado: psicólogo, le  gusta leer, el cine viejo, viajar, excelente gusto al vestir, le encantaban mis  zapatos, buen bailarín, súper romántico y besaba riquísimo.  Eso que uno está joven y tiene ciertas  tendencias psicóticas y digamos que lo googlie… así, como quien no quiere la  cosa… Y que van saliendo solo perfiles en networks gay… Por distancia más que por otra cosa, la relación no funcionó.  A los años, me llama mi mamá para contarme que el susodicho había hasta  quemado el closet y ni volvió a ver las cenizas.  Para rematar, le dijo que si él hubiera sido  heterosexual, no habría otra mujer con la que preferiría estar que conmigo…
Yo no supe que pensar después de eso…

10. No  soy una princesa y merezco ser tratada como reina.  Tal vez no necesito un sombrerero o que me  pongan pancitas de cerdos para calentar mis pies.  Lo que si me merezco es que me trate con respeto y dignidad, que me de mi lugar.  Que me haga sentir la seguridad de que están conmigo porque prefieren soportar mis locuras, que estar sin ellas.

Lo curioso es que, esto último, lo aprendí con  un verdadero amiguito, quien también me enseñó que el permitir los puntos del 1  al 9 depende de mí, no en mi plaga personal de sapos.  Al final de cuentas, ¿quién permite que todo esto pase?

… ahí se lo dejo, pa´que medite…

NOTA!: Si algo me ha demostrado este blog, es que la gente solo lee lo que quiere leer e interpreta solo lo que su contexto personal le permite interpretar.  La serie de comentarios a raíz de este artículo han sido tan variados y algunos tan absurdos, que me he tomado la libertad de hacer un análisis interpretativo del mensaje.

 

Al utilizar palabras como “no entiendo”, “estoy confundida”, estoy cansada de…”, es porque realmente no entiendo, estoy confundida y cansada.  No estoy tratando de utilizar el lenguaje retorico.  La verdad, estoy cansada de mi imposibilidad, como mujer, de no poder llegar a decirle a un hombre: “Me gustas, ¿te gusto? Y ahora, ¿qué?”

Esta inhabilidad no es porque a mí me cueste la tabla del cero, si no que son casi tres décadas de vivir en un patriarcado machista.

La complejidad de esto se basa en experiencias anteriores.  Me refiero a situaciones en las que el individuo me  puso en su glosario, bajo las palabras que empiezan con en la letra “P” e intentó el juego de la seducción para los domingos de lluvia sin cable. 

Al decir “…que vivan lo suficiente para que después le den paso a lo que sea que siga…”, creo que alguno de los dos deberían de tomar el primer paso para lo que sea que vaya a suceder: pedir el número de teléfono, invitarlo a salir, hacer la tan temida pregunta… lo que sea.

Ambos géneros deberíamos de poder gozar de dicha libertad y desarrollar ese derecho sin ser juzgados.

Sobre las dos tendencias, me gustaría aclarar lo siguiente: las mujeres debemos arreglarnos, ponernos bellas y salir de cacería.  Estoy categóricamente en contra de la Teoría Princesitas: sentarse a esperar que aparezca el príncipe azul.

Pero también sé que hay hombres que les gusta ser conquistadores.  Que alguien me diga, ¿cómo carajos me doy cuenta que al tipo le gusta ser el gato o el ratón?  Porque si le llego y le gusta ser seductor, pues puede perder el interés.  Por el contrario, si le gusta ser seducido y no le llego… seguimos en el mismo círculo vicioso.

Si yo no quiero terminar ni como la respetada doña Florinda, la loquita de Penélope, la abnegada Fermina o la tan interesada Holly … no quiere decir que yo no vaya a hacer nada al respecto. 

Lo que quiero decir es que yo no voy a esperar a ningún pendejo, que se ponga las pilas, que se decida que yo soy lo suficientemente cuerda como para intentar un algo (llamelo amigos, amigovios, novios, andantes, etc).

Carajo!

Lo que quiero decir es que, aunque he tomado al toro por los cuernos, lamentablemente me he topado con tantos Johnny Bravo, que no me queda de otra que ser cauta.

Con todo y todo, NINGUNO de mis comentaristas, me ha contestado las preguntas del final.  Por el contrario, han despotricado con todos sus traumas de infancia.  La mayoría de los hombres quieren más acción por parte de las mujeres y las mujeres quieren justamente eso, pero tienen el miedo de toparse con un Pepe Le Pew que quiera un típico “coge y jale”

Mi intención con el blog? Dejar en claro que no me voy a sentar a esperar.  Voy a actuar y voy a dejar que me rompan mi pequeño corazón, que me rechacen.  Voy a besar a cuanto sapo, culebra y escarabajo me pase en frente… Hasta encontrar el pobre alma en pena a quien yo pueda llamar a cualquier hora para ir a comer un helado.

Pero también quería dejar en claro que no es tan fácil con ustedes, mis muy estimados lectores del género macho masculino.  Por el contrario, a ustedes también se les corre las tejas de vez en cuando… y por favor, admítanlo que ustedes están igual de locos que nosotras.

Oficialmente confieso: no entiendo este jueguito.

Pero no de cualquier juego.  No.  Estoy confundida con el juego que hay entre hombres y mujeres para conquistarse mutuamente.

La verdad estoy cansada de las indirectas, de los mensajes subliminales, de las malas interpretaciones, de San Antonio de cabeza, de la timidez, del “no, es que solo somos amigos”, del “ay, es que tengo novia, ¿no te había dicho?”, del cuarto con la bola de cristal, de las horas pensando si me estaré viendo cosas o si serán ciertas, de la velita en la Iglesia de Sta. Rita de Casia.

¿Qué será que las mujeres y los hombres no nos simplificamos un poco la vida?

No quiero que piensen que soy la “Grinch” de la seducción y el coqueteo.  Por el contrario, lo apoyo 100%.  Dejémonos de varas: es divertido estar en esas. 

¡Vivan las miradas furtivas!

¡Vivan las indirectas!

Pero que vivan lo suficiente para que después le den paso a lo que sea que siga… no tres meses para pedir tu número de teléfono… eso si lo logra hacer… porque los “hombres buenos” han pasado por cada “loca,” que necesitan conocer hasta la maestra del Kinder para ver que tan “cuerda” estas.

A todo esto, hay que sumarle las dos tendencias: la que dice que las mujeres solo nos sentamos a esperar y la que dice que las mujeres debemos cazar.

La chancha tuerce el rabo porque si te quedas esperando, toda tu familia te empieza a presionar y hasta dudan de tu identidad sexual.  Pero si le decís a alguien que vayan a X lugar, pues el individuo está seguro que puede intentar cualquier cosa, que fijo vas a acceder.

No, no, no.

Yo no quiero ser doña Florinda, que paso toda su vida enamorada de un hombre que no concretaba.  Tampoco Penélope, que pasó toda la vida esperando que un fulano se decidiera a regresar por ella. Menos Fermina Daza, quien se termino casando con quien no quería y pasó toda la vida esperando que muriera para quedarse con el que le gustaba desde un principio.  Y definitivamente nunca como Holly Golightly quien buscaba a los hombres mas adinerados y estudiaba con el fin de  tener tema de conversacion.

¿Qué tal si todos nos simplificamos la existencia? ¿Qué pasaría si yo me acerco y le pregunto si le gusto? ¿Qué haría si yo le dijera de frente: me gustas? ¿Me dirá que solo me quiere como amiga?  ¿Y si es así, como reaccionaré después de haber esperado tanto tiempo?

Lo que creo que mas me desespera de todo esto, es que si supiera lo simple que soy para estas cosas…


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