Desabrochando a Martha

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La verdad es que es muy difícil aceptarlo tan públicamente como en un blog.  Yo siempre lo he sabido, desde pequeña en realidad.  Es más, creo que mis papás y mis hermanos siempre lo sospecharon, pero no era un tema que se hablara abiertamente… es decir, mi conversación sobre sexualidad con doña Martha se dio a mis 18 años, en la romería antes de irme de intercambio, cuando ella me señaló una valla de condones Durex y me dijo: “bueno… ya sabe…

Así es que esto de hablar de cuál era mi preferencia sexual, no era algo que se diera.  En fin, lo cierto es que a mí siempre, desde pequeña, me han gustado los hombres.  Es más, a los 5 años le pedí a Leonarndo García que fuera mi novio, pero me dijo que no porque era novio de Stephanie.  Eso no impidió que en todas las fotos de anuario yo saliera viéndolo, con ojos de vaca ahorcada.

Ufff… la verdad es que es un alivio admitir mi heterosexualidad y que todo el mundo lo sepa de una vez por todas: me gustan los hombres,  me encantan los hombres.

…así es queeeeee… ¿qué hay de comer?…

Suena raro, ¿verdad?

O sea, ¿qué es este tipo de payasada, Martha?  ¿Qué te está pasando por la mente?

Bueno, si les parece una tontera que yo haya admitido que soy heterosexual, ¿por qué es una necesidad que nuestros amigos homosexuales lo admitan públicamente?  ¿Qué es ese deseo casi mórbido de señalar al otro para poder ponerle una etiqueta?  ¿Qué será?  ¿Pensamos que los vamos a rescatar de sus ataduras y le vamos a otorgar la libertad ansiada de ser lo que son?  ¿En serio pensamos que tenemos ese poder?  ¿O será más bien que lo ocupamos para poder hacer/resistir chistes denigrantes, ponerles apelativos despectivos y asegurarnos de no salir medio chingos delante de ellos porque y vaya a ser que les guste todo esta belleza que hizo mi mamá y Dios me dio.?

No me tomen a mal: entiendo que hay una necesidad individual por aceptar el verdadero Yo con todo y ángeles, demonios y bestias. Si es su deseo admitirlo porque ya no puede más, no puede seguir aparentando lo que no es o simplemente le dio la regalada gana… pues hágalo, que aquí todos creemos ser libres.

Mi crítica es hacia todas las personas que exiguen que alguien “lo admita”, es hacia ese egocentrismo, ese narcisismo que sentimos por encasillar a los que nos rodean.  Y lo digo en primera persona plural porque, por mucho tiempo, yo lo sentía así.  Por un lado, porque soy curiosa, por el otro porque en eso se esta convirtiendo esta sociedad.
El día que me di cuenta del error estaba hablando con un ex.  Él cayó en cuenta que amar se siente igual en cualquier cuerpo, se siente rico compartirlo y que qué importa si al vecino le gusta hacerlo con un tipo o una tipa, siempre y cuando no le haga daño a nadie, por supuesto.

¡BOOM! Su cerebro explotó.

Lo cual es cierto: el saber su sexualidad no le da un valor agregado a nuestra relación de amigos, porque lo interesante es que no le quita su habilidad para compartir secretos, frecuentarnos para tomar un café y contarnos nuestras vidas, acompañarnos en los momentos difíciles, celebrar acontecimientos magnánimos y participar de las cosas que le gusta al otro, en la seguridad que brinda el cariño mutuo.

A lo que voy es que dejemos vivir al otro a como nos gustaria que nos dejen vivir…

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Nadie dijo nunca lo contrario, pero es peor cuando esto lleva años… quinquenios… cuando ya son décadas de arrastrar el esqueleto de un fantasma que nació muerto.

Terminar con quien crees estar enamorada es uno de los peores eventos de la vida porque queda un vacío tan grande aquí, en el pecho… una ansiedad… un desatino… un je ne sais quoi

Empieza con la angustia apocalíptica de no poder ponerle otro nombre a la relación porque no se ha engendrado ese chiquito de la cotidianidad, de la intimidad, de los planes a futuro. No se puede pensar en proyectos porque no caben en esta locura. No se puede decir con libertad lo que se siente, lo que se desea porque es más grande el pavor a perder lo poquito que hay.

Pero, desgraciadamente, se siente, se desea.

Caes en cuenta que ya no podes invertir ni un microsegundo más de vida porque estás traicionando lo que siempre has creído: la vida es para ser feliz.

El legítimo: entre la espada y la pared.  Te conformás con los minutos de felicidad que te dan, te agarras a ellos como si fuera el cáliz de vida.  Aunque verdaderamente está lleno de amargo.  Empezás anhelar la vida de los otros y, después de medianoche, le das de comer al gremlin de la envidia: tome, jarte pizza y pastelitos como una perra porque si voy hacer un mounstruo, más vale que sea horrible, bien espantoso, para que corroa con ganas.

Mas llega el día en que si entregás el último gramo de energía que te queda, morís.  Solo queda la opción de enfrentar el duelo del desamor, de la soledad.  Comienza el tedioso proceso de abrazar la tristeza, darte el lujo de sufrir, de bordear los límites con dolor, mucho dolor.

Y entonces, un día…

T – “… no, esa boca… no me gusta cuando ponés esa boca…”

Y – “¿Cual boca? ¿Por qué? ¿Qué hago? ”

T – “Esa boca la conozco… la pones cuando estás pensando…”

Y – “¿Pensando qué?”

Silencio

T – “Que todo esto está mal”

Y – “Es que todo esto está mal”

T – “No me digas eso”

Y – “Pero vos entendés por qué”

T – “Sí”

Y – “¿Por qué?”

T – “No lo voy a decir”

Silencio.

Lo ves a los ojos… ¡Cómo cuesta ver a los ojos!… Llevalo a la mil cuando estás esperando que el tipo diga tenés razón, hagámoslo: escapemos a Timbuktu y seamos felices dándole la vuelta al mundo, como los errantes pájaros marinos… 

Es difícil mantener esa mirada durante el silencio porque mata…. ratatatata…. morís baleada por mil palabras no dichas.

Y – “No puedo más… No quiero más”

Le decís una y dos y tres veces más.  Él lo sabe.  Te abraza, fuerte, duro, no te quiere soltar, no te quiere dejar ir.

T – “Siento que soy tu problema.”

Lo sos.

Algún día vas a dejar de serlo.

¿Qué tal si intentamos que sea hoy?

 

TED: Tecnología, Entretenimiento, Diseño, es una organización sin fines de lucro que busca compartir ideas que rompe paradigmas o fundamentan las teorías con las que ya trabajamos.

Hay unos suuuper graciosos, otros inmensamente interesantes y algunos que solo dan sueño, pero valen la pena escuchar con atención y dejarse iluminar con ideas que valen la pena ser compartidas.

Hoy quiero compartir sobre el arte de la seducción.

Está en inglés, Youtube da la opción para subtítulos en otros idiomas.  Lamentablemente, este no cuenta con subtítulos en español… pero tiene en portugués, por si han practicado su portuñol alguna vez en la vida =D.

Qué lo disfruten! Espero leer sus seductores comentarios!

He tenido esa pregunta dándome vueltas por la cabeza en las últimas semanas, no sólo porque finalmente tengo novio, sino por algunas historietas de amigas muy cercanas.

En principio, todos ustedes saben mi modus pensantis (prefiero mil veces estar sola, que mal acompañada) y soy fiel creyente de abrazar la soledad para quererse uno mismo, antes de empezar una relación romántica con algún individuo.

Partiendo de esto y de que solo me voy a referir al punto de vista femenino, que difícil es tomar una decisión de tener un novio.

Creo que llega esa altura en la vida, en la que uno no puede estar perdiendo el tiempo con cualquier pelapapas que le pase por el frente, medio haciendo una mueca.  Después de los 25 años, una va deslumbrando un futuro… enseriesandose, que llaman.

Se van tomando decisiones fuertes, gracias a ese extraño tic-tac del bendito reloj de la vida (que no se atrasa) y dejémonos de varas: una no está para ir a mallear los miércoles de 2×1, los sábados comer pizza viendo tv en la casa del tipo y los domingos cenar en la casa de una.

La vida avanza y las expectativas cambian.

Así es que, cuando llegan estas amigas con Historias de Ultratumba, casi siempre término con la pregunta incómoda: ¿vos te ves pariéndole un hijo a este tipo?

Y ahí lo digo todo.

Porque vaya a ser que, por andar jugando de mamá y papá en lo oscurito… y que se le cumpla…

En serio, es una pregunta a considerar: ¿será este el tipo con quien quiero compartir la mitad de mis genes?  ¿Será una persona al que le podría confiar un bebe de meses? ¿Será de los que le salen a uno con el “ese güila no es mio”?

Así es que, a mis casi traumáticos críticos hermosos 30 años, he llegado a la conclusión que un novio es para estar bien, porque para estar peor, mejor me quedo sola.

Un ejemplo de cómo se está peor es el tiempo desperdiciado en lágrimas, en relación directa con el tiempo invertido en carcajadas.  Si una pareja te hace llorar más de lo que te hace reír, ya sea a propósito o por la histeria femenina, pues como que no pinta muy bien el romance.

Independientemente de qué tan independiente se sea, la verdad es que una quiere estar con un hombre que sea cariñoso, que la cuide, que la chinee, que la quiera tal cual es, aunque no cague flores.

Alguien estable, no solo económicamente, porque llega a ser más importante que no le patine el coco.

Porque, para andar con un hombre inseguro, que me pase reprochando mi pasado o mi presente, que me utilice para sus deseos carnales, que pase más borracho que sobrio y que tras de todo, yo se las tenga que patrocinar… mejor me mato.

Otro punto fundamental es que él sea una persona digna de admirar: por su talento, su creatividad, su liderazgo, porque es trabajador, porque tiene sueños, metas o aspiraciones, o porque simplemente puede mantener la calma cuando me entra mi histeria bipolar.

Seamos realistas: la capacidad para tomar decisiones equivocadas, como el empezar una nueva carrera universitaria antes de conseguir un trabajo con el título que ya se tiene… pues no es muy brillante que digamos.

Creo que no podría seguir con un tipo que solo tiene una cara bonita y la cabeza hueca, un modelito para andar enseñándolo a mis amigas cuando salgo de fiesta, pero que no tiene visión y que piensa que, por su historia de vida, todos tienen que ayudarlo.

Y no quiero ni entrar en la cuestión de los abusos.  En el momento en que alguno se falte al respeto, física o psicológicamente, la verdad es que todo se va pa’ la damiersh.  ¿La señal de alerta para dejar a un hombre a la primera?  Que dude de mi integridad, que se refiera a mí con sinónimos de prostituta o que haya osado a ponerme un dedo encima, entre otras.

¡Eso no es amor ni aquí, ni en la Conchinchina!

Finalmente, creo que una tiene que estar clara que él no es la felicidad y que él no te va a ser completamente feliz.  ¿Para qué ponerle semejante tarea al pobre, si esa es mi responsabilidad?

Él es algo aún mejor: el complemento ideal.  Como quien dice, las papas fritas a la hamburguesa, la leche condensada al copo, las fresas a la crepa de Nutella, el limón a la Corona: sin eso, igual la vida sabe rica… pero se vuelve deliciosa cuando él está cerca.

De la misma forma en la que amo los niños, los gatos, las motos y las mantarrayas: ajenas.

Las bodas son una verdadera celebración al amor y valentía.  El simple hecho que el novio se juegue el chance de quedarse escuchando la marcha nupcial una y otra y otra y otra vez sin que aparezca la novia, ya eso es tener un par de cojones bien puestos.

O, por el otro lado, el de la novia al levantarse a las 4:30 de la mañana para cumplir con sus obligaciones como tal: el manicure en french; pedicure en rojo; depilación en lugares nunca antes pensados; maquillaje que dure todo el día; peinado; ponerse la ropa interior sexy, pero incómoda; los zapatos de tacón que probablemente hará tirados cuando tenga la primera oportunidad; un vestido que parece disfraz de la época victoriana, mientras se muere de hambre y jugándose el chance que el tipo no aparezca… WoW…

Pero ese momento tan mágico en el que el novio está al pie del altar y ve a su majestuosa novia caminar hacia él, ese microsegundo en el que se deslumbra un incremento ligero en su sonrisa y los ojos de ilusión que lleva ella puestos al caminar junto a sus padres a los brazos de su amado, con la seguridad de que es él y solo él… es el microsegundo más romántico que cualquier ser humano puede ser testigo.

Vivo por ver ese momento.  Sin dejar de lado los famosos posibles errores embarazosos que la marcan como única (viste cuando la hermana de la amiga de la prima de la vecina del frente se cayó por el poco de petálos… jajaja… ay, viste que los del restaurante de la par solo tomarle fotos a la novia… jajaja…)

Personalmente, comparto la misma línea filosófica de doña Martha: las bodas son para ir a comer.  En ciertas bodas (a las que me rehúso identificar), he practicado la abstinencia moderada de alimentos durante el día, con tal de ir a saborearme cuanto plato sirvan en la noche.  Así mismo, doña Martha me ha envestido con su técnica infalible para la recolección de los mismos, cuando es buffet:

“Ay mi’jita, vea: usted primero ubica la mesa del buffet más cercana, busca por donde salen los meseros, que de ahí viene la comida.  Justo cuando vea que sacan pailas, hace como que va al baño y… ay, mirá ya los novios se sirvieron: corré, corré, que ahí va la Camacho y esa dura un montón sirviéndose…

“Los cubiertos en la mano derecha y pones el plato pequeño de la ensalada encima.  Ahora el grande en el antebrazo… si, si… como los meseros. Ay si, lomito… que rico que se ve… ay, si me puede echar salsita sobre el arrocito… si, si, dele… con confianza que soy la tía de la novia.

“Sírvase uno de cada uno de los postres y se lleva el platito en la mano izquierda.”

Creo que aquí vale aclarar que uno de los dichos favoritos de doña Martha es: “coma hoy, que usted no sabe si va a comer mañana y más si es gratis,” el cual, también aplica para muestras en los supermercados.

Es más, mi madre me ha hecho llevar a mi mejor amigo de la U para que la sacara a bailar, compartieran opiniones de licores y le ayudara a llevar los platos del buffette.

“Guanaco, coma, coma.  Aproveche que es gratis y quien sabe cuando vuelve uno a comer algo así de rico.”

Ahora que lo pienso, las bodas son los quinceaños para los treintones.  La misma carajada: un desfile de damas en vestidos ridículos, quienes caminan con  acompañantes, los cuales le abren el paso a la pobre mujercita que anda con un vestido tan incómodo y con tacones tan altos, que camina como con pañal.

Después de la iglesia, sigue la famosa fiesta que comienza con el Tiempo de Vals de Chayanne, para abrir la pista y que todos se pongan a mover el bote.  En algún momento se sirve la comida, se pasa tomando refresquitos toda la noche (algunos más benditos que otros), llegan los mariachis, la comparsa, los payasos en sancos, se parte el pastel y se acabó.

Estoy segura que la pobre chiquita pasó la misma procesión que pasó la novia, teniendo que madrugar para lucir hermosa (menos la depilación, espero yo)  La misma procesión de ir de mesa en mesa, tomándose fotos.  El mismo acto de quitarse los zapatos en medio de la fiesta por el increíble dolor.

La diferencia, es que en el quinceaños uno se va a la casita de los papitos, para que la mamita le ayude a quitarse el moño lleno de colochos y el vestido de princesa.  Después de la boda, se quitan muchas cosas, tal vez no con la misma paciencia… ¿qué sé yo?

En fin, volviendo a las bodas, me encantan las pequeñas tradiciones que se crean como el baile del billete, tirar la liga y tirar el ramo.  De esa última, soy súper fan.  Soy la típica soltera que se burla del grupo de mujeres desesperadas, darse de codazos, correr, gritar, pelearse por un ramo de flores y su significado: el que, tal vez, sean las próximas en casarse.

Todo esto para contarles, mis queridísimos lectores, que el fin de semana pasado me jugaron una jugarreta.

La Mo se casó con el Pa.  Pasé DIAS enteros preparando el brindis:

 “Por la Mo y el Pa, que el camino de su matrimonio sea como el del Chirripó: lleno de aventuras, paisajes hermosos y que aunque tiene subidas muy difíciles y bajadas increíbles, los llena de satisfacción saber que lo hicieron juntos.

“Que todas las fotos de aniversarios sean como aquella en la casa del Pa, donde están abrazados, sonriendo, viendo hacia delante, con San José empujándolos a seguir y las luces iluminándoles el futuro.

“Y que su matrimonio sea como la clase de sushi para la que fueron en un aniversario: un regalo inesperado, que los saca de la rutina y los deja satisfechos… pero siempre con ganas de más.

“Por la Mo y el Pa, que el amor sea siempre el ingrediente secreto.”

Horas de mi presiado sueño, días frente a la computadora tratando de pescar a mi genio, meses de investigación googlelística.  ¿Para qué?

Para que al final, después de agradecer a los invitados, dijera algo como:

“…para las que se están preguntando por el ramo, la verdad es que está muy bonito, a mi me gustó mucho y quiero regalárselo a una personita muy especial y a la que quiero mucho…”

El ramo y yo, una historia de amor, llanto y odio.                        Foto cortesía de Carlos Ávila y Marco Chanto

El ramo y yo, una historia de amor, llanto y odio. Foto cortesía de Carlos Ávila y Marco Chanto

 Y helo ahí, en mi pichel de fresco porque no tengo florero, en la esquina de mi escritorio, acosando cada una de mis letras que digito en mi teclado.

(Espero no ahuyentar a ningún posible pretendiente)

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NOTA: Dedicadísimo a mi amiga Mo y al Pa.  Este es mi tributo a ustedes, a su amor y a su felicidad.  Que la vida los siga llenando de tantas bendiciones como hasta ahora… y como diría cualquier comehuevo a quien se acaba de casar: ¿y pa cuando los güilas?

...cuando lo vean, sabrán...

...cuando lo vean, sabrán...

El ciclo de la vida en Costa Rica es en línea recta:

Nacer -> Crecer -> Ir a una Universidad Privada -> Aprender inglés -> Entrar a trabajar en algún Call Center a poner en práctica nada de lo que estudió en la Universidad Privada -> Ennoviarse con el tipo/la tipa de sus sueños -> Casarse -> Ir de luna de miel a San Andres -> Reproducirse -> Divorciarse -> Morir

La parte de Nacer, pues uno no tiene mucha vela en el entierro… aparte de ser la orgullosa espermatozoidito que ganó la gran carrera de la vida.  La de Crecer tampoco necesitó mucho  porque digamos que del 1.54 m de estatura, ya no pasé.

Eso de estudiar en Universidad Privada, aprender inglés y trabajar en un Call Center, pues admito que todo lo hice muy a mi manera.

Justo, ante la etapa de la vida que continúa según los estatutos, es que entendí que hay todo un mundo de posibilidades ahí afuera que incluyen viajar, conocer gente nueva, aprender idiomas, viajar, comer comidas exóticas, leer, estudiar, escribir, viajar… Y que el famoso ciclo no tiene que ser en línea recta, pero como un árbol que abre sus ramas.

Así es que cuando se habla del noviazgo, pues empieza a temblarme el parpado.  Creo que todo comenzó con el padre Barona, un amigo de la familia, quien fue el encargado en satanizarme el concepto de noviazgo:

“Marthita, tenga muchos amigos: salga con ellos, vaya a comer, vaya a bailar, tómese sus traguitos y disfrute mucho de la vida.  Pero recuerde una cosa siempre y es que los novios son para casarse.  Cuando uno entra a un noviazgo, es porque ha llegado el momento de formar una familia.”

¡Ah puta!

Prácticamente el padrecito se cagó en mi vida romántica de adolescente y joven veinteañera.  Con ese presagio, ¡qué iba a cerrarle ningún ojito a nadie!

Si no tengo novio, pues no voy a poder casarme, lo cual tiene frustrada a la pobre doña Yelba, la Gran Matriarca.

Inclusive, su desesperación para que mi vida avance acorde a los estatutos familiares, ha llegado a límites inimaginables, en los que me hecha indirectas que el reloj cada vez se acerca a su hora final en la que no voy a poder parir la 19va bisnieta que tanto quiere para poder descansar y morir en paz.

A lo que contesto: “No voy a cargar con su muerte sobre mis hombros.”

A lo que ella contesta: “¡No jodás vos! ¡Que ya estoy cansada de pagar doctores!”

El matrimonio se ha satirizado tanto, que pareciera que la gente no se alegra cuando oye que alguien se comprometió.  Frases como “se cansó de vivir tranquilo“, “ya vas a ir a regalar el cheque“, “voy a tener un carro esperando afuera, por aquello” son tan comunes cuando alguien cuenta la gran noticia.  A mí me da un pecado verles las caritas llenas de emoción, deformarse a preocupación.

Como cuando mi amiguita Monique me pidió que fuera la testiga de su boda.  “A mí no me meta en enredos“, le dije.  La pobre me hace una cara… que le tengo que explicar que es un chistesín y que para mi es mas que un honor.

Es tanta la cosa que, cuando me puse a buscar sinónimos para este blog, me encontré este link, donde incluye palabras como desesperación, forzar, ideal, disparate y locura… y si en Internet lo dice, debe ser cierto.

Hablando en serio, no es que yo esté cerrada a la posibilidad de casarme.  De hecho, soy igual que cualquier otra mujer quien ha pensado en su día feliz (una gran boda pequeña, con un pequeño anillo de compromiso de ensueño, llena de yerberas y con un vestido de novia bien extravagante sencillo)

En lo que no estoy dispuesta es a casarme porque es lo que se espera de mí en este momento, con cualquier macho proveedor que me tenga pariendo chigüines, esperándolo que venga al hogar, con la pata en la chanchera y el platito de comida caliente en la mesa.

Siempre he pensado que antes de CONSIDERAR casarse, uno tiene que cumplir 4 puntos:

  1. Viajar:.. Sí, sé que soy demasiado necia en este punto… Lo que pasa es que, cuando uno pone un pie en otro país, se abre las puertas del mundo y uno se da cuenta de lo pequeño e insignificante que es.  Aprender de las culturas y de las formas de vida en otros lugares, le abre la mente a que la vida no tiene que ser como lo dicen nuestras abuelas.
  2. Coger: No estoy hablando del verbo sea promiscua y hágase un hongo con patas en el proceso.  Estoy hablando del verbo aprenda a disfrutar del sexo.  Si su elección de vida es llegar virgen, pues por lo menos visite a Manuelito un ratico, porque si uno no se conoce, ¿cómo vamos a pedirle al otro que nos conozca?
  3. Vivir sola: O con un roomate.  Es la mejor aventura que uno puede experimentar para darse cuenta de sus habilidades, límites y probarle a sus papitos la excelente educación que usted ha tenido.  uno aprende tanto… desde cómo controlar el dinero, hasta reglas básicas de seguridad.
  4. Vivir con la pareja:  Exacto: yo promuevo el concubinato escandaloso.  Es una forma de poder adaptarse a las maneras del otro, porque viviendo juntos ya no hay tiempo fuera.  Es aprender a soportar pedos, desórdenes, malos humores y todas las cosas negativas que pueden sentirse en la convivencia.  Pero también es adelantar el trabajo en la distribución de las tareas del hogar, la creación del presupuesto, aprender a negociar todas las decisiones y bueno, ya ustedes saben el resto.

Además, soy fiel creyente que el matrimonio es un contrato muy serio en el que, si entro, es para toda la vida.  Por eso, el pobre diablo en condena que se atreva a ser mi marido, no va a ser cualquier patas vueltas con sonrisa bonita, zapatito limpio,platica en la bolsa y hablada.  El tipo va a tener que ser casi un santo para poder soportar tantas histerias y episodios bipolares, digamos.

Porque casarse para divorciarse, mejor se mata.

Yo no pienso entrar pensando en que si no funcionan las cosas, llamamos al abogado.  No quiero que los futuros retoños (a las que ya les puse nombre, como buena mujer) pasen por las que mis hermanos cuando los míos se divorciaron (yo ni me di cuenta)

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Este post tan romántico, va dedicado a mi compañerito el Albin-o, quien en estos días se casa con su hermosísima novia.  Y al Aureliano, quien se comprometió con la bellísima Adriana.  Felicidades chiquillos, la mejor de las suertes… Tan bonitos los dos, jugando de grandes… ¿quién los mete?

Hablemos de sexo.

Es rico, es bueno, es saludable.

Es como comerse el bananito en ayunas, por su fuente de potasio que ayuda a los calambres… o que lo diga la Doc de la empresa donde trabajo, quien me lo recetó ya hace unos cuantos años y quien todavía se ríe cada vez que le comento que me lo como todas las mañanas, bajo receta médica.

Creo que es primordial partir del hecho que el sexo no es del diablo, no debería ser pecado y nadie se va al infierno por tirarse un polvito con un tipo que estaba bien bueno.  Si no más recuerdo, en Semana Santa nos pasan diciendo que JC murió por nuestros pecados para que fueran perdonados y todos disfrutáramos de las delicias del maná casero, de manos de la Mariquita.

Dejemos claro que, a estas alturas de la vida (cualquiera en las que uno se encuentre), no viene al caso satanizarlo porque todos cogen y yo no voy a ser la puta por estar escribiendo sobre el tema.

Así es que, empecemos.

Cuando se habla de educación para la vida sexual, la cagada es mayoritariamente para las mujeres.  Lo digo con voz de la experiencia porque, en una familia católicamente activa, la mujer tiene el deber de cuidar su pequeña florcita hasta que llegue el príncipe azul que quiera atar el nudo.

Pero en ningún momento te dicen por qué es buena idea esperar.

No te dicen que hacer cuando llegue el momento.

Ni mucho menos que tenés derecho a disfrutarlo.

Nadie le cuenta a uno cuál es la diferencia entre hacer el amor y tener sexo.  Me acuerdo, a mis 6 añitos, ir de la mano con El Progénitor a la pulpería y soltar LA pregunta:

“Pa, ¿cuál es la diferencia entre tener sexo y hacer el amor?”

“Cuando uno hace el amor lo hace con alguien a quien ama.”

“Sí… pero, ¿qué es hacer el amor?”

“Es cuando uno lo hace con alguien que ama.”

“¿Pero qué es lo que se hace?”

“Martha Iris, usted está todavía muy pequeña para preguntar de esas cosas. Cuando llegue el momento, usted sabrá.”

O sea, me dijo: “cuando llegue el momento, se persigna y se encomienda a toda la corte celestial, que alguna ayudita vas a recibir.”

En los años 90s, mi adolescencia no fue marcada por el sentémonos y aclaremos dudas… esa conversación incómoda que una hija tiene con su  madre.

No.

Fue injustamente traumatizada por la última edición (197?) de La joven moderna y el sexo de los libros Océano, el cual traía una explicación detallada de la menstruación, la vagina, el pene y un esquema de cómo se veía un coito.  Eso, sumando a todos las historias de la biblia en la que los lujuriosos terminaron destruidos o convertidos en estatuas de sal… prácticamente explica por qué quería ser monja y no caer en las garras de Beelzebub por culpa de un adolescente libidinoso.

Es hasta el tiempo que uno se da cuenta que el sexo es bueno porque ayuda a definirnos como hombre y mujer, dirigirnos en todas las posibles combinaciones sexuales y poblar este planeta (básicamente)

Y si el sexo es bueno, ¡la sexualidad es aún mejor!, porque lo pone todo junto a ver que sale: características físicas, psicológicas, anatómicas y afectivas.  Sin dejar de lado que nos enseña qué, de todo lo que hay en el mercado, nos gusta más: juegos, juguetes, orgamix, disfraces, cuero, esposas, columpios, revistas, libros, películas… etc… etc… etc…  También nos delimita el camino para no llegar a extremos en conductas sexuales, como el voyeurismo o algún fetichismo extraño con los uniformes militares, digamos.

Al final del día, todo esto de la sexualidad es como cuando uno va a la gelatería y pide una cucharadita de casi todos los sabores: solo probando se sabe qué es el que a uno le gusta y bueno, conociéndose a uno mismo se disfruta muchísimo más.

El sexo es saludable por todos los tantísimos beneficios al cuerpo.  Como la liberación de endorfinas y de serotonina, que básicamente cooperan para alinear los chacras y nos hace más felices.

Cuando uno está con alguien con quien se comparte esa intimidad y un gran afecto (osea, no el one night stand), ayuda a aumentar la autoestima, previene enfermedades cardiovasculares, es un excelente ejercicio, alivia dolores, tranquiliza, hasta uno duerme mejor y de todo.

… y dejémonos de varas: no hay nada más rico que el entrepierne al final…

Pero, como todo en la vida, nada es simplemente maravilloso.  Hay algunos puntos negros en la sábana blanca, pero son dos los que me podrían quitar el sueño:

  1. El coito es para poblar este planeta, científica y religiosamente hablando.  Si no se está preparado para mantener a los pequeños, ¿pa’ qué jugarse el chance?.
  2. Las enfermedades de transmisión sexual son muchas, terribles y matan.  El tener relaciones con un tipo muy bueno sin usar protección, es como ponerse frente a la aplanadora y esperar que lo aplaste a uno…

A como me dijo alguna vez una amiga:

“Marthica, vos no me estas preguntando pero, para serte sincera, yo me cuido doble… y eso no significa que me tomo doble pastilla”

Por eso, damas y caballeros, quiero terminar diciendo que no se les olvide ponerle el gorrito al pajarito antes de que entre a la jaulita (o algo así escuché esta semana)


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... ¿quién dijo miedo?...

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Escuchen bien, niñas y niños de la creación:
He pasado por muchas marthadas y momentos de angustia sudor y lágrimas, como para que alguien más lo tome prestado y sin permiso.
Robar es malo, malo, malo.
¡Los que roban se van al infierno, con el resto de sus amigos!

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