Desabrochando a Martha

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La verdad es que es muy difícil aceptarlo tan públicamente como en un blog.  Yo siempre lo he sabido, desde pequeña en realidad.  Es más, creo que mis papás y mis hermanos siempre lo sospecharon, pero no era un tema que se hablara abiertamente… es decir, mi conversación sobre sexualidad con doña Martha se dio a mis 18 años, en la romería antes de irme de intercambio, cuando ella me señaló una valla de condones Durex y me dijo: “bueno… ya sabe…

Así es que esto de hablar de cuál era mi preferencia sexual, no era algo que se diera.  En fin, lo cierto es que a mí siempre, desde pequeña, me han gustado los hombres.  Es más, a los 5 años le pedí a Leonarndo García que fuera mi novio, pero me dijo que no porque era novio de Stephanie.  Eso no impidió que en todas las fotos de anuario yo saliera viéndolo, con ojos de vaca ahorcada.

Ufff… la verdad es que es un alivio admitir mi heterosexualidad y que todo el mundo lo sepa de una vez por todas: me gustan los hombres,  me encantan los hombres.

…así es queeeeee… ¿qué hay de comer?…

Suena raro, ¿verdad?

O sea, ¿qué es este tipo de payasada, Martha?  ¿Qué te está pasando por la mente?

Bueno, si les parece una tontera que yo haya admitido que soy heterosexual, ¿por qué es una necesidad que nuestros amigos homosexuales lo admitan públicamente?  ¿Qué es ese deseo casi mórbido de señalar al otro para poder ponerle una etiqueta?  ¿Qué será?  ¿Pensamos que los vamos a rescatar de sus ataduras y le vamos a otorgar la libertad ansiada de ser lo que son?  ¿En serio pensamos que tenemos ese poder?  ¿O será más bien que lo ocupamos para poder hacer/resistir chistes denigrantes, ponerles apelativos despectivos y asegurarnos de no salir medio chingos delante de ellos porque y vaya a ser que les guste todo esta belleza que hizo mi mamá y Dios me dio.?

No me tomen a mal: entiendo que hay una necesidad individual por aceptar el verdadero Yo con todo y ángeles, demonios y bestias. Si es su deseo admitirlo porque ya no puede más, no puede seguir aparentando lo que no es o simplemente le dio la regalada gana… pues hágalo, que aquí todos creemos ser libres.

Mi crítica es hacia todas las personas que exiguen que alguien “lo admita”, es hacia ese egocentrismo, ese narcisismo que sentimos por encasillar a los que nos rodean.  Y lo digo en primera persona plural porque, por mucho tiempo, yo lo sentía así.  Por un lado, porque soy curiosa, por el otro porque en eso se esta convirtiendo esta sociedad.
El día que me di cuenta del error estaba hablando con un ex.  Él cayó en cuenta que amar se siente igual en cualquier cuerpo, se siente rico compartirlo y que qué importa si al vecino le gusta hacerlo con un tipo o una tipa, siempre y cuando no le haga daño a nadie, por supuesto.

¡BOOM! Su cerebro explotó.

Lo cual es cierto: el saber su sexualidad no le da un valor agregado a nuestra relación de amigos, porque lo interesante es que no le quita su habilidad para compartir secretos, frecuentarnos para tomar un café y contarnos nuestras vidas, acompañarnos en los momentos difíciles, celebrar acontecimientos magnánimos y participar de las cosas que le gusta al otro, en la seguridad que brinda el cariño mutuo.

A lo que voy es que dejemos vivir al otro a como nos gustaria que nos dejen vivir…

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San Jose

Hoy que es el día de Chepe San José, quiero tomar un momento para decir algo que ya muchos han leído entre líneas y que la mayoría que me conoce, lo requete sabe: yo AMO vivir en la capital.  Yo sé que muchos no lo creen o no lo comprenden porque ven un hueco sucio, lleno de indigentes, drogadictos, ladrones, carros, humo, cables, luces…

Yo veo un rinconcito de cielo.

Aclaro de una vez que no estoy hablando ni de Escazú, Santa Ana ni Curridabat.  Estoy hablando del centro de la capital, donde están las oficinas de gobierno, todos los bancos, donde a un kilómetro a la redonda está no solo el supermercado más caro del país, sino que también el mercado más barato: en un día se hacen todos los pagos, todas las compras y todo el papeleo que se necesite… vea, es que hasta la prueba práctica de manejo.

Obviamente hay muchas cosas que detesto, como los malditos adoquines de Johnny Araya que me han dejado sin tapillas, pero sin duda, caminar por los bulevares es supremamente interesante a cualquier hora del día.  No solo toparse con presentaciones gratuitas al aire libre de orquestas u obras de teatro, sino que también los personajes como La Rosa o los vendedores de chance y lotería o quienes van gritando: “pejibaye calieeente… caliente el pejibaye”

Además, ¿quién no se ha tomado una foto con La Mujer Gorda, El barrendero, en el Monumento a los Presentes, Lenon o los Perros Callejeros?  El arte no solo se manifiesta en esculturas, fuentes y relojes, si no que los grafittis de verdad, como los murales hechos por verdaderos artistas en la Asamblea Legislativa.

Habrá quienes piensen que la pared se vería mucha más bonita pintada de un solo color en aceite contra hongos por aquello de los aguaceros… porque eso sí, el clima es tan maravillosamente cambiante que hoy, por ejemplo, amaneció con un hijueputa frío como para no salir de las cobijas, dos horas después me iba asando camino al bus por el solano que nadie soporta y en la tarde pensé que me iba a empapar por los nubarrones.  Esto es ventajoso porque uno no tiene que andar gastando dinerales en ropa para diferentes temporadas: uno usa lo mismo con o sin sweater, con o sin botas.

Hablando de frío, ¿quién no se ha ido a tomar un yodo con queque seco en la Merayo o en el Mercado Central?  Es más, haga frío o calor, siempre es bueno pasar un momentito a la Soda Tala por un café con un Tala Pinto que es solo bueno, o bien, a caminar a ver qué se encuentra uno.  A que no sabían que hay un puesto donde solo venden confites tradicionales: melcochas, cajetas, tapitas de dulce.

También apuesto que no sabían que el primer McDonald’s en abrirse fuera de Estados Unidos es el que está frente al Banco Central o que los Robles de Sabana están en su mejor momento porque embellecen la capital con sus flores rosas.  Ahí por la Iglesia de La Soledad hay uno que parece un ramillete: bello, bello, bello.

Por cierto, entre La Soledad, La Catedral, La Merced y La Dolorosa no sabría decir cuál me gusta más, porque son tan hermosas en su arquitectura, que no solo sirven para recargar energías espirituales, sino que para encontrar un poquito de silencio entre el escandaloso andar de los carros, los taxis pitando y la gente que grita… mientras se da un gustito de ojo.

Los sábados hay feria del agricultor en Plaza Viquez y es un espectáculo que no se puede perder porque convergen todas las clases sociales de este país: quienes llegan a pedir que les regalen algo porque no les alcanza ni para una chayote, quienes anda en Range Rover y los que vamos a pata porque nos queda ahí no más.  Lo mejor es que todos terminamos en las soditas improvisadas, donde todos nos sentamos a desayunar, ya sea pupusa salvadoreña, tortillas aliñadas de cervantes o el tradicional pinto con huevo.

Es que ahí no es solo la gente que llega, es que está justo por la línea del tren.  Aunque no anda en horario regular los fines de semana, de vez en cuando pasan de este a oeste de la ciudad y no falta la doñita que se le queda pegado el carrito de las verduras en los rieles, justo cuando va pasando el bicho.  Y bueno, qué más le queda al conductor que esperar pacientemente.

Que esa es otra: con el tren la terminamos de hacer con el transporte público que abunda y sobra.  Entre buses, taxis y porteadores, de verdad que uno no necesita automóvil.  Eso, y que odio a los conductores.  A todos.  Sí, a usted también.  La razón es muy sencilla: todos piensan que son los dueños de todo el espacio que lo rodea y los peatones somos parte de la decoración, que se pueden llevar entre sus llantas.

Fuera de eso, siempre lo he dicho: al vivir aquí, todo está a un bus de distancia.  No niego que es una reverenda damiersh la presa, que últimamente es a todas horas.  Pero es un tiempo que se puede aprovechar para leer o ver y escuchar a la gente.  Las mejores historias ajenas las he sacado de los buses, hasta conversaciones existenciales con las doñitas que se me sientan a la par.

O bien, se puede aprovechar para realizar ese deporte que la gente dejó de hacer con las nuevas tecnologías: ver por la ventana y admirar todos los movimientos arquitectónicos que se mezclan como si hubieran sido vomitados a lo largo del tiempo: mientras se admira el Teatro Nacional, a la puritica par está la Plaza de la Cultura con los Museos del Banco Central escondidos en sus entrañas… y unas cuantas cuadras al este, emerge el esplendoroso Museo de Jade.

En arquitectura, mis favoritas son las casas de los Barrios del Sur.  No voy a engañar a nadie con que es de lo mejor que puede haber, porque todos sabemos que uno entra pero no sabe si sale vivo, en bolsa, chingo, violado o todas las anteriores.  Pero hace 50 años eran casas bien y lo que me gusta imaginarme es quién vive ahí ahora, cómo será la distribución, qué secretos guardan.  Por supuesto está que no son tan hermosas como las de Barrio Amón, aunque sí tienen lo suyo.

Bueno, se me quedaron un montón de cosas por fuera, ¿qué creen que me hizo falta mencionar?

Siguiendo las manecillas del reloj: 1.Los participantes ticos en la costa Este, en el aeropuerto de Newark 2. Mi hermano anfitrión, Darrel, en el 2009. 3. Una tarde de kayak en el río Potomac, con Marcelo (Chile), Shun (Japón), Cedric (Bélgica), Felipe (Chile y fotógrafo) 4. Pequeña reunión, 2013: Cedric (Bélgica), Ocean (China), Rodrigo (Portugal) y Stephanie (Alemania) 5. Mi mamá y papá anfitriones, 2009.

En 1999 tomé la decisión de irme de intercambio.  Todo comenzó por un par de “compañeros” que venían regresando: uno venía de Gran Bretaña y la otra de Estados Unidos, ambos estaban tan felices y con tantas historias que contar, que no podía más que envidiarlos.  Yo quería vivir lo mismo.

Empecé a tirarle las chinitas a doña Martha, contándole de Maldonado que venía todo contento y de la China que se veía muy fluida en inglés… qué sé yo qué tonteras…  Un domingo, me acuerdo estar en el comedor dedoña Yelba tomando café con mi mamá y mi hermana de apoyo, cuando le dije que de verdad, de veritas, que yo me quería ir un año de intercambio.  Ella me miró a los ojos y me dijo que estaba bien,  pero que si lo iba hacer, tenía que ser con la American Field Service (AFS)

Después me dijo que, de sus cuatro hijos, yo era la última que se hubiera imaginado que quisiera ir.  Al parecer, ella  intentó irse de intercambio en su adolescencia, pero en el último segundo, mi abuelito decidió que mejor no.  Ella trató de convencer a mis hermanos, pero ellos o no querían o no podían.

En fin, conseguí el número de teléfono, pedí  información, recibí la visita de doña Grace (la cabeza del comité en aquel momento), me dejó los papeles y comencé a llenarlos.  En una semana, ya todo estaba listo.  Los países que había escogido eran Alemania, Bélgica y Austria, después de que me enterara que Gran Bretaña lo habían cerrado.

Duré como seis meses de preparación, donde tenía que mantener buenas notas en el colegio, ir a reuniones todas las semanas con el comité, reuniones nacionales todos los meses y hasta un campamento final.  Yo no les puedo explicar la emoción que se siente cada vez que vas a una reunión y te das cuenta que estás un paso más cerca de cumplir con el objetivo, sin dejar de lado la adrenalina al escuchar las anécdotas de exparticipantes o de familias anfitrionas.

Lamentablemente El tarado (porque no hay otra palabra) que estaba encargado de envíos, agarró las aplicaciones y las envió donde se le antojó.  En mi caso, cuando me llamó para decirme que ya me habían aceptado en Estados Unidos, yo sentí que el mundo se me venía encima porque no hay país con el que menos sienta atracción en la vida de la existencia.  Me acuerdo haberle gritado al teléfono, visitado a la oficina para exigirle que viera a ver como hacía, pero que yo a Estados Unidos no iba a ir.

El tipo este, muy inteligente, llamó a doña Martha y le contó la situación.  Ella dijo que, como yo siempre me metía en problemas, mejor que estuviera cerca por aquello que tuviera que irme a recoger.  Lo único que pude pedir fue que me enviaran a la costa Este.  Una semana antes de irme, me llamaron porque tenía una familia en Silver Spring, Maryland, dentro del área de Washington DC.

El 11 de agosto del 2000, en la pura mañana, estaba con dos maletas, desayunando en la cafetería del antiguo aeropuerto con toda mi familia.  Creo que no comí por estar cagada de miedo.  Cuando ya tenía que pasar migración, abracé a mis hermanos, al proge y lloré como una Magdalena, diciéndole a doña Martha que mejor no, que por favorcito, que yo le pagaba lo que se había invertido en el intercambio, pero es que vea, tenía tanto miedo, estaba tan asustada, que de veritas, yo no quería ir, que por lo que más quisiera, no me dejara montarme en el avión.  Ella solo me abrazó y me dijo al oído “no, usted tiene vivir este intercambio por las dos, usted va ir a vivir lo que yo no pude”.

Con esas palabras, me monté en el avión, sin familia, con muchos amigos, con un mundo de expectativas de lo que podría ser mi experiencia.

En términos normales de la vida, no me gusta mucho hablar de mi experiencia porque cómo explicar lo que realmente se siente cambiar de familias dos veces, que tengo amigos en todo el mundo a los que adoro, que tengo una familia que me enseñaron todo y más, a los que llamo mom, dad, bothers, grandma, pops y uncle Bruce.  ¿Cómo explicar que yo tengo dos ciudades a los que llamo hogar? (bueno, ahora son tres con potatoland, donde vive doña Martha, mi hermana y su familia)

Sin duda, ha sido la experiencia más importante de mi vida, que marcó un antes y un después.  No solo cambié la forma de comportarme, relacionarme… además aprendí habilidades que, solo cambiando de ambiente, se pueden aprender.  Para que tengan una idea, mi papel en la dinámica familiar era completa y totalmente diferente: en mi familia de intercambio tengo tres hermanos varones y ambos papás en la casa, además, era una de las mayores, ¿ya se fijaron que es una familia afroamericana?

Al ser mujer, mom y yo  tenemos una relación muy femenina: bailábamos todo el día, cantábamos, veíamos musicales, íbamos de compras, hablábamos de hombres guapos, nos hacíamos el pedicure… todo lo que hacen madres e hijas, que ella solo había podido experimentar con su sobrina durante un tiempo y yo a medias porque doña Martha siempre trabajaba.  Solo imaginése escuchar que esta latina le gritara a una madre afroamericana, que si le gustaba la blusa para ir a tal lugar… unas salvadoreñas se nos quedaron viendo perplejas y sin saber que yo hablo español, se dijeron: “Viste como esta le dijo a la otra mamá… qué raras… seguro es adoptada…”

… bueno, hasta cierto punto, tenían razón…

Gracias a esta experiencia aprendí a perder el miedo, a arriesgarme cuando no hay nada que perder.  Constantemente estoy probando cosas nuevas: experiencias, comidas, licores, deportes… nómbrenlon, que yo a todo digo que sí… bueno, casi todo… con mi pánico a las alturas he tenido que aprender a contener el entusiasmo.  También ya no le tengo pavor a equivocarme porque eso se convierte en el diario vivir durante los primeros tres meses de la experiencia, especialmente cuando no hablás el idioma de donde estás.

O bien, desarrollás la habilidad de comunicarte, ante cualquier situación… inclusive si es un hombre atractivo con el que estás platónicamente enamorada, aunque comience a reírme como estúpida, me ponga roja y a sudar como pollo asado.  Creo que el roce con otras esferas hace que hasta los títulos y las clases sociales pierden su supuesto “valor”, pues todos se convierten en iguales y se vuelve muy natural compartir con cualquiera.

Por eso, el concepto de la tolerancia toma un significado aún más valioso.  “No es bueno, no es malo, es diferente” es el mantra de AFS y casi que se nos tatúa en el corazón.  Es tan verídica.  Es la forma de poner  en palabras las maneras del mundo: cada quien hace las cosas como mejor puede, de acuerdo a sus propias circunstancias y, aunque no es como uno las aprendió, funciona y eso está bien.

Yo podría sentarme horas contando anécdotas: de por qué tengo amigos que me dicen que si estoy chorring the coffee con mi media, o de cuándo conocí a Oprah, de cómo celebré el año nuevo o de los mares que lloré el último día, del dolor de saber que no iba a volver a ver a algunos de mis amigos (en aquella época no estaba el boom de las redes sociales).  Pero creo que lo mejor que puedo hacer es invitarlos a vivir su propia experiencia, ya sea un año colegial o seis meses de servicio comunitario o ir aprender un nuevo idioma en alguna escuela… esta es una de esas cosas que recomiendo con mis ojos cerrados y las manos al fuego.  Por la vida misma que no se van a arrepentir ni un segundo.

Regalos

Regalos

El sábado me fui de maratónica con doña Martha para comprar regalos de Navidad… ¡qué cosa más terrible!  Esta mujer de Dios no es de baterías: es de luz solar porque pasamos casi 8 horas, entrando en casi todas las tiendas de todos los centros comerciales y no paró ni para tomar café.

Yo solo hice rabietas tres veces por hambre, grité dos veces y en cinco ocasiones supliqué que nos fueramos para la casa… porque en ese sentido, soy más práctica: yo sé qué voy a comprar, a dónde y cuánto me va a costar.

Eso sí, llegar a este nivel de Nirvana Regalístico no ha sido fácil.  Preguntar a las personas que quieren, es desesperante cuando te salen con una de dos:

  1. Yo no necesito nada, lo tengo todo.
  2. Cualquier cosita me va a ser feliz.

O peor aún, cuando salen con que esta época no es para regalar, porque ese es un plan de mercadeo para que derrochemos dinero y que debemos pensar en los más necesitados… blah, blah, blah… o como dijo Annita en su blog: “Me hace pensar que Ud. posee una leve tendencia al comunismo…”

Por eso, he desarrollado tres técnicas infalibles e invencibles, para no terminar regalando un despertador o un lubricante (como sé que ha pasado):

Los no-no

Hay cosas que nunca es buena idea regalar, ni aquí ni en la China, como los electrodomésticos para la mamá… a menos que la mae le encante cocinar y siempre haya querido una KitchenAid.  Si alguno de mis futuros hijos por nacer me regala una refrigeradora, es muy probable que le ponga un candado y la llene de comida que yo solo voy a devorar … ¡porque es mia!

Otro regalo que nunca se debería dar es aquel que genere más responsabilidades de las que la persona desea.  Esto va desde mascotas, hasta suscripciones por 3 meses en Netflix.  ¿Quién le garantiza que su prima va a tener el dinero para seguir pagando por su suscripción en Audible de Amazon?

Finalmente, los regalos para “mejorar a la otra persona”… como un libro de cocina para que deje de quemar las ollas o un Orbitrek para ver si rebaja los kilos demás, acumulados de las últimas 5 navidades.  La verdad es que va a ser un desperdicio de dinero porque NUNCA lo va a utilizar.

La lista

Melili, mi mejor amiga, y yo tenemos más de 7 años de ser las mejores amigas en esta Tierra y la confianza nos ha llevado a lo que llamamos La Lista.

Unos días antes de cualquier fecha que conlleve a un regalo, solo nos mandamos un mensaje pidiendo de 5 a 10 cosas que nuestro corazón capitalista desea y no puede vivir un día más sin él.  Con una idea del presupuesto de ambas, mandamos mensajes de lo que podría ser: desde el último libro de Ken Follet, hasta una gorra para correr, una blusita o mil chucherías.

Hemos llegado a ser tan específicas hasta de mandarnos foto, talla, precio y tienda.

Lo mejor de todo es que sigue siendo una hermosa sorpresa porque La Lista no significa que eso es lo que nos vamos a regalar, pero si nos da una idea general de lo que podría ser… no sé, pueda que Melili reciba una almohada de viaje en forma de chancho… o el disco de Kathy Perry… solo yo lo sé… (ñaca, ñaca)

Los regalos que todos amamos

La empresa para la que trabajo siempre da un regalito para el día de la madre.  Casi cuatro años después, todas las mamás de la empresa hablan de la vez que les dieron un certificado para un masaje en un spa y todos los años esperan que sea lo mismo.

Eso es lo que yo llamo un regalo que todos amamos.

Otro ejemplo de estos son las canastas llenas de cosas bellas y ricas.  Melili me dio la idea el año pasado, cuando compró varias canastas y las llenó de delicatessens.  Las canastas o bolsas, pueden ir llenas de comida (botellas de vino, jaleas, quesos, galletas, queque navideño) o de chucerías (lapiceros, maquillaje, tarjetas de regalo, medias, juguetes, ropa interior) o cosillas de primera necesidad, pero que su precio es ligeramente elevado como para comprarlo todos los días (jabón Dove, crema Ponds para la cara, jabón de ducha Lactovit)

Tarjetas de regalo

Esto una de las mejores cosas que los gringos han podido inventar, después de Facebook y el lapicero para escribir en el espacio.

La cuestión es nada más saber cuál es la tienda o el restaurante favorito, dirigirse a él y decir que se va a comprar la tarjeta por X cantidad de dinero.

Algunos dicen que es feo porque es como regalar plata.

Yo lo llamo práctico.

Escuchar y observar

Gracias a este método he sido calificada como la mejor regaladora entre familia, amigos y novios.   Es muy sencillo: solo necesita que agudice sus sentidos la próxima vez que vaya de compras con esa persona.

Simplemente se trata de escuchar las mil y una cosas que la persona dice que son sus favoritas o que siempre anda pidiendo prestado, pero que todavía no va a comprar aunque las necesite.

Como a doña Martha, quien ha pasado toda esta semana diciendo que no tiene secadora de pelo y que qué útil que es en el invierno… ¿pues adivinen qué es uno de sus regalos? (no os preocupéis, que ella nunca lee mi blog)

O mi hermano el Macho, quien tiene una obsesión severa con Superma y Spiderman.  Su programa favorito es Smallville y para una Navidad, le regalé una camiseta roja y otra azul porque así se vestía Clark.

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Quiero tomar un momento para desearles  la mejor de las Navidades, que lo pasen junto a las personas que más aman y disfrutando del tiempo libre que genera la época.  Recuerden que más allá de ser el recuerdo cristiano del nacimiento de Jesucristo, es la época mundana para estar con la familia, pedir perdón, recargar energías y comer como degenerados.

Si van a alcoholizarse, no conduzcan maquinaria pesada como automóviles… y que el camino del alcohol no los lleve por el guaro vaquero.

¿Se imaginan que tan emocionante que algo así sucediera?

¿Se imaginan que tan emocionante que algo así sucediera?

Eso de que en el solsticio de verano todo se va para la damiersh, en un gran evento apocalíptico, me encanta. No me parece tan terrible si es algo muy fino como El día que la Tierra se detuvo o Zombieland o Soy leyenda, donde, por alguna razón ególatra narcisista de presupuesto, solo los gringos sufren el ataque alienígena o las consecuencias del calentamiento global.  Mejor si son salvados por un mae súper guapísimo como Will Smith.

Pero, hablando en serio, que haya un cambio socio-político, cultural y económico no suena tan mal. ¿Díganme si no? No me refiero a esa caraja del Jesús Hombre, de atravesar paredes y tirar rayos de luz mientras se vuela de Alajuelita a Rio Segundo. Hablo de una reorganización del mierdero social en el que hemos caído los ticos por vagos, perezosos, confiados, por no tener un verdadero amor a la patria y por corruptos (sí, ya es hora que todos admitamos que somos corruptos)

Nuestro mayor problema es que pensamos que dictaduras como la chavista, invasiones de carteles como las mexicanas, extrema pobreza a causa de malas políticas como la somalí y demás cánceres sociales, no van a suceder porque somos un pueblo solidario, buenazo, y no somos pelioneros porque no tenemos ejército.

Ay si, si… ahora todos somos pacificistas y dejamos que los “líderes” nos programen nuestras manifestaciones, mientras nos meten más impuestos para el mantenimiento de sus estatus sociales.

¡Ingenuos es lo que somos!

Los adultos jóvenes de clase media nos hemos vuelto tan valeverguistas en nuestros trabajos de call center, que ya no nos interesa la cantidad de tugurios que hay cerca de los grandes centros comerciales. Preferimos agarrarla contra los huelguistas, solo porque nos obligan a tomar una ruta alterna y durar 15 minutos más. Dejamos que el gobierno nos joda a todos porque, diay, ¿qué podía uno esperar de los politiquitos?

Lo peor es que preferimos armar aquel status de Facebook con palabras grandes, para despotricar contra la presidenta… que solo algunos amigos van a leer, porque tenemos la configuración de seguridad más alta que puede existir. Lo que no nos damos cuenta es que esas palabras de sabiduría que tanto duramos en componer, van a ser borradas inmediatamente por el meme de Brian Mala Suerte.

Por eso es que me caen mal los temas de boga como lo del juez o el marchamo o la educación sexual, porque todo el mundo pasa protestando en Twitter, pero cuesta que hagan algo más para luchar por sus ideas (pacíficamente).

Nadie concreta.

Nadie se alza las batas para ir a cantar Kumbaya o la Patriótica en la Plaza de la Democracia y comenzar el verano toreado a la tica versión huelguista, arremetiendo cornadas contra las instituciones del Estado.

Yo, personalmente, trato de no opinar porque sé que solo voy a ir a votar en las próximas elecciones. No por falta de ganas, pero más como por falta de ideas. La que se me ocurre es colarme en la Asamblea y repartir cachetadas y socolloneos, mientras grito: “¡ARREPENTIOS INMUNDOS IMPUROS! ¡SINVERGÜENZAS! ¡SU FIN VIENE PRONTO! ¡BRETEEEEEEEN QUE PARA ESO, YO SÍ PAGO IMPUESTOS! ¡COME SANTOS, CAGA DIABLOS!”

Por más que me duela en el ego, tengo que aceptar que no es muy brillante y como no han inventado el neutralizador de Los hombres de negro, no puedo implantar ideas marthistas en el cerebro de Laurita.

Yo ya probé los dulces sabores de ir a cerrar rotondas cuando lo del Combo del ICE, entonces, no es lo mío… y es que a mí me gustaría hacer una revolución más efectiva, como la de Figueres, los bolcheviques o como en la primavera árabe. Algo así como extraditar a los Arias y sus compinches, hacer una Asamblea Constituyente donde se actualice nuestro Estado, dividiendo bien todos los poderes, sacando a la Iglesia Católica y metiendo más garantías de igualdad para todos los sectores…  en eso, sale mi lado negativista y fijo pasa igual que Egipto.

Así es que tengo fe en los mayas porque algo tiene que pasar en nuestro país, por el amor a lo que es santo y bueno. De corazón, espero que estos inditos no se la hayan fumado muy verde y que sí se cumpla su pronóstico precolombino, que sea para bien y no para piorsh.

Mi amiga la Titi es testigo que para hoy tenía planeado hablar sobre las maravillas de ser mujer, los logros políticos y sociales, las destrezas y proezas que realizamos todos los días y de cómo celebrar nuestro día internacional.

Pero creo que es mi deber detenerme en la inerme e inerte vida capitalista que llevo, para alzar la voz y protestar.  Para abrazar árboles, ponerme las chancletas y ayudar a comunicarle al mundo el mensaje de Invisible Children y su projecto Stop Kony.

Joseph Kony es lo que uno, vulgarmente, calificaría como un malparido, que merece las peores torturas existentes en el mundo y una muerte lenta, amarrado a una silla, con una gota de agua que le perfore los pensamientos, hasta llevarlo al límite de la cordura y que solito brinque al vacío de la locura extrema.

Kony es el actual líder del grupo paramilitar Ejército de Resistencia del Señor, en Uganda, Africa Central.  Su guí son los 10 mandamientos de la biblia, bajo un sincretismo cristiano.  Basado en eso, ha cometido horrorosos crímenes de guerra y contra la humanidad, entre ellos: rapto, asesinato, violación, mutilaciones, esclavitud y hasta, en algunos casos, canibalismo.  Lo que lo hace más imperdonable es que, la mayoría de sus víctimas, son menores de edad.

Su técnica es fácil y certera: llega atacando una villa, rapta a los niños y mata a todos los adultos, así los menores no tienen para donde agarrar.  Los hombrecitos los utiliza como guerrilleros y las mujercitas como trofeos para sus combatientes, como esclavas sexuales.

Niños y niñas.

Niñas y niños a quienes se les está negando los derechos más fundamentales que la mayoría de los occidentales ven como natural: a la paz, al estudio, a la libertad.

Según récords del Congreso estadounidense, su ejercito es de, aproximadamente, 66 000 niños y niñas.  Sus tácticas han obligado a movilizarse a cerca de 2 millones de personas, quienes han tenido que dejar todo y lo poco que tienen con tal de huir.

Aquí la pregunta del millón: ¿por qué carajos alguien haría algo así?  Según el video de Invisible Children (http://youtu.be/Y4MnpzG5Sqc), Kony no sigue ninguna idea, él no lucha a favor o en contra de nadie.  Él simplemente lucha por el poder.  No sigue el mandato de nadie, no es apoyado por nadie.

La otra pregunta del millón: ¿por qué les estoy escribiendo sobre esto?

Invisible Children es un grupo voluntario cuyo único objetivo es que se capture a este tipo.  Lo fundó un grupo de estadounidenses después de una visita a Uganda y que empezaron de la mejor manera que pudieron: fueron al Congreso.  Al recibir la respuesta negativa, comenzaron a contactar gente y más gente y más gente para que llamaran a sus congresistas… hasta que ellos hablaron en sus respectivas cámaras… hasta que Obama decidió enviar un grupo de 100 militares a entrenar a las fuerzas armadas de Uganda.

Pero como no se ha podido pescar al malparto, es muy posible que el gobierno estadounidense pierda su interés y saque a su gente de ahí, permitiendo que Kony siga cometiendo estas atrocidades contra el pueblo que vive en Africa Central.

Siempre he pensado que uno tiene que estar agradecida con la vida, por todas las bendiciones que nos da.  Así mismo, aprovecharlas para ayudar a quien no las tiene.  Este es un post informativo, para que abran los dos ojos y observen que la realidad del mundo no es necesariamente la que uno vive a diario.

Si quieren colaborar con la causa, solo compartan el video de youtube en su cuenta de Facebook o Twitter o por correo.  Si su economía se los permite, compren el kit y planeen ir a pegar panfletos por toda su ciudad.  Si su amor a la humanidad es aún mayor, comuníquense con Invisible Children y sea voluntario para detener esta atrocidad.

Quien quita un quite, y seamos parte de la historia, del día en que las redes sociales cambiaron el mundo encontrando, arrestando y encarcelando al número uno en la lista de los peores criminales del mundo.

Tengo la eterna fortuna de poder expresar mi cariño a la persona que quiero en lugares públicos, cuando andamos de la mano o el esporádico piquito marcaterrenos.  Soy feliz porque hoy podría ir a cenar, bailar y disfrutar una maravillosa velada con mi maravillosa pareja, si quisiéramos.

Tengo la esperanza y la seguridad que, si la vida lo dispone y el tiempo así lo permite, vamos a poder compartir nuestras vidas y tener la boda del siglo.  Si no podemos tener hijos, podríamos adoptar algún pequeñín sin mayor problema.  En conclusión, seguiremos expresando nuestros verdaderos sentimientos sin que nadie los bombardee con odio.

Yo tengo la fortuna de disfrutar de un derecho inherente porque me gusta un hombre y yo soy mujer.

Eso es algo que se dio.  No me acuerdo escuchar a doña Martha repetirme que  me tenían que gustar.    Tampoco me acuerdo de haberme sentado con mi Barbie y mi Ken a pensar los pros y los cons de que me gustara uno u otro.  En otras palabras, no fue una decisión o una obligación.

Simplemente me gustaba Leo, un compañerito del kínder, y le dije que si quería ser mi novio.  A lo que respondió que bueno, pero que él era novio de Steph.  Creo que en ese momento formamos el trío más joven del mundo… pero no duró mucho porque, eso de estar compartiendo mi hombre, no es lo mío.

A como es natural para mí, es de natural para los hombres que les gustan las mujeres y para los que les gustan los hombres y para las mujeres que les gustan las mujeres.

Las mismas bellas mariposas sentimos unos, a como sentimos los otros cuando vemos a la persona que amamos.   Por culpa de los nervios, también hacemos las mismas ideoteces frente a esa persona.  Igual que vos, todos pensamos en ese ser especial cada segundo de nuestro día.

Entonces, aquí hay algo que no entiendo.

Si esto se da por naturaleza propia de cada uno y todos tenemos tantas cosas iguales, ¿cómo puede ser posible que, la única diferencia, sea la que haga que no se les den los mismos derechos?

El otro día vi un video en youtube (mi nuevo mejor amigo) de una legisladora republicana del estado de Washington, quien defendía la unión civil entre personas del mismo sexo.  Ella comenzó hablando de cómo vivió muchos años con el hombre al que ama, hasta que él falleció.  Ella decía que de todo lo que quería tener de vuelta, lo último era el sexo y no porque no lo disfrutara.  Lo que más extrañaba eran todos esos momentos que habían construido juntos, todos esas anécdotas graciosas, esos dulces recuerdos que solo puedes compartir con la persona que amas.

Justamente es eso lo que no se les puede negar a una pareja del mismo sexo porque es inhumano, es una crueldad.

Estoy de acuerdo con ella que es responsabilidad y deber de nosotros, la mayoría, responder por los derechos de la minoría.  Es nuestra obligación como seres humanos pelear por su amor, para que sea respetado como cualquier otro que crezca en cualquier parte del mundo.

Ahora bien, yo aquí no me estoy metiendo a la iglesia ni a la religión.  Yo no estoy hablando de sacramentos.  Yo estoy hablando de uniones civiles, donde ellos puedan compartir los mismos derechos que vos  podrías compartir el día que te juntés o te casés.

Me refiero a casos como el de un conocido quien terminó en la calle después de que su novio falleciera y la familia no respetara el testamento donde le dejaba todos sus bienes a su pareja.  Él no pudo reclamar porque no hay ley que le ampare.  Hablo de casos de parejas que desean, fervientemente, darle un hogar y ser los padres de algún huerfanito, quien están viviendo un infierno en algún orfanato del PANI.  O del simple hecho de que el Seguro Social de uno cubra la enfermedad del otro.

Estoy hablando de los mismos derechos que le fueron otorgados a las parejas de unión por hecho.

Derechos civiles.

Derechos que hemos adquirido por haber nacido en este país, pero que se les ha sido arrebatados por ser diferentes a la norma.

A modo de cierre aleccionador: si a los cristianos del mundo anteponen el mandato divino, yo solo les quiero recordar Mt 22; 37-40.  Si piensan que es una error que homosexuales críen niños, sepan que los culpables de la epidemia de violencia contra los niños en el país, en su mayoría, son los padres naturales que agreden a los hijos que parieron.  Si piensan que el sexo entre hombres es una aberración, acuérdense de las veces que le han pedido a su novia “hacerlo por detrás”.  Si piensan que el sexo entre mujeres es contra natura, no se les olvide que la fantasía número uno de muchos hombres es tener a dos mujeres en su cama y no para jugar UNO, digamos.

Familia Lutes-Stein de Texas. Pueden leer sobre ellos en dandole click en la imagen

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