Desabrochando a Martha

Posts Tagged ‘Familia

TODAVIA!!! #doñaYelba #89 #cumpleaños #tresleches #yum #nomnomnom #feliz #fiesta

A post shared by Martha Iris Torres Solano (@lamarthicatowers) on

Martes a las 8:30 ya tengo la práctica de los últimos 15 días de contestar el celular apenas sonara.  En media reunión telefónica con gente de todo el mundo, apenas me salió un excuse me, excuse me…  ¿Cómo se dice en inglés que a Yelba le quedan horas por vivir? … I gotta go, my grandma is in the hospital, my mom just called, hours left… bye…

¿Cuál es su nombre? ¿Yelba de Solano?  No, ¿Yelba Chaves?… Yelba Moreira… mi abuela está falleciendo en el cuarto piso… la desesperación en mi cara debió de ser muy explícita porque el de seguridad ni revisó los permisos, solo me dejó pasar.

Poco a poco, miembros de mi familia fueron llegando para tener unos minutitos a solas para desearle buen viaje, saludos al abuelo, perdonar, tranquilizar, decir adiós.  De verdad, ¿alguien se ha puesto a pensar qué es lo que se le dice a esa persona que está a punto de morir?

Las horas se hacen eternas en la espera más angustiosa de la vida.  Además de ser paradójica porque no querés que muera.  Pero por lo mismo, querés que ya descanse, que no vuelva a sufrir, que no le duela nada.  ¿Será por eso que se llama agonía?  ¿Se referirá más a lo que uno siente que a lo que ellos pasan?

El doctor nos explica que no hay una forma de saber cuánto tiempo durará: a como pueden ser unos minutos, han habido casos que duran hasta dos semanas.  Así es que decidimos irnos a descansar a nuestras casas, excepto doña Martha.  La muerte de mi abuelito Bertilio, solo en una silla de la sala de Emergencias, esperando a ser atendido, ha dejado huella y por eso se rehúsa a dejarla.

Yo no puedo dormir.  Gracias Dios por Netflix.

A las 12:30 mi corazón late a mil por hora cuando siento el teléfono vibrar.

“Ya mi mamá está descansando”

“Ya voy para allá.”

En la sala del hospital, una prima está llorando, doña Martha hablando con su hermana y yo estoy sosteniéndole la boca a Yelbis para que no se le abra, con los ojos cerrados porque tengo la peor relación con la muerte: no me gusta verla.  Pero por más que los apreto, no paran de salir lagrimas… ¿qué es este dolor tan terrible en el corazón?

Todo fue tan rápido y, al mismo tiempo, tan largo.

Si me preguntan, yo estoy tranquila, aunque me siento en un limbo porque no estoy ni bien, ni mal.  Solamente estoy.  Lloro cuando me acuerdo de momentos específicos, como hace unos meses cuando murió Pita, la mamá del proge: por alguna extraña razón, yo sentía a Pita como la abuelita chineadora quien me llevaba a comprar leche de caja porque yo no tomaba de vaca.  Yelba era más como la abuela que cuidaba todos los días, por eso y mil razones más, era más fuerte, regañona, que demostraba su cariño a su manera.

Después del funeral, me fui a la casa de Yelbis.

“¿Qué te pasó?  ¿Por qué andás triste?”

“Murió Pita”

“¿Quién era ella?”

“La mamá del proge”

“Entonces, ¿qué era tuyo?”

“Mi abuelita”

Silencio

“No te preocupés, que todavía te quedo yo… vení, sentante a la par mía.”

O cuando me acuerdo que hace un mes, ya se le iba el patín y juraba, por un Dios en los cielos, que estaba cumpliendo años.  ¿Qué hace uno en esos momentos?  Llevar flores, comprar queque y celebrar.

Cuando estaban metiendo su cajita en el nicho, a doña Martha se le ocurrió una idea maravillosa: si doña Yelba fue siempre tan graciosa, con un sentido del humor tan espectacular… qué mejor manera de despedirla que contando aquellos momentos graciosos, como cuando me invitó a tomar café para confirmar mi sexualidad.  Todas nos acordamos que para los cumpleaños nos regalaba cosas que ella ya no usaba, pero que debían de tener algún valor para ella, como el famoso fustán para vestido de novia.  De la vez que salió de una tienda de Bush Gardens con un mono de peluche, que hasta la tarde se dieron cuenta que no lo había pagado nadie y aun así, se lo quería vender a otra prima.

En la homilía, el padre decía que teníamos que pedir mucho a Dios, que debíamos tener “…la esperanza que está en el cielo…”

La Esperanza, Yelba Esperanza, está en el cielo.

dc

 

Por cosas de la vida, tenía un boucher para un tiquete aéreo que, según yo, se vencía en noviembre.  Pensando en la maratón de los marines en octubre, decidí usarlo.  Intenté comprarlo por internet pero no funcionó.  Cuál fue mi sorpresa cuando llamé al call center y me dicen que se vencía en dos semanas.

No me quedó de otra que usar la lógica: gastar dinero para no perder ese dinero.

Por lo que terminé tomando unas ligeras y rápidas vacaciones a Washington, D.C., que resultaron ser mucho más provechosas de lo que me imaginaba.

Día 1 – La llegada

En mi cabeza, yo tenía que estar a las 6:00 am en el aeropuerto… pero en realidad, abordaban en 20 minutos para cuando llegué al counter.  Corrí el Juan Santamaría como si mi vida dependiera de ello y llegué justo a tiempo.

En Atlanta, la escala, también corrí: en dos horas tenía que pasar migración, las maletas por aduanas, seguridad, montarme en el trencito para llegar a la puerta B de la puerta E, comprar almuerzo y esperar a ver qué sucedía con mi siguiente vuelo.  Vale decir que lo logré y hasta me dio tiempo para comprar chicles.

Llegando a Baltimore, tomé un bus donde conocía un ruso muy buena gente que viene de una ciudad que se llama Ufa (merezco puntos extra por no reirme)  En la parada final, me recogieron mis amigos, a quienes no veía hace 6 años y quienes me dejaron quedarme en su casa.  Es sorprendente como los olores de una casa no cambian y te hacen traer muy buenos recuerdos.

Día 2 – La turistiada

Mi cuerpo está funcionando tan raro que, últimamente, solo duermo 5 horas.  A las 2 de la mañana ya estaba despierta leyendo conceptos básicos de Lacan para el curso que estoy llevando en la U.  Tres horas después, me puse tenis, shorts, camiseta, audífonos y fui a tomar el metro para cumplir un sueño absurdo, pero sueño al fin: correr en el The Mall.

Hay dos cosas chivas de correr ahí: hay muchos corredores a esa hora (entonces, no vas sola) y podés hacer el tour de monumentos, sin la cantidad extraordinaria de pubertos que andan de “field trip”.  Empecé al frente del Museo de Historia Natural, bajé al Monumento de Washington, pasé el Monumento a las Segunda Guerra Mundial, seguí hasta llegar al de Lincoln, justo a la par de la Piscina Reflectante.  Doblé a la izquierda para toparme con el de los Veteranos de la Guerra de Korea, crucé la avenida para toparme con el Monumento a Martin Luther King Jr (que no había visto), seguí la orilla de la Cuenca Tidal (donde todavía se pueden oler los cherry blossoms) para llegar al Monumento de Jefferson, pasando por el de Roosevelt.  Al final, le di un par de vueltas al National Mall hasta completar la hora que tenía que correr, pasando al frente del Capitolio, donde están haciendo remodelaciones y no se puede apreciar muy bien que digamos.

Dos metros (trenes) y una ducha después, ya estaba de vuelta en la calle, buscando Ben’s Chili Bowl: porque lo que es bueno para el Presidente, es bueno para mí.  Tomé suficientes energías para la caminada que me esperaba para llegar a Georgetown.  Ahí subí las gradas del Exorcista, caminé un poco por el canal y la calle M… pueda ser, o no, que haya hecho una o dos compritas… eso no lo sabremos…

Y como lo único que uno hace cuando va de viaje es comer, me fui para Georgetown Cupcakes.  ¡Por el amor a lo que es Santo y Bendito!  ¡Qué sabor el de ese Red Velvet y qué exquisito el de Caramelo salado!

Con las baterías cargadas, volví a pegarme la caminada sobre el puente del Río Potomac para llegar al metro y dirigirme al Mall.  Mi objetivo: buscar todas las obras de Andy Warhol.  Si no saben quién es, pues déjenme decirles que es uno de los artistas pop estadounidenses más conocidos en la historia de la vida y todavía utilizamos la famosa frase y concepto de los 15 minutos de fama.  Esto me hizo pasar por el Hirshhorn Museum, la Galería Nacional de Arte y la Galería Nacional de Retratos (al cual voy a regresar apenas tenga oportunidad) y pude ver obras hermosas de Pollock y Picasso.

Para este punto, el dolor de pies, tobillos y rodillas era tan terrible, que pude haber llorado si me lo hubiera propuesto.  Pero, aun así, jugué de machita para ver que ofrecía Old Navy, Target y CVS… porque un viaje a la yunai no es viaje si no se va a esas tiendas.

Día 3 y 4 – Visitando familia

Como ya les había contado, yo viví mi año de intercambio en esta ciudad.  Tenía que ir a visitar a mis familias anfitrionas.  Empecé con los Russings, que me recibieron cuando me echaron de mi primera familia (historia larga que algún día contaré).  Estuve con ellos un par de horas, poniéndonos al día: ellos contándome de sus nietos y yo hablándoles de mis planes.

Al medio día, fui a la casa donde terminé mi intercambio: los Merida-Britt.  Después de muchos besos, abrazos y almuerzo, Donna (cc: Mom) me llevó a ver a la abuela (cc: Grandma) que estaba en el hospital por una neumonía.  Fue hermoso ver a esta señora de 91 años acordarse de mí, alegrarse de tal manera que hasta las maquinas le empezaron a bipear.

Después de ver el final de Undercover Boss, la dejamos descansar y nos fuimos a H&M, una de mis tiendas favoritas.  Una blusa y un collar después, fuimos a tomar una siesta… porque el cuerpo resiste cierto grado de emoción, sin necesitar un descanso… necesario para salir a cenar.

El domingo me levanté temprano, me puse las tenis y fui a correr.  Lo bonito de ese vecindario es que es estar en un bosque.  No voy a negar que me dio un toque de miedo porque uno anda los barrios del sur en el corazón, sin dejar de lado que ahí apareció la Bruja de Blair… pero apechugué y completé los 10k que me había propuesto.

Todo el día lo pasé viendo televisión, acurrucada en el sillón del que fuera el “Meditation room” o cuarto de meditación (pero que siempre tuvo un TV, un DVD, miles de películas en un librero y hasta videojuegos)

Antes de despedirnos, fuimos a Panera (poque hay que ir cuando se va a la yunai) y a dejarle comida a Grandma.  Al salir, el carro no estaba.  Mi pensamiento criollo pensó: se robaron el carro y ahora, vamos a terminar en la policía, esto va a durar horas y yo no ando mi pasaporte y bueno…  El pensamiento de Mom fue: se lo llevó la grúa por estar mal estacionado.  Adivinen cuál tuvo la razón.

Día 5 – La parida La partida

Una vez más, a las 5 am ya estaba buscando vida.  Bañada, perfumada y arreglada, me fui a desayunar al Starbucks más cercano.  Después, al Target a comprar chocolates y necesidades: cherevecos con los que me acostumbré a vivir, pero que no venden en Costa Rica… porque yo soy así

Con suficiente tiempo, regresé a la casa donde me estaba quedando y que se habían ofrecido a llevarme a la parada del bus.  Pero conforme pasaba el tiempo, no se movían con suficiente velocidad como para llegar holgados de tiempo.  Desde ahí comenzó la tragedia griega.

No me pude despedir como Dios manda porque llegué apenas para tomar el bus.  Al llegar al aeropuerto, en vez de seguir mis instintos, seguí al idiota que dijo que la primera parada era la puerta a la aerolínea a la que iba.  Pues no: me tocó recorrer de esquina a esquina.  Chequié la maleta, pasé seguridad, compré chicles y agua, para llegar a la puerta de embarque y darme cuenta que, por tormentas eléctricas en Atlanta, el vuelo estaba atrasado.

¿Qué es lo mejor que uno puede hacer en ese momento?   Comprar carbohidratos y líquidos, porque uno no sabe cuánto tiempo va a tener que esperar.  Una hora después, ya estábamos abordando y por dicha estaba sentada al frente, porque llegué 20 minutos antes de que cerraran las puertas de mi segundo vuelo.  En esta ocasión, tenía que salir de la puerta B a la E… ¿mencioné que el aeropuerto es tan grande que tiene un tren interno?… Fui la última en entrar, gracias infinitas al Todopoderoso, porque si no, hubiera tenido que dormir en el aeropuerto y tomar un vuelo al día siguiente.

Cuando el avión salió de la manga, comenzó una tormenta de 30 minutos que no nos dejó despegar.  Por dicha, una vez más, soy una mujer súper precavida y andaba un sándwich que había comprado en Panera (tip que aprendí de mi queridísima hermana)  Cuatro horas después, estaba aterrizando en el Juan Santamaría y llevándome el pasmo de que mi maleta andaba en el limbo aeroportuario del mundo, por lo que tuve que regresar al día siguiente a recogerla: empapada de la tormenta en Atlanta.

~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~

Hubo muchas cosas que no hice (Cementerio de Arlington), amigos que no pude ver (Alison, Raquel) y comida que no pude comer (Chipotle, Olive Garden)… pero no hay de qué preocuparse, que ya queda poco para regresar.

¿Qué otra cosa haría ustedes en la capital gringa?

Terry

 

Llegó a mí hace 18 años y la devolví al cielo hace tres semanas.

Todo comenzó cuando tuvimos que poner a dormir a mi primera perrita, Pity.  Por un momento el proje pensó que me estaba volviendo loca porque no lloré desgarradamente por mi pérdida, así es que comenzó la búsqueda incesante de una sustituta.

Terry era la última que quedaba en el veterinario.  Todos habían sido regalados, excepto ella.  El primogénito de mis padres no pudo más que decir que era obvio, por lo orejona y fea que era… pero ante mis ojos era la perrita más hermosa que jamás había visto.

Desde entonces, ha sido una vida llena de amor al llegar a la casa, con colitas que se movían de alegría y saltitos de emoción. Gruñidos cuando algo no le gustaba y gruñidos de risas cuando jugábamos carreritas.  Siempre estaba acompañada, incluso cuando salía al patio a fumarme un cigarrillo, ella se sentaba detrás de mí… viendo la vida pasar…

Con la edad, vinieron las convulsiones típicas de su raza predominante.  Con el tiempo, aumentaron las carreras al veterinario.  Con los días, aumentaron los signos de su senilidad: caminaba sin parar, hacia pipi-pupu en cualquier parte de la casa, se enojaba con facilidad, le ladraba a la nada.

Un día, sus ojos daban vueltas por todas sus orbitas, daba vueltas, su lengua afuera, no podía moverse fluidamente: su hígado estaba fallando y se estaba intoxicando.  Desde ese momento, todo fue cuesta abajo.  Al poco tiempo nos dimos cuenta que tenía el corazón más grande y que le apretaba sus pulmoncitos, por lo que no podía respirar.  La senilidad era más evidente.  Le costaba dormir, le costaba comer.

Así es que  tuve que tomar la decisión más difícil y fuerte de mi vida porque ya no podía verla sufrir más. Ya eso no era calidad de vida… y después de tantos momentos maravillosos que ella me había regalado, lo mínimo que podía hacer era darle una muerte digna.

Llamé a mi hermano, quien me acompañó.  Caminando hacia la veterinaria, no podía dejar de llorar, ella sabía que algo pasaba.  La veterinaria la revisó, me preguntó sobre los medicamentos y confirmó lo que ya sabía.  Le puso un medicamento para relajarla y nos dio un momento a solas.

Ahí le expliqué lo que pasaba, le dije cuánto la amo, cuánta falta me hace, que ya era el momento que descansara y que yo iba a estar ahí, tomándole la patita hasta el último momento, porque ella estuvo conmigo siempre.  Este no era el momento para apendejarme.

Así lo hice, hasta el final.

La amo con todo mi ser porque no fue solo una perrita, fue mi bebé, mi compañía y hasta confidente.  Todavía duele tanto, que me es imposible no llorar en escribiendo esto.

Gracias a todos los que compartieron con ella, a los que la hicieron feliz, a los que preguntaban cómo estaba, los que le mandaron cariñitos.

La vida continua, con una angelita que nos mira desde lo alto.

Isabella

Isabella Grace es un rayito de luz que llegó a iluminar la vida de mi familia.  Es la bebé más hermosa que ha vivido en esta Tierra, con una sonrisa que dura horas, unos ojos deseosos de descubrir, unas manos y unos piecitos que dan ganas de comérselos a punta de besos… es que es tan preciosa, que si yo pudiera, la abrazaría por las eternidades enteras y nunca jamás la soltaría.

Sí, damas y caballeros, soy una tía tremendamente enamorada de mi sobrina.

Hace más de un año cuando mi hermana llamó para contarme que estaba embarazada, lloré, grité, brinqué y entré en un estado de shock tremendo.  Creo que todos estábamos ligeramente asustados de la expectativa porque, verán, este es el lado de la familia que se ha rehusado a procrear… practicar, eso es otra cosa… pero ya concretar el trato… pues ha costado casi diez años.

Todos mis primos ya tienen uno o dos o más hijos, excepto nosotros.  Al punto que, alguna vez, doña Yelba, en alguno de sus tantos momentos de convalecencia, dijo: “A mí solo me falta ver un bisnieto del lado de ustedes… ¿cuándo te vas a casar para que tengas hijos?”   Igual que siempre, mi respuesta fue la misma: “Yo no voy a cargar con la culpa de tu muerte, por eso ni me caso, ni tengo hijos.

Mi hermana vive en un pequeño pueblo del norte del continente al que me gusta llamar Potatoland porque de verdad es un pueblo, pueblo, pueblo.  Eso hace que ver el desarrollo y crecimiento de la pancita de mi hermana fuera algo difícil, pues solo se podía por fotografías.  Con mucho esfuerzo y sudor, logré ganarme un tiquete que aproveché para ir a visitarlas.

¿Qué es lo primero que una hace cuando ve una panza de embarazada?  Ponerle las manos en la barriga para sentir si pateaba o se movía.  ¿Qué fue lo primero que mi hermana hizo apenas me le lancé encima en el aeropuerto?  Hacerse para atrás porque nadie le había tocado la pancita… así de diferentes son las culturas en otros países.

Apenas supe la fecha esperada del nacimiento de este bodoquito de amor, hice planes, compré el tiquete, me puse la vacuna de la influencia, compré cuanto chereveco podría necesitar (o que doña Martha dijera que podría necesitar) y me fui el primer mes de vida de esa espectacular niña, para ayudarle a mi hermana en lo que necesitara: cuidarla de noche, darle chupón, cambiarle pañales, limpiarle el ombliguito, cuidarla en el asiento de atrás cuando íbamos a pediatra o a donde saliéramos… iba a estar a su disposición cuando me necesitara…

El día que nació estaba en la oficina.  Cuando mi mamá me llamó para contarme, lloré porque eso es lo una hace cuando es así de culiola.  Lo siguiente fue preguntar como tenía la voz, porque una es así de rara.  Cuando las fotografías comenzaron a llegar, lloré.  Cuando le conté a todos mis amigos, lloré.  En la fiesta de cumpleaños de mi mejor amiga, cuando alguien me preguntaba porqué estaba tan sensible y enseñé las fotos de Isabella, lloré.  Puedo decir que duré una semana llorando de la emoción.

Finalmente, una semana después de su nacimiento, doce horas de viaje y una hora que nos perdimos cuando del aeropuerto a la casa,  la tuve en mis brazos, la miré por primera vez en vivo y a todo color… era obvio: lloré.

Creo que lo más difícil de esta maravillosa experiencia es la distancia porque nuestra relación se basa en muchas en fotos y algunos videos que nos mandan por Whatsapp.  Sin dejar de lado que, en ocasiones, cuando llamo a doña Martha oigo los gritillos de emoción de Isabella porque está viendo Princess Sophia o está jugando o pidiendo atención.  Tengo que admitir que, cuando la vida no me deja dormir, me pongo a ver los videos y eso me llena de paz.

He intentado buscar palabras para poder explicar el amor tan incondicional que uno siente por una sobrina, pero es que de verdad no he encontrado.  Solo voy a decir que, por ella, consideré irme a vivir a dicho país, aún y a pesar de que no me gusta para nada… pero solo el hecho de tenerla cerca, verla crecer, cuidarla, estar ahí, me haría olvidar cualquier pendejada que pueda sentir.

Lo único que digo es que si así se siente tener una sobrina, no puedo imaginarme lo que se siente tener uno propio.  Ahora sí, cuéntenme,¿cómo fue cuándo nacieron esos repollitos de dulzura en sus familias?

Ufff… no puedo creer que ya se está terminando enero y no haya publicado mi resumen romántico de lo maravilloso que estuvo el 2013. Me tengo que dejar de varas, el año pasado solo cosas majestuosas:

Isabella Grace Volver a ver amigos de AFS DC Area 2000 – 2001 Lindora Run Doña Martha is in da house Miami por la pista #Potatoland gratis   Tine y su familia Back to la soltería White Christmas White #Potatoland La visita de Obama Anita en BerlinCollage

Y un año no se puede terminar sin los top 3 en música, libros, películas… mariconaditas, pues: Musica

  1. Weightless
  2. Wame up
  3. Roar

Libros

  1. La caída de los gigantes
  2. The Help
  3. El invierno del mundo

Películas

  1. Catching fire
  2. Silver Linings Playbook
  3. Despicable me 2

Ciudades

  1. Berlin
  2. New York, New York
  3. Mount Joy

Comidas

  1. Mejillones  al vino (Brujas)
  2. Ancas de rana (Mount Joy)
  3. Tamal navideño regalado

Tecnología

  1. Samsung Galaxy SIII
  2. Kindle Paper White
  3. Garmin 210

Finalmente, quiero compartir con ustedes mis 10 propósitos, científicamente comprobados de que voy a mantener durante el 2014:

1.       Regresar a la U

Ya voy por la tercera semana de Fisiología y Filosofía para lograr un Bachillerato en Psicología.  ¡Preparensen, que voy al acecho del psicoanálisis!

2.       Darme un chineito una vez al mes

Como lo diría mi amiga Shir: jugar de esposa adinerada y mantenida, que puede pasar un día entero metida en el Spa, haciéndose masajes, pedicure, manicure y demás enseres de belleza.

3.       Comer más saludable

Yo siempre he comido saludable, pero no sé qué pasó en los últimos tiempos que caí en las garras de la comida de bar.

4.       Volver al movelo que se apelota

El otro día pasaba por un gimnasio josefino y si el dueño es la carta de presentación, considero que mi retina se merece ir a disfrutar de las bellezas adónicas que visitan dicho establecimiento… además, tengo que hacer mucho músculo para no lesionarme cuando corro.

5.       Jugar más

Les recomiendo que escuchen a Brené Brown y su TED Talk sobre el poder de la vulnerabilidad.  Escúchenlo, le pueden poner subtítulos en español… sólo dejen que la cascada de sabiduría científica corra por sus venas: la gente que es genuina y verdaderamente feliz invierte mucho de su tiempo jugando y ese es el objetivo de mi año. (Candy Crush is my name, #modafoka!)

6.       Revivir el valeverguismo en mi

No quiero seguir dándole importancia a tantas estupideces como… uy si, compartieron mi blog 7 veces en un día y wow, 5 personas le dieron like a mi estatus de FB… pffffff!, como si eso fuera vivir.

7.       No viajar

Mi familia no me  cree.  La gran mayoría de mis amigos se ríen en mi cara.  Pero es cierto.  Voy a esconder mi pasaporte y el 2014 va a ser conocido como el año en el que ni fui a ver aviones despegar a La Candela.

8.       Publicar por lo menos una vez a la semana

Que por cierto, no lo he logrado…  Así es que por eso me estoy volviendo más seria al respecto.  Esta soy yo… siendo seria… escribiendo… seriamente…. Yo sé que pueden sentir la tensión en la habitación…

9.       Seguir corriendo por el gusto de correr

En los últimos tiempos, me sentía como en la obligación de hacerlo.  Le estaba perdiendo el gusto y la disposición a ponerme las tenis.  Estaba entrando en una rebeldía por culpa de agentes externos, así es que ¡ni mierda!

10.   Acostarme temprano para poder levantarme temprano

Yo sé que esto es algo revolucionario en mí porque soy de naturaleza nocturna: estudio, leo, escribo, entiendo los misterios del Universo y constantemente, encuentro la solución al problema de la Isla Calero después de las 11 de la noche.  La cuestión es que, al día siguiente, tengo que hacer las famosas power naps y ando como una zombie ojerosa por el mundo.  Aunque no lo crean, tengo una alarma en mi celular para apagar todo a las 9 de la noche.

Por supuesto, no quiero terminar sin darles las gracias por su apoyo en el 2013.

Espero que sigamos cultivando esta hermosa relación bloggera-lector durante este año… yo escribiendo y ustedes comentando… me encantan cuando comentan… … lo cual me lleva a que comenten y me digan qué fue lo mejor de su 2013 y que cuales son sus propósitos para el 2014, ¿cómo les ha ido manteniendo su propia palabra ante ustedes mismos?

Regalos

Regalos

El sábado me fui de maratónica con doña Martha para comprar regalos de Navidad… ¡qué cosa más terrible!  Esta mujer de Dios no es de baterías: es de luz solar porque pasamos casi 8 horas, entrando en casi todas las tiendas de todos los centros comerciales y no paró ni para tomar café.

Yo solo hice rabietas tres veces por hambre, grité dos veces y en cinco ocasiones supliqué que nos fueramos para la casa… porque en ese sentido, soy más práctica: yo sé qué voy a comprar, a dónde y cuánto me va a costar.

Eso sí, llegar a este nivel de Nirvana Regalístico no ha sido fácil.  Preguntar a las personas que quieren, es desesperante cuando te salen con una de dos:

  1. Yo no necesito nada, lo tengo todo.
  2. Cualquier cosita me va a ser feliz.

O peor aún, cuando salen con que esta época no es para regalar, porque ese es un plan de mercadeo para que derrochemos dinero y que debemos pensar en los más necesitados… blah, blah, blah… o como dijo Annita en su blog: “Me hace pensar que Ud. posee una leve tendencia al comunismo…”

Por eso, he desarrollado tres técnicas infalibles e invencibles, para no terminar regalando un despertador o un lubricante (como sé que ha pasado):

Los no-no

Hay cosas que nunca es buena idea regalar, ni aquí ni en la China, como los electrodomésticos para la mamá… a menos que la mae le encante cocinar y siempre haya querido una KitchenAid.  Si alguno de mis futuros hijos por nacer me regala una refrigeradora, es muy probable que le ponga un candado y la llene de comida que yo solo voy a devorar … ¡porque es mia!

Otro regalo que nunca se debería dar es aquel que genere más responsabilidades de las que la persona desea.  Esto va desde mascotas, hasta suscripciones por 3 meses en Netflix.  ¿Quién le garantiza que su prima va a tener el dinero para seguir pagando por su suscripción en Audible de Amazon?

Finalmente, los regalos para “mejorar a la otra persona”… como un libro de cocina para que deje de quemar las ollas o un Orbitrek para ver si rebaja los kilos demás, acumulados de las últimas 5 navidades.  La verdad es que va a ser un desperdicio de dinero porque NUNCA lo va a utilizar.

La lista

Melili, mi mejor amiga, y yo tenemos más de 7 años de ser las mejores amigas en esta Tierra y la confianza nos ha llevado a lo que llamamos La Lista.

Unos días antes de cualquier fecha que conlleve a un regalo, solo nos mandamos un mensaje pidiendo de 5 a 10 cosas que nuestro corazón capitalista desea y no puede vivir un día más sin él.  Con una idea del presupuesto de ambas, mandamos mensajes de lo que podría ser: desde el último libro de Ken Follet, hasta una gorra para correr, una blusita o mil chucherías.

Hemos llegado a ser tan específicas hasta de mandarnos foto, talla, precio y tienda.

Lo mejor de todo es que sigue siendo una hermosa sorpresa porque La Lista no significa que eso es lo que nos vamos a regalar, pero si nos da una idea general de lo que podría ser… no sé, pueda que Melili reciba una almohada de viaje en forma de chancho… o el disco de Kathy Perry… solo yo lo sé… (ñaca, ñaca)

Los regalos que todos amamos

La empresa para la que trabajo siempre da un regalito para el día de la madre.  Casi cuatro años después, todas las mamás de la empresa hablan de la vez que les dieron un certificado para un masaje en un spa y todos los años esperan que sea lo mismo.

Eso es lo que yo llamo un regalo que todos amamos.

Otro ejemplo de estos son las canastas llenas de cosas bellas y ricas.  Melili me dio la idea el año pasado, cuando compró varias canastas y las llenó de delicatessens.  Las canastas o bolsas, pueden ir llenas de comida (botellas de vino, jaleas, quesos, galletas, queque navideño) o de chucerías (lapiceros, maquillaje, tarjetas de regalo, medias, juguetes, ropa interior) o cosillas de primera necesidad, pero que su precio es ligeramente elevado como para comprarlo todos los días (jabón Dove, crema Ponds para la cara, jabón de ducha Lactovit)

Tarjetas de regalo

Esto una de las mejores cosas que los gringos han podido inventar, después de Facebook y el lapicero para escribir en el espacio.

La cuestión es nada más saber cuál es la tienda o el restaurante favorito, dirigirse a él y decir que se va a comprar la tarjeta por X cantidad de dinero.

Algunos dicen que es feo porque es como regalar plata.

Yo lo llamo práctico.

Escuchar y observar

Gracias a este método he sido calificada como la mejor regaladora entre familia, amigos y novios.   Es muy sencillo: solo necesita que agudice sus sentidos la próxima vez que vaya de compras con esa persona.

Simplemente se trata de escuchar las mil y una cosas que la persona dice que son sus favoritas o que siempre anda pidiendo prestado, pero que todavía no va a comprar aunque las necesite.

Como a doña Martha, quien ha pasado toda esta semana diciendo que no tiene secadora de pelo y que qué útil que es en el invierno… ¿pues adivinen qué es uno de sus regalos? (no os preocupéis, que ella nunca lee mi blog)

O mi hermano el Macho, quien tiene una obsesión severa con Superma y Spiderman.  Su programa favorito es Smallville y para una Navidad, le regalé una camiseta roja y otra azul porque así se vestía Clark.

**************************************

Quiero tomar un momento para desearles  la mejor de las Navidades, que lo pasen junto a las personas que más aman y disfrutando del tiempo libre que genera la época.  Recuerden que más allá de ser el recuerdo cristiano del nacimiento de Jesucristo, es la época mundana para estar con la familia, pedir perdón, recargar energías y comer como degenerados.

Si van a alcoholizarse, no conduzcan maquinaria pesada como automóviles… y que el camino del alcohol no los lleve por el guaro vaquero.

Tengo la eterna fortuna de poder expresar mi cariño a la persona que quiero en lugares públicos, cuando andamos de la mano o el esporádico piquito marcaterrenos.  Soy feliz porque hoy podría ir a cenar, bailar y disfrutar una maravillosa velada con mi maravillosa pareja, si quisiéramos.

Tengo la esperanza y la seguridad que, si la vida lo dispone y el tiempo así lo permite, vamos a poder compartir nuestras vidas y tener la boda del siglo.  Si no podemos tener hijos, podríamos adoptar algún pequeñín sin mayor problema.  En conclusión, seguiremos expresando nuestros verdaderos sentimientos sin que nadie los bombardee con odio.

Yo tengo la fortuna de disfrutar de un derecho inherente porque me gusta un hombre y yo soy mujer.

Eso es algo que se dio.  No me acuerdo escuchar a doña Martha repetirme que  me tenían que gustar.    Tampoco me acuerdo de haberme sentado con mi Barbie y mi Ken a pensar los pros y los cons de que me gustara uno u otro.  En otras palabras, no fue una decisión o una obligación.

Simplemente me gustaba Leo, un compañerito del kínder, y le dije que si quería ser mi novio.  A lo que respondió que bueno, pero que él era novio de Steph.  Creo que en ese momento formamos el trío más joven del mundo… pero no duró mucho porque, eso de estar compartiendo mi hombre, no es lo mío.

A como es natural para mí, es de natural para los hombres que les gustan las mujeres y para los que les gustan los hombres y para las mujeres que les gustan las mujeres.

Las mismas bellas mariposas sentimos unos, a como sentimos los otros cuando vemos a la persona que amamos.   Por culpa de los nervios, también hacemos las mismas ideoteces frente a esa persona.  Igual que vos, todos pensamos en ese ser especial cada segundo de nuestro día.

Entonces, aquí hay algo que no entiendo.

Si esto se da por naturaleza propia de cada uno y todos tenemos tantas cosas iguales, ¿cómo puede ser posible que, la única diferencia, sea la que haga que no se les den los mismos derechos?

El otro día vi un video en youtube (mi nuevo mejor amigo) de una legisladora republicana del estado de Washington, quien defendía la unión civil entre personas del mismo sexo.  Ella comenzó hablando de cómo vivió muchos años con el hombre al que ama, hasta que él falleció.  Ella decía que de todo lo que quería tener de vuelta, lo último era el sexo y no porque no lo disfrutara.  Lo que más extrañaba eran todos esos momentos que habían construido juntos, todos esas anécdotas graciosas, esos dulces recuerdos que solo puedes compartir con la persona que amas.

Justamente es eso lo que no se les puede negar a una pareja del mismo sexo porque es inhumano, es una crueldad.

Estoy de acuerdo con ella que es responsabilidad y deber de nosotros, la mayoría, responder por los derechos de la minoría.  Es nuestra obligación como seres humanos pelear por su amor, para que sea respetado como cualquier otro que crezca en cualquier parte del mundo.

Ahora bien, yo aquí no me estoy metiendo a la iglesia ni a la religión.  Yo no estoy hablando de sacramentos.  Yo estoy hablando de uniones civiles, donde ellos puedan compartir los mismos derechos que vos  podrías compartir el día que te juntés o te casés.

Me refiero a casos como el de un conocido quien terminó en la calle después de que su novio falleciera y la familia no respetara el testamento donde le dejaba todos sus bienes a su pareja.  Él no pudo reclamar porque no hay ley que le ampare.  Hablo de casos de parejas que desean, fervientemente, darle un hogar y ser los padres de algún huerfanito, quien están viviendo un infierno en algún orfanato del PANI.  O del simple hecho de que el Seguro Social de uno cubra la enfermedad del otro.

Estoy hablando de los mismos derechos que le fueron otorgados a las parejas de unión por hecho.

Derechos civiles.

Derechos que hemos adquirido por haber nacido en este país, pero que se les ha sido arrebatados por ser diferentes a la norma.

A modo de cierre aleccionador: si a los cristianos del mundo anteponen el mandato divino, yo solo les quiero recordar Mt 22; 37-40.  Si piensan que es una error que homosexuales críen niños, sepan que los culpables de la epidemia de violencia contra los niños en el país, en su mayoría, son los padres naturales que agreden a los hijos que parieron.  Si piensan que el sexo entre hombres es una aberración, acuérdense de las veces que le han pedido a su novia “hacerlo por detrás”.  Si piensan que el sexo entre mujeres es contra natura, no se les olvide que la fantasía número uno de muchos hombres es tener a dos mujeres en su cama y no para jugar UNO, digamos.

Familia Lutes-Stein de Texas. Pueden leer sobre ellos en dandole click en la imagen

Familia Lutes-Stein de Texas. Pueden leer sobre ellos en dandole click en la imagen


Recibe un correo con el último post... bajo su propio riesgo de perder la cordura al leer tantas tonteras en un solo lugar!!!
... ¿quién dijo miedo?...

Categorías

Historico de las historietas

¡Protegido por derechos de Autor!

Escuchen bien, niñas y niños de la creación:
He pasado por muchas marthadas y momentos de angustia sudor y lágrimas, como para que alguien más lo tome prestado y sin permiso.
Robar es malo, malo, malo.
¡Los que roban se van al infierno, con el resto de sus amigos!

Actualizaciones de Twitter

A %d blogueros les gusta esto: