Desabrochando a Martha

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La verdad es que es muy difícil aceptarlo tan públicamente como en un blog.  Yo siempre lo he sabido, desde pequeña en realidad.  Es más, creo que mis papás y mis hermanos siempre lo sospecharon, pero no era un tema que se hablara abiertamente… es decir, mi conversación sobre sexualidad con doña Martha se dio a mis 18 años, en la romería antes de irme de intercambio, cuando ella me señaló una valla de condones Durex y me dijo: “bueno… ya sabe…

Así es que esto de hablar de cuál era mi preferencia sexual, no era algo que se diera.  En fin, lo cierto es que a mí siempre, desde pequeña, me han gustado los hombres.  Es más, a los 5 años le pedí a Leonarndo García que fuera mi novio, pero me dijo que no porque era novio de Stephanie.  Eso no impidió que en todas las fotos de anuario yo saliera viéndolo, con ojos de vaca ahorcada.

Ufff… la verdad es que es un alivio admitir mi heterosexualidad y que todo el mundo lo sepa de una vez por todas: me gustan los hombres,  me encantan los hombres.

…así es queeeeee… ¿qué hay de comer?…

Suena raro, ¿verdad?

O sea, ¿qué es este tipo de payasada, Martha?  ¿Qué te está pasando por la mente?

Bueno, si les parece una tontera que yo haya admitido que soy heterosexual, ¿por qué es una necesidad que nuestros amigos homosexuales lo admitan públicamente?  ¿Qué es ese deseo casi mórbido de señalar al otro para poder ponerle una etiqueta?  ¿Qué será?  ¿Pensamos que los vamos a rescatar de sus ataduras y le vamos a otorgar la libertad ansiada de ser lo que son?  ¿En serio pensamos que tenemos ese poder?  ¿O será más bien que lo ocupamos para poder hacer/resistir chistes denigrantes, ponerles apelativos despectivos y asegurarnos de no salir medio chingos delante de ellos porque y vaya a ser que les guste todo esta belleza que hizo mi mamá y Dios me dio.?

No me tomen a mal: entiendo que hay una necesidad individual por aceptar el verdadero Yo con todo y ángeles, demonios y bestias. Si es su deseo admitirlo porque ya no puede más, no puede seguir aparentando lo que no es o simplemente le dio la regalada gana… pues hágalo, que aquí todos creemos ser libres.

Mi crítica es hacia todas las personas que exiguen que alguien “lo admita”, es hacia ese egocentrismo, ese narcisismo que sentimos por encasillar a los que nos rodean.  Y lo digo en primera persona plural porque, por mucho tiempo, yo lo sentía así.  Por un lado, porque soy curiosa, por el otro porque en eso se esta convirtiendo esta sociedad.
El día que me di cuenta del error estaba hablando con un ex.  Él cayó en cuenta que amar se siente igual en cualquier cuerpo, se siente rico compartirlo y que qué importa si al vecino le gusta hacerlo con un tipo o una tipa, siempre y cuando no le haga daño a nadie, por supuesto.

¡BOOM! Su cerebro explotó.

Lo cual es cierto: el saber su sexualidad no le da un valor agregado a nuestra relación de amigos, porque lo interesante es que no le quita su habilidad para compartir secretos, frecuentarnos para tomar un café y contarnos nuestras vidas, acompañarnos en los momentos difíciles, celebrar acontecimientos magnánimos y participar de las cosas que le gusta al otro, en la seguridad que brinda el cariño mutuo.

A lo que voy es que dejemos vivir al otro a como nos gustaria que nos dejen vivir…

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Nadie dijo nunca lo contrario, pero es peor cuando esto lleva años… quinquenios… cuando ya son décadas de arrastrar el esqueleto de un fantasma que nació muerto.

Terminar con quien crees estar enamorada es uno de los peores eventos de la vida porque queda un vacío tan grande aquí, en el pecho… una ansiedad… un desatino… un je ne sais quoi

Empieza con la angustia apocalíptica de no poder ponerle otro nombre a la relación porque no se ha engendrado ese chiquito de la cotidianidad, de la intimidad, de los planes a futuro. No se puede pensar en proyectos porque no caben en esta locura. No se puede decir con libertad lo que se siente, lo que se desea porque es más grande el pavor a perder lo poquito que hay.

Pero, desgraciadamente, se siente, se desea.

Caes en cuenta que ya no podes invertir ni un microsegundo más de vida porque estás traicionando lo que siempre has creído: la vida es para ser feliz.

El legítimo: entre la espada y la pared.  Te conformás con los minutos de felicidad que te dan, te agarras a ellos como si fuera el cáliz de vida.  Aunque verdaderamente está lleno de amargo.  Empezás anhelar la vida de los otros y, después de medianoche, le das de comer al gremlin de la envidia: tome, jarte pizza y pastelitos como una perra porque si voy hacer un mounstruo, más vale que sea horrible, bien espantoso, para que corroa con ganas.

Mas llega el día en que si entregás el último gramo de energía que te queda, morís.  Solo queda la opción de enfrentar el duelo del desamor, de la soledad.  Comienza el tedioso proceso de abrazar la tristeza, darte el lujo de sufrir, de bordear los límites con dolor, mucho dolor.

Y entonces, un día…

T – “… no, esa boca… no me gusta cuando ponés esa boca…”

Y – “¿Cual boca? ¿Por qué? ¿Qué hago? ”

T – “Esa boca la conozco… la pones cuando estás pensando…”

Y – “¿Pensando qué?”

Silencio

T – “Que todo esto está mal”

Y – “Es que todo esto está mal”

T – “No me digas eso”

Y – “Pero vos entendés por qué”

T – “Sí”

Y – “¿Por qué?”

T – “No lo voy a decir”

Silencio.

Lo ves a los ojos… ¡Cómo cuesta ver a los ojos!… Llevalo a la mil cuando estás esperando que el tipo diga tenés razón, hagámoslo: escapemos a Timbuktu y seamos felices dándole la vuelta al mundo, como los errantes pájaros marinos… 

Es difícil mantener esa mirada durante el silencio porque mata…. ratatatata…. morís baleada por mil palabras no dichas.

Y – “No puedo más… No quiero más”

Le decís una y dos y tres veces más.  Él lo sabe.  Te abraza, fuerte, duro, no te quiere soltar, no te quiere dejar ir.

T – “Siento que soy tu problema.”

Lo sos.

Algún día vas a dejar de serlo.

¿Qué tal si intentamos que sea hoy?

Isabella

Isabella Grace es un rayito de luz que llegó a iluminar la vida de mi familia.  Es la bebé más hermosa que ha vivido en esta Tierra, con una sonrisa que dura horas, unos ojos deseosos de descubrir, unas manos y unos piecitos que dan ganas de comérselos a punta de besos… es que es tan preciosa, que si yo pudiera, la abrazaría por las eternidades enteras y nunca jamás la soltaría.

Sí, damas y caballeros, soy una tía tremendamente enamorada de mi sobrina.

Hace más de un año cuando mi hermana llamó para contarme que estaba embarazada, lloré, grité, brinqué y entré en un estado de shock tremendo.  Creo que todos estábamos ligeramente asustados de la expectativa porque, verán, este es el lado de la familia que se ha rehusado a procrear… practicar, eso es otra cosa… pero ya concretar el trato… pues ha costado casi diez años.

Todos mis primos ya tienen uno o dos o más hijos, excepto nosotros.  Al punto que, alguna vez, doña Yelba, en alguno de sus tantos momentos de convalecencia, dijo: “A mí solo me falta ver un bisnieto del lado de ustedes… ¿cuándo te vas a casar para que tengas hijos?”   Igual que siempre, mi respuesta fue la misma: “Yo no voy a cargar con la culpa de tu muerte, por eso ni me caso, ni tengo hijos.

Mi hermana vive en un pequeño pueblo del norte del continente al que me gusta llamar Potatoland porque de verdad es un pueblo, pueblo, pueblo.  Eso hace que ver el desarrollo y crecimiento de la pancita de mi hermana fuera algo difícil, pues solo se podía por fotografías.  Con mucho esfuerzo y sudor, logré ganarme un tiquete que aproveché para ir a visitarlas.

¿Qué es lo primero que una hace cuando ve una panza de embarazada?  Ponerle las manos en la barriga para sentir si pateaba o se movía.  ¿Qué fue lo primero que mi hermana hizo apenas me le lancé encima en el aeropuerto?  Hacerse para atrás porque nadie le había tocado la pancita… así de diferentes son las culturas en otros países.

Apenas supe la fecha esperada del nacimiento de este bodoquito de amor, hice planes, compré el tiquete, me puse la vacuna de la influencia, compré cuanto chereveco podría necesitar (o que doña Martha dijera que podría necesitar) y me fui el primer mes de vida de esa espectacular niña, para ayudarle a mi hermana en lo que necesitara: cuidarla de noche, darle chupón, cambiarle pañales, limpiarle el ombliguito, cuidarla en el asiento de atrás cuando íbamos a pediatra o a donde saliéramos… iba a estar a su disposición cuando me necesitara…

El día que nació estaba en la oficina.  Cuando mi mamá me llamó para contarme, lloré porque eso es lo una hace cuando es así de culiola.  Lo siguiente fue preguntar como tenía la voz, porque una es así de rara.  Cuando las fotografías comenzaron a llegar, lloré.  Cuando le conté a todos mis amigos, lloré.  En la fiesta de cumpleaños de mi mejor amiga, cuando alguien me preguntaba porqué estaba tan sensible y enseñé las fotos de Isabella, lloré.  Puedo decir que duré una semana llorando de la emoción.

Finalmente, una semana después de su nacimiento, doce horas de viaje y una hora que nos perdimos cuando del aeropuerto a la casa,  la tuve en mis brazos, la miré por primera vez en vivo y a todo color… era obvio: lloré.

Creo que lo más difícil de esta maravillosa experiencia es la distancia porque nuestra relación se basa en muchas en fotos y algunos videos que nos mandan por Whatsapp.  Sin dejar de lado que, en ocasiones, cuando llamo a doña Martha oigo los gritillos de emoción de Isabella porque está viendo Princess Sophia o está jugando o pidiendo atención.  Tengo que admitir que, cuando la vida no me deja dormir, me pongo a ver los videos y eso me llena de paz.

He intentado buscar palabras para poder explicar el amor tan incondicional que uno siente por una sobrina, pero es que de verdad no he encontrado.  Solo voy a decir que, por ella, consideré irme a vivir a dicho país, aún y a pesar de que no me gusta para nada… pero solo el hecho de tenerla cerca, verla crecer, cuidarla, estar ahí, me haría olvidar cualquier pendejada que pueda sentir.

Lo único que digo es que si así se siente tener una sobrina, no puedo imaginarme lo que se siente tener uno propio.  Ahora sí, cuéntenme,¿cómo fue cuándo nacieron esos repollitos de dulzura en sus familias?

He tenido esa pregunta dándome vueltas por la cabeza en las últimas semanas, no sólo porque finalmente tengo novio, sino por algunas historietas de amigas muy cercanas.

En principio, todos ustedes saben mi modus pensantis (prefiero mil veces estar sola, que mal acompañada) y soy fiel creyente de abrazar la soledad para quererse uno mismo, antes de empezar una relación romántica con algún individuo.

Partiendo de esto y de que solo me voy a referir al punto de vista femenino, que difícil es tomar una decisión de tener un novio.

Creo que llega esa altura en la vida, en la que uno no puede estar perdiendo el tiempo con cualquier pelapapas que le pase por el frente, medio haciendo una mueca.  Después de los 25 años, una va deslumbrando un futuro… enseriesandose, que llaman.

Se van tomando decisiones fuertes, gracias a ese extraño tic-tac del bendito reloj de la vida (que no se atrasa) y dejémonos de varas: una no está para ir a mallear los miércoles de 2×1, los sábados comer pizza viendo tv en la casa del tipo y los domingos cenar en la casa de una.

La vida avanza y las expectativas cambian.

Así es que, cuando llegan estas amigas con Historias de Ultratumba, casi siempre término con la pregunta incómoda: ¿vos te ves pariéndole un hijo a este tipo?

Y ahí lo digo todo.

Porque vaya a ser que, por andar jugando de mamá y papá en lo oscurito… y que se le cumpla…

En serio, es una pregunta a considerar: ¿será este el tipo con quien quiero compartir la mitad de mis genes?  ¿Será una persona al que le podría confiar un bebe de meses? ¿Será de los que le salen a uno con el “ese güila no es mio”?

Así es que, a mis casi traumáticos críticos hermosos 30 años, he llegado a la conclusión que un novio es para estar bien, porque para estar peor, mejor me quedo sola.

Un ejemplo de cómo se está peor es el tiempo desperdiciado en lágrimas, en relación directa con el tiempo invertido en carcajadas.  Si una pareja te hace llorar más de lo que te hace reír, ya sea a propósito o por la histeria femenina, pues como que no pinta muy bien el romance.

Independientemente de qué tan independiente se sea, la verdad es que una quiere estar con un hombre que sea cariñoso, que la cuide, que la chinee, que la quiera tal cual es, aunque no cague flores.

Alguien estable, no solo económicamente, porque llega a ser más importante que no le patine el coco.

Porque, para andar con un hombre inseguro, que me pase reprochando mi pasado o mi presente, que me utilice para sus deseos carnales, que pase más borracho que sobrio y que tras de todo, yo se las tenga que patrocinar… mejor me mato.

Otro punto fundamental es que él sea una persona digna de admirar: por su talento, su creatividad, su liderazgo, porque es trabajador, porque tiene sueños, metas o aspiraciones, o porque simplemente puede mantener la calma cuando me entra mi histeria bipolar.

Seamos realistas: la capacidad para tomar decisiones equivocadas, como el empezar una nueva carrera universitaria antes de conseguir un trabajo con el título que ya se tiene… pues no es muy brillante que digamos.

Creo que no podría seguir con un tipo que solo tiene una cara bonita y la cabeza hueca, un modelito para andar enseñándolo a mis amigas cuando salgo de fiesta, pero que no tiene visión y que piensa que, por su historia de vida, todos tienen que ayudarlo.

Y no quiero ni entrar en la cuestión de los abusos.  En el momento en que alguno se falte al respeto, física o psicológicamente, la verdad es que todo se va pa’ la damiersh.  ¿La señal de alerta para dejar a un hombre a la primera?  Que dude de mi integridad, que se refiera a mí con sinónimos de prostituta o que haya osado a ponerme un dedo encima, entre otras.

¡Eso no es amor ni aquí, ni en la Conchinchina!

Finalmente, creo que una tiene que estar clara que él no es la felicidad y que él no te va a ser completamente feliz.  ¿Para qué ponerle semejante tarea al pobre, si esa es mi responsabilidad?

Él es algo aún mejor: el complemento ideal.  Como quien dice, las papas fritas a la hamburguesa, la leche condensada al copo, las fresas a la crepa de Nutella, el limón a la Corona: sin eso, igual la vida sabe rica… pero se vuelve deliciosa cuando él está cerca.

Tengo la eterna fortuna de poder expresar mi cariño a la persona que quiero en lugares públicos, cuando andamos de la mano o el esporádico piquito marcaterrenos.  Soy feliz porque hoy podría ir a cenar, bailar y disfrutar una maravillosa velada con mi maravillosa pareja, si quisiéramos.

Tengo la esperanza y la seguridad que, si la vida lo dispone y el tiempo así lo permite, vamos a poder compartir nuestras vidas y tener la boda del siglo.  Si no podemos tener hijos, podríamos adoptar algún pequeñín sin mayor problema.  En conclusión, seguiremos expresando nuestros verdaderos sentimientos sin que nadie los bombardee con odio.

Yo tengo la fortuna de disfrutar de un derecho inherente porque me gusta un hombre y yo soy mujer.

Eso es algo que se dio.  No me acuerdo escuchar a doña Martha repetirme que  me tenían que gustar.    Tampoco me acuerdo de haberme sentado con mi Barbie y mi Ken a pensar los pros y los cons de que me gustara uno u otro.  En otras palabras, no fue una decisión o una obligación.

Simplemente me gustaba Leo, un compañerito del kínder, y le dije que si quería ser mi novio.  A lo que respondió que bueno, pero que él era novio de Steph.  Creo que en ese momento formamos el trío más joven del mundo… pero no duró mucho porque, eso de estar compartiendo mi hombre, no es lo mío.

A como es natural para mí, es de natural para los hombres que les gustan las mujeres y para los que les gustan los hombres y para las mujeres que les gustan las mujeres.

Las mismas bellas mariposas sentimos unos, a como sentimos los otros cuando vemos a la persona que amamos.   Por culpa de los nervios, también hacemos las mismas ideoteces frente a esa persona.  Igual que vos, todos pensamos en ese ser especial cada segundo de nuestro día.

Entonces, aquí hay algo que no entiendo.

Si esto se da por naturaleza propia de cada uno y todos tenemos tantas cosas iguales, ¿cómo puede ser posible que, la única diferencia, sea la que haga que no se les den los mismos derechos?

El otro día vi un video en youtube (mi nuevo mejor amigo) de una legisladora republicana del estado de Washington, quien defendía la unión civil entre personas del mismo sexo.  Ella comenzó hablando de cómo vivió muchos años con el hombre al que ama, hasta que él falleció.  Ella decía que de todo lo que quería tener de vuelta, lo último era el sexo y no porque no lo disfrutara.  Lo que más extrañaba eran todos esos momentos que habían construido juntos, todos esas anécdotas graciosas, esos dulces recuerdos que solo puedes compartir con la persona que amas.

Justamente es eso lo que no se les puede negar a una pareja del mismo sexo porque es inhumano, es una crueldad.

Estoy de acuerdo con ella que es responsabilidad y deber de nosotros, la mayoría, responder por los derechos de la minoría.  Es nuestra obligación como seres humanos pelear por su amor, para que sea respetado como cualquier otro que crezca en cualquier parte del mundo.

Ahora bien, yo aquí no me estoy metiendo a la iglesia ni a la religión.  Yo no estoy hablando de sacramentos.  Yo estoy hablando de uniones civiles, donde ellos puedan compartir los mismos derechos que vos  podrías compartir el día que te juntés o te casés.

Me refiero a casos como el de un conocido quien terminó en la calle después de que su novio falleciera y la familia no respetara el testamento donde le dejaba todos sus bienes a su pareja.  Él no pudo reclamar porque no hay ley que le ampare.  Hablo de casos de parejas que desean, fervientemente, darle un hogar y ser los padres de algún huerfanito, quien están viviendo un infierno en algún orfanato del PANI.  O del simple hecho de que el Seguro Social de uno cubra la enfermedad del otro.

Estoy hablando de los mismos derechos que le fueron otorgados a las parejas de unión por hecho.

Derechos civiles.

Derechos que hemos adquirido por haber nacido en este país, pero que se les ha sido arrebatados por ser diferentes a la norma.

A modo de cierre aleccionador: si a los cristianos del mundo anteponen el mandato divino, yo solo les quiero recordar Mt 22; 37-40.  Si piensan que es una error que homosexuales críen niños, sepan que los culpables de la epidemia de violencia contra los niños en el país, en su mayoría, son los padres naturales que agreden a los hijos que parieron.  Si piensan que el sexo entre hombres es una aberración, acuérdense de las veces que le han pedido a su novia “hacerlo por detrás”.  Si piensan que el sexo entre mujeres es contra natura, no se les olvide que la fantasía número uno de muchos hombres es tener a dos mujeres en su cama y no para jugar UNO, digamos.

Familia Lutes-Stein de Texas. Pueden leer sobre ellos en dandole click en la imagen

Familia Lutes-Stein de Texas. Pueden leer sobre ellos en dandole click en la imagen

...cuando lo vean, sabrán...

...cuando lo vean, sabrán...

El ciclo de la vida en Costa Rica es en línea recta:

Nacer -> Crecer -> Ir a una Universidad Privada -> Aprender inglés -> Entrar a trabajar en algún Call Center a poner en práctica nada de lo que estudió en la Universidad Privada -> Ennoviarse con el tipo/la tipa de sus sueños -> Casarse -> Ir de luna de miel a San Andres -> Reproducirse -> Divorciarse -> Morir

La parte de Nacer, pues uno no tiene mucha vela en el entierro… aparte de ser la orgullosa espermatozoidito que ganó la gran carrera de la vida.  La de Crecer tampoco necesitó mucho  porque digamos que del 1.54 m de estatura, ya no pasé.

Eso de estudiar en Universidad Privada, aprender inglés y trabajar en un Call Center, pues admito que todo lo hice muy a mi manera.

Justo, ante la etapa de la vida que continúa según los estatutos, es que entendí que hay todo un mundo de posibilidades ahí afuera que incluyen viajar, conocer gente nueva, aprender idiomas, viajar, comer comidas exóticas, leer, estudiar, escribir, viajar… Y que el famoso ciclo no tiene que ser en línea recta, pero como un árbol que abre sus ramas.

Así es que cuando se habla del noviazgo, pues empieza a temblarme el parpado.  Creo que todo comenzó con el padre Barona, un amigo de la familia, quien fue el encargado en satanizarme el concepto de noviazgo:

“Marthita, tenga muchos amigos: salga con ellos, vaya a comer, vaya a bailar, tómese sus traguitos y disfrute mucho de la vida.  Pero recuerde una cosa siempre y es que los novios son para casarse.  Cuando uno entra a un noviazgo, es porque ha llegado el momento de formar una familia.”

¡Ah puta!

Prácticamente el padrecito se cagó en mi vida romántica de adolescente y joven veinteañera.  Con ese presagio, ¡qué iba a cerrarle ningún ojito a nadie!

Si no tengo novio, pues no voy a poder casarme, lo cual tiene frustrada a la pobre doña Yelba, la Gran Matriarca.

Inclusive, su desesperación para que mi vida avance acorde a los estatutos familiares, ha llegado a límites inimaginables, en los que me hecha indirectas que el reloj cada vez se acerca a su hora final en la que no voy a poder parir la 19va bisnieta que tanto quiere para poder descansar y morir en paz.

A lo que contesto: “No voy a cargar con su muerte sobre mis hombros.”

A lo que ella contesta: “¡No jodás vos! ¡Que ya estoy cansada de pagar doctores!”

El matrimonio se ha satirizado tanto, que pareciera que la gente no se alegra cuando oye que alguien se comprometió.  Frases como “se cansó de vivir tranquilo“, “ya vas a ir a regalar el cheque“, “voy a tener un carro esperando afuera, por aquello” son tan comunes cuando alguien cuenta la gran noticia.  A mí me da un pecado verles las caritas llenas de emoción, deformarse a preocupación.

Como cuando mi amiguita Monique me pidió que fuera la testiga de su boda.  “A mí no me meta en enredos“, le dije.  La pobre me hace una cara… que le tengo que explicar que es un chistesín y que para mi es mas que un honor.

Es tanta la cosa que, cuando me puse a buscar sinónimos para este blog, me encontré este link, donde incluye palabras como desesperación, forzar, ideal, disparate y locura… y si en Internet lo dice, debe ser cierto.

Hablando en serio, no es que yo esté cerrada a la posibilidad de casarme.  De hecho, soy igual que cualquier otra mujer quien ha pensado en su día feliz (una gran boda pequeña, con un pequeño anillo de compromiso de ensueño, llena de yerberas y con un vestido de novia bien extravagante sencillo)

En lo que no estoy dispuesta es a casarme porque es lo que se espera de mí en este momento, con cualquier macho proveedor que me tenga pariendo chigüines, esperándolo que venga al hogar, con la pata en la chanchera y el platito de comida caliente en la mesa.

Siempre he pensado que antes de CONSIDERAR casarse, uno tiene que cumplir 4 puntos:

  1. Viajar:.. Sí, sé que soy demasiado necia en este punto… Lo que pasa es que, cuando uno pone un pie en otro país, se abre las puertas del mundo y uno se da cuenta de lo pequeño e insignificante que es.  Aprender de las culturas y de las formas de vida en otros lugares, le abre la mente a que la vida no tiene que ser como lo dicen nuestras abuelas.
  2. Coger: No estoy hablando del verbo sea promiscua y hágase un hongo con patas en el proceso.  Estoy hablando del verbo aprenda a disfrutar del sexo.  Si su elección de vida es llegar virgen, pues por lo menos visite a Manuelito un ratico, porque si uno no se conoce, ¿cómo vamos a pedirle al otro que nos conozca?
  3. Vivir sola: O con un roomate.  Es la mejor aventura que uno puede experimentar para darse cuenta de sus habilidades, límites y probarle a sus papitos la excelente educación que usted ha tenido.  uno aprende tanto… desde cómo controlar el dinero, hasta reglas básicas de seguridad.
  4. Vivir con la pareja:  Exacto: yo promuevo el concubinato escandaloso.  Es una forma de poder adaptarse a las maneras del otro, porque viviendo juntos ya no hay tiempo fuera.  Es aprender a soportar pedos, desórdenes, malos humores y todas las cosas negativas que pueden sentirse en la convivencia.  Pero también es adelantar el trabajo en la distribución de las tareas del hogar, la creación del presupuesto, aprender a negociar todas las decisiones y bueno, ya ustedes saben el resto.

Además, soy fiel creyente que el matrimonio es un contrato muy serio en el que, si entro, es para toda la vida.  Por eso, el pobre diablo en condena que se atreva a ser mi marido, no va a ser cualquier patas vueltas con sonrisa bonita, zapatito limpio,platica en la bolsa y hablada.  El tipo va a tener que ser casi un santo para poder soportar tantas histerias y episodios bipolares, digamos.

Porque casarse para divorciarse, mejor se mata.

Yo no pienso entrar pensando en que si no funcionan las cosas, llamamos al abogado.  No quiero que los futuros retoños (a las que ya les puse nombre, como buena mujer) pasen por las que mis hermanos cuando los míos se divorciaron (yo ni me di cuenta)

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Este post tan romántico, va dedicado a mi compañerito el Albin-o, quien en estos días se casa con su hermosísima novia.  Y al Aureliano, quien se comprometió con la bellísima Adriana.  Felicidades chiquillos, la mejor de las suertes… Tan bonitos los dos, jugando de grandes… ¿quién los mete?

Sí, lo admito: soy una nerd que le encanta leer.  Pero es que mi amor por la literatura se ha limitado a la prosa por decisión, más que por gusto.

Todo comenzó en el colegio cuando nos tocaba leer poesía para definir métricas y ritmos, sílabas y acentos, versos de 8 o 12 o  1 000 sílabas, que si había un símil o una hipérbaton, que si correspondía al romanticismo, al nacionalismo, latinoamericana o si ya era amada por el universo entero.

Nunca me enseñaron a amarla.  Nunca me sentaron para que la leyera y apreciara la astucia y el valor de poder abrir la verdad oculta en lo más profundo del corazón, para demostrar el humano desvalido por sus sentimientos.

Para rematar, los autores de las grandes poesías son hombres que se traen abajo toda idea preconcebida de lo que un macho que se respeta debería ser.

Me limité a verlo como algo cursi y ridículo que una mujer con tendencias feminista y comunista, no podía darse el lujo de valorar como un modo de vida (o por lo menos así lo consideraba en el colegio) Simplemente, no le di oportunidad y decidí que nunca me iba a gustar.

Hasta que llegó Pablo Neruda y su Poema XV.  Lo pongo así: en mis fantasías imaginarias de adolescente, el hombre de mi vida me lo leía el día que declaraba su amor.

Otro que me mata, me deshace, me derrite en un charco de romanticismo puro es E.E Cummings:

Llevo tu corazón conmigo, lo llevo en mi corazón,

nunca estoy sin él.

A cualquier parte que voy, vas tú.

 Así es que, esta noche (que van a ser de todos los sábados durante este mes) voy a leer un hermoso poema de un autor diferente cada vez, y darles una oportunidad porque de poetas y locos, todos tenemos un poco…

… y luego les cuento que tal me fue… si me quieren recomendar alguno, pues no duden en contarme…


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... ¿quién dijo miedo?...

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