Desabrochando a Martha

Posts Tagged ‘como saber que estas listo para vivir solo

En mis 33 años de vida, he vivido 12 casas diferentes y puedo decir con conocimiento de causa que no hay forma de que se simplifique el proceso, por más que se regale ropa, se bote adornitos y se intente vivir una vida minimalista.

Lo que si me he dado cuenta es que hay momentos en los que ha sido más oportuno que otros, ya sea por la madurez o la solvencia económica.  Pero lo cierto es que, no es solo el deseo lo que hace que estés lista de abrir tus alas y volar a la independencia.  Es una decisión fuerte de la que el monedero tiene que estar preparado..

Mayor de edad + Trabajo estable = dinerrrrro en el bolsillo

Primero y antes que nada, hay dos cosas fundamentales: tenés que ser mayor de edad y tener un trabajo.

Hay excepciones, como cuando vives en una zona rural y estudiás en la capital, por ejemplo.  Pero inclusive es medio mantequilloso no es tan radical porque muy probablemente tus papás siguen mandando dinero para pagar la casa, la comida, transporte y así.  Lo cual no es malo, si no que mucho más beneficioso porque es una escuela que te va facilitar el proceso para cuando decidás hacerlo por vos misma.

Cuando me refiero de mayor de edad es que uno simplemente necesita a los padres hasta cierto punto en la vida para aprender, sobrevivir y quemar etapas. Yo sé que hay veces que uno quisiera meter todo en bolsas de basura y jalar como pájaro errante, lo único es que no es tan fácil emanciparse.

Y bueno, es obvio que es fundamental tener un trabajo estable porque si no, ¿cómo vas a pagar una renta?, ¿qué vas a comer?, ¿cómo te vas a transportar? y hay que sumarle gastos como los servicios, la ropa, las emergencias… en otras palabras, en este mundo capitalista hay una necesidad de vender horas de vida productivas por chuchosky.

Un Plan B

El plan B responde a la pregunta más sencilla: ¿qué pasa si no puedo/quiero/me gusta?  Hace casi 10 años, me fui a una casa con un par de viejas locas.  La casa era bella, lo malo era la autopista súper transitada que estaba detrás.  En esa época, trabajaba de 10 de la noche a 5 de la madrugada y me era imposible dormir por el escándalo de la autopista, entonces, terminaba en la casa de doña Martha.

La gota que derramó el vaso fu un día que regresé a un caos descomunal: ambas habían hecho una fiesta de tal magnitud que una había terminado desmayada, diciendo que el novio le había succionado el alma con un beso.  La otra decía que el mejor amigo del novio de la otra, se había metido a su habitación y se había aprovechado de ella.

Yo quedé pasmada.  Hasta la fecha no puedo decir qué pasó ahí, pero en ese justo instante me di cuenta que no podía más.  Hice maletas, llamé a doña Martha y me regresé a su casa.  Gracias a Dios todavía tenía la oportunidad de regresar.

Fondo de emergencias

chancho

Si te enfermás, si se te daña la refrigeradora, si se te enferma la mascota, lo que sea: siempre hay que mantener un ahorro para imprevistos.  El proge, quien tiene una Maestría en Finanzas, siempre decía que uno debía mantener un ahorro igual o mayor que el salario bruto que estuvieras ganando en el momento.

Evidentemente, no es mi caso porque Zara/Stradivarius/Mango.  Pero sí es importante tener ese colchoncito para no tener que recurrir a tarjetas, bancos o mejores amigas porque los primeros cobran mucho interés y la última da mucha vergüenza.

Tener un presupuesto

Un presupuesto no es solo decir: ah bueno, ocupo plata para comer, pagar el alquiler y salir… todo bien…

Un presupuesto significa saber la cantidad exacta de dinero del que debes contar para cumplir tus responsabilidades.  Hay cosas que simplemente no podés dejar de pagar como el préstamo del carro, el agua, la luz, el internet… necesidades básicas e indispensables que se le llaman gastos fijos: el monto puede variar, pero el pago debe de hacerse.

Antes de contar ninguna anécdota, debo de admitir que este saber sobre finanzas no se transmite por los genes porque yo soy una res con la plata.  Todo lo que sé, lo he aprendido en cursos que dan en el trabajo y a la brava.

Uno de mis momentos más brillantes fue viviendo con Tista, se me ocurrió pedir un adelanto de salario en la asociación de empleados del trabajo.  Lo que no sabía era que al mes siguiente me iban a rebajar todo y no iba a tener el disponible suficiente para pagar el alquiler, comer, pagar recibos o ir a la oficina.  Cuando le dije a Tista, después de poner cara de toro en embestida, claramente articuló: “Aquí está mi parte, vea a ver como hace usted para pagar el resto del alquiler.” ¿No se va a sentir uno perro?

Esto del presupuesto también significa que hay que tener claro que es prioritario y qué no.  Si la situación está entre tener cable o comprar comida, pues estamos claros que primero está el cable… ehhhhhh… ¡mentiras!

Los zapatos de cuero rojo en Zara o ir al cine para ver todas las nominadas al Oscar no son prioridad.  La luz, el agua y la comida de tu perro Rambo sí lo son.

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Finalmente, quiero compartir con ustedes las palabras de sabiduría de un caballero, a quien llamaremos GolloCuotas: “… aquel señor que ve ahí es como mi papá… él me advirtió que si yo me iba de mi casa era para no regresar y así lo hice…”

¡BOOOM!

Ahí les dejo para que mediten.

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En el post cerrando el 2015, hablé de la falta de propósitos de este año porque de lo que estoy segura es que va a ser conocido como el año del “No sé”: no sé qué va pasar, no sé para dónde agarrar… no sé, no sé, no sé… Lo único que tenía certero es que quería salir de la casa de doña Martha.

Con el empujón necesario, me puse hacer la lista de las cosas que necesitaba: desde cuánto podía pagar, hasta cuantos cuartos debía tener.  Eso sí, tenía dos condiciones importantes eran no negociables:

  1. Perlurris tiene que vivir conmigo
  2. Tiene que estar en San José, la capital del mundo, porque me rehúso a tener carro

La búsqueda comenzó en la primera semana de diciembre.  Con el aguinaldo en mano para poder pagar, comprar y contratar todo, que nada me atrasara.  Mil llamadas y 5 visitas después, estaba cayendo en cuenta que las condiciones no-negociables eran más de dos.

Un día de tantos, lo encontré.

Fue amor a primera vista: en los barrios del sur, pequeño como para dos personas, recién construido, una distribución ideal (dos cuartos, walking closet, sala-comedor-cocina integrados), grandes ventanas, muy ventilado, a 15 minutos caminando a la parada al trabajo… es que lo tenía todo.  Ni lo pensé para decir que sí.

El fin de semana siguiente ya estaba subiendo los chuches al apartamento del segundo piso, con mi amiguísima Melili.  En eso, me dice:

Amiga, ¿no se mete mucho la bulla de la autopista?”

“Naaahhh… en la noche hay menos carros y dicen los vecinos de abajo que no escucha nada.”

La primera noche me fui a celebrar: comí pasta en mi restaurante favorito, me tomé unas cervecitas.  Llegué emocionada a lavarme los dientes y acostarme a dormir.  Cuando pongo mi cabeza en la almohada, escucho el bus… luego un camión… luego las motos picando… la gente hablando en la calle… la música del bar que está a los 50 mts…

Inmediatamente dije: “Hijueputa, Melili tenía razón.”  Me puse a llorar toda la noche, hasta quedar dormida… tres horas después, me desperté por la mufla de un auto.

¿Ustedes han visto como hay gente que les da chicha cuando tienen hambre?  Bueno, a mi me pasa cuando no duermo.  Yo no tengo que explicarles lo importante que es dormir para mi.  Es que yo me pongo feliz cuando estoy en la cama, con luces apagadas, esperando a que Morfeo pase por mí a dar una vuelta.

Les puedo asegurar que lo intenté todo: poner tres juegos de cortinas, hacer una pared de cajas de huevos, tapones, té de tilo, poner sonido blanco de fondo.  El punto más bajo fue cuando me vi tomando Bendryl de lunes a viernes y aun así, me despertaba aturdida, con dolor de cabeza por apretar los dientes durante el sueño.

Sin olvidar la maravilla de vecinos: en los dos apartamentos del primer piso vivían dos familias con dos chiquitas cada una: corrían, brincaban, gritaban, jugaban TODO el día.  Eso no me molestaba tanto… excepto una, la menor de una madre soltera que no sabía hablar de otra manera que no fuera quejándose, como si le doliera algo, como si alguien le estuviera pegando un pellizco constantemente.

Pero eso no es nada.  Compartía pared con el apartamento de la par donde vivían… no una, no dos… CUATRO personas tan escandalosos que cuando ponían música, mis ventanas vibraban; cuando tenían visitas, yo me enteraba de todo; cuando una de ellas se resfrió, yo la oía toser T.O.D.A la noche.  De nada servía pedirles que bajaran el volumen porque me mandaron a comer mierda (literalmente) un par de veces, mientras recordaban a mi pobre madre con escarnios dignos de un marinero.

Lo peor fue Perlurris deprimida, comiendo acostada.  Yo la caminaba en la mañana y en la noche para que fuera pipi-pupu.  Doña Claudia, mi asistente en el hogar, venía por ella en la tarde para ir al parque media hora.  Pero aun así, Perlita pasaba el día acostada en el mismo rincón.

Dos meses de estar en las puertas del infierno, decidí que ya era suficiente.

Por cosas de la vida, me enteré que un pintor iba a vivir la vida bohemia del campo y estaba alquilando su casa: el precio ideal, la arquitectura digna de su profesión, estilo industrial y lejos de la calle, donde de por sí, casi ni pasan automóviles.

La primera noche dormí como los reyes y me desperté en la madrugada con el dulce canto de los pajaritos… y el gallo del vecino.  Un mes después, Perlurris defiende el hogar ladrándole al aire y camina por todo el frente hasta encontrar el punto ideal para pip-pupu.

Ha sido una lección tras otra, nada fácil.  Pero hoy puedo decir que soy muy feliz en mi hogar.


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Historico de las historietas

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Escuchen bien, niñas y niños de la creación:
He pasado por muchas marthadas y momentos de angustia sudor y lágrimas, como para que alguien más lo tome prestado y sin permiso.
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