Desabrochando a Martha

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La verdad es que es muy difícil aceptarlo tan públicamente como en un blog.  Yo siempre lo he sabido, desde pequeña en realidad.  Es más, creo que mis papás y mis hermanos siempre lo sospecharon, pero no era un tema que se hablara abiertamente… es decir, mi conversación sobre sexualidad con doña Martha se dio a mis 18 años, en la romería antes de irme de intercambio, cuando ella me señaló una valla de condones Durex y me dijo: “bueno… ya sabe…

Así es que esto de hablar de cuál era mi preferencia sexual, no era algo que se diera.  En fin, lo cierto es que a mí siempre, desde pequeña, me han gustado los hombres.  Es más, a los 5 años le pedí a Leonarndo García que fuera mi novio, pero me dijo que no porque era novio de Stephanie.  Eso no impidió que en todas las fotos de anuario yo saliera viéndolo, con ojos de vaca ahorcada.

Ufff… la verdad es que es un alivio admitir mi heterosexualidad y que todo el mundo lo sepa de una vez por todas: me gustan los hombres,  me encantan los hombres.

…así es queeeeee… ¿qué hay de comer?…

Suena raro, ¿verdad?

O sea, ¿qué es este tipo de payasada, Martha?  ¿Qué te está pasando por la mente?

Bueno, si les parece una tontera que yo haya admitido que soy heterosexual, ¿por qué es una necesidad que nuestros amigos homosexuales lo admitan públicamente?  ¿Qué es ese deseo casi mórbido de señalar al otro para poder ponerle una etiqueta?  ¿Qué será?  ¿Pensamos que los vamos a rescatar de sus ataduras y le vamos a otorgar la libertad ansiada de ser lo que son?  ¿En serio pensamos que tenemos ese poder?  ¿O será más bien que lo ocupamos para poder hacer/resistir chistes denigrantes, ponerles apelativos despectivos y asegurarnos de no salir medio chingos delante de ellos porque y vaya a ser que les guste todo esta belleza que hizo mi mamá y Dios me dio.?

No me tomen a mal: entiendo que hay una necesidad individual por aceptar el verdadero Yo con todo y ángeles, demonios y bestias. Si es su deseo admitirlo porque ya no puede más, no puede seguir aparentando lo que no es o simplemente le dio la regalada gana… pues hágalo, que aquí todos creemos ser libres.

Mi crítica es hacia todas las personas que exiguen que alguien “lo admita”, es hacia ese egocentrismo, ese narcisismo que sentimos por encasillar a los que nos rodean.  Y lo digo en primera persona plural porque, por mucho tiempo, yo lo sentía así.  Por un lado, porque soy curiosa, por el otro porque en eso se esta convirtiendo esta sociedad.
El día que me di cuenta del error estaba hablando con un ex.  Él cayó en cuenta que amar se siente igual en cualquier cuerpo, se siente rico compartirlo y que qué importa si al vecino le gusta hacerlo con un tipo o una tipa, siempre y cuando no le haga daño a nadie, por supuesto.

¡BOOM! Su cerebro explotó.

Lo cual es cierto: el saber su sexualidad no le da un valor agregado a nuestra relación de amigos, porque lo interesante es que no le quita su habilidad para compartir secretos, frecuentarnos para tomar un café y contarnos nuestras vidas, acompañarnos en los momentos difíciles, celebrar acontecimientos magnánimos y participar de las cosas que le gusta al otro, en la seguridad que brinda el cariño mutuo.

A lo que voy es que dejemos vivir al otro a como nos gustaria que nos dejen vivir…

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Nadie dijo nunca lo contrario, pero es peor cuando esto lleva años… quinquenios… cuando ya son décadas de arrastrar el esqueleto de un fantasma que nació muerto.

Terminar con quien crees estar enamorada es uno de los peores eventos de la vida porque queda un vacío tan grande aquí, en el pecho… una ansiedad… un desatino… un je ne sais quoi

Empieza con la angustia apocalíptica de no poder ponerle otro nombre a la relación porque no se ha engendrado ese chiquito de la cotidianidad, de la intimidad, de los planes a futuro. No se puede pensar en proyectos porque no caben en esta locura. No se puede decir con libertad lo que se siente, lo que se desea porque es más grande el pavor a perder lo poquito que hay.

Pero, desgraciadamente, se siente, se desea.

Caes en cuenta que ya no podes invertir ni un microsegundo más de vida porque estás traicionando lo que siempre has creído: la vida es para ser feliz.

El legítimo: entre la espada y la pared.  Te conformás con los minutos de felicidad que te dan, te agarras a ellos como si fuera el cáliz de vida.  Aunque verdaderamente está lleno de amargo.  Empezás anhelar la vida de los otros y, después de medianoche, le das de comer al gremlin de la envidia: tome, jarte pizza y pastelitos como una perra porque si voy hacer un mounstruo, más vale que sea horrible, bien espantoso, para que corroa con ganas.

Mas llega el día en que si entregás el último gramo de energía que te queda, morís.  Solo queda la opción de enfrentar el duelo del desamor, de la soledad.  Comienza el tedioso proceso de abrazar la tristeza, darte el lujo de sufrir, de bordear los límites con dolor, mucho dolor.

Y entonces, un día…

T – “… no, esa boca… no me gusta cuando ponés esa boca…”

Y – “¿Cual boca? ¿Por qué? ¿Qué hago? ”

T – “Esa boca la conozco… la pones cuando estás pensando…”

Y – “¿Pensando qué?”

Silencio

T – “Que todo esto está mal”

Y – “Es que todo esto está mal”

T – “No me digas eso”

Y – “Pero vos entendés por qué”

T – “Sí”

Y – “¿Por qué?”

T – “No lo voy a decir”

Silencio.

Lo ves a los ojos… ¡Cómo cuesta ver a los ojos!… Llevalo a la mil cuando estás esperando que el tipo diga tenés razón, hagámoslo: escapemos a Timbuktu y seamos felices dándole la vuelta al mundo, como los errantes pájaros marinos… 

Es difícil mantener esa mirada durante el silencio porque mata…. ratatatata…. morís baleada por mil palabras no dichas.

Y – “No puedo más… No quiero más”

Le decís una y dos y tres veces más.  Él lo sabe.  Te abraza, fuerte, duro, no te quiere soltar, no te quiere dejar ir.

T – “Siento que soy tu problema.”

Lo sos.

Algún día vas a dejar de serlo.

¿Qué tal si intentamos que sea hoy?

 

Exes

 

Yo puedo contar los exnovios con los dedos de la mano (sin ningún tipo de desorden): El Rey, Peor es Nada, Pantalones Blancos, El Ruso, Manolo y Heidi.  Con todos y cada uno de ellos he tenido historias dignas de no ser contadas, así como anécdotas que podrían ilustrar lo mala que soy para escoger hombres… porque seamos honestos: no le salen a una.  Yo creo que del tumulto de gente, una saca la varita mágica, apunta y dice “este espécimen raro es digno de andar a mi lado, por cuánto tiempo sea necesario, para darme cuenta de lo inútil que es continuar con la relaci[on… Bibidi Babidi Bu!

Solo una vez me terminaron, lo cual, considero un buen record porque significa que no estoy tan desquiciada… o que ellos tienen paciencia digna de San Antonio… o que ellos están peor que yo.  Aún así, de lo que estoy más orgullosa es que he sido muy clara en los motivos y mantengo mi palabra a las cosas que una debe ser fiel al terminar:

  1. Cuando se termina, se termina. Esa jugueteadera que le da a la gente de terminar y volver y terminar y dele para que le den y tome de vuelta… ay no, ¡qué cansao, por el amor a todo lo que es Santo y Bendito!  Yo respeto a quienes han pasado por eso o siguen en esa majadería, porque yo simplemente no puedo.  Sigo bajo el estandarte de que si terminamos, fue por algo y gracias a Alá.
  2. Nada de amigos. Ninguno ha sido amigo antes de comenzar la relación.  Todos han sido relaciones fortuitas que inició por mis propios medios, nadie me los presentó.  Así como no fueron nada antes, no tienen por qué serlo después y la sabiduría de internet es sabia: ser amigos de un exnovio es como agregar a tu raptor a Facebook.  Eso es una muy mala idea, que no tiene ni pies ni cabeza y a lo que podría dedicarle todo un post.

Pero hay dos en particular, a los que les guardo ese cariño de “ay, tantas cosas vividas, bebé, bello, divino, querido…venga pa´ acicalalo”.  Hace poco ambos vinieron a visitarme (porque cuando sale uno, aparecen todos).

El Rey… ay, ¡cuánto quise yo a ese hombre!  Ahora que lo veo en retrospectiva, pueda ser que sí es creidoso, engreído, algo cae mal, pero él me hacía sentir viva, me chineaba cantidades industriales y lo más importante: yo siempre tenía la razón.

Con el cuento de que había dejado un televisor arreglando cerca de mi casa, se estaba jugando el chance de venirme a visitar, pues bien sabía que yo podía tirarle la puerta en la cara.  Hablamos un buen rato, qué cómo va el trabajo, su familia, la mía, los viejos tiempos, lo bien que nos vemos.  La verdad, de a de veritas, me alegré de verlo.  No solo porque está bien guapo (a como yo lo puedo ver), también me hizo reflexionar el largo camino que he recorrido.  Al despedirnos me preguntó:

ER: “¿Por qué me recibiste? Pensé que me odiabas y que jamás me querías volver a ver”

Yo: “Diay… la verdad llegué a despreciarte un poquitito.  De por sí, ya ha pasado mucha agua bajo el puente.”

Con Peor es Nada es algo diferente solo porque fue mi amor platónico durante toda mi infancia y, de alguna manera, mi relación más larga.  Cuando ese hombre me empezó a dar pelota, yo no podía contener la contentera de mis entrañas.  Creo que no funcionó por mi gran inmadurez y bueno, él es unos cuantos añitos mayor que yo, queríamos cosas diferentes de la vida y así.

Eso sí, de todos los novios, cuasinovios, andantes, peores es nada y domingos sin cable que he tenido en la vida, él es el único que me ha hecho sentir hermosa en mi propia piel.  Sin dejar de lado que ¡qué hombre, por el amor!  Era una cosa maravillosa salir con él, tener monólogos de nada y reírnos de todo.

Pues me va escribiendo un correo con solo una frase: ¿Seguís ahí?

Intercambiamos un par de mensajes, yo contándole de la maravillosa vida que llevo, él contándome de su hermosisisima familia, yo preguntándole por el papá, él contándome que me stalkea en Facebook.  Al final, historia larga corta, vino a visitar y yo hablé por horas (porque él casi no habla)

La diferencia con ellos es que no hubo insultos, no hubo ni una sola discusión y cada uno sabía la tusa con la que se rascaba.  Ellos fueron transparentes en lo que podían ofrecer y yo podía aceptarlo o no, aunque yo no supiera qué quería.  Además, siempre estuvo claro que estaba en mí, el momento del hasta aquí.

En fin, ¡qué bonito que es recordar!  Ese ex al que uno guarda un je ne sais quoi.  ¿Ustedes también guardan un recuerdito así?

TED: Tecnología, Entretenimiento, Diseño, es una organización sin fines de lucro que busca compartir ideas que rompe paradigmas o fundamentan las teorías con las que ya trabajamos.

Hay unos suuuper graciosos, otros inmensamente interesantes y algunos que solo dan sueño, pero valen la pena escuchar con atención y dejarse iluminar con ideas que valen la pena ser compartidas.

Hoy quiero compartir la ciencia detrás de la atracción.

Está en inglés, pero Youtube da la opción para subtítulos en español.

Qué lo disfruten! No olviden dejar sus comentarios!

Si espera material digno de Tía Zelmira o Intrusos, pues puede dejar de leer en este momento.  Mi intención con este post es compartir con el mundo lo que aprendí en estos meses y es que, inmediatamente después del final, TODO ES UNA MIERDA.

¡Cómo cuesta volver a empezar el día sin esa persona!  Ya no hay mensajes mañaneros, llamadas para las buenas noches, ni mucho menos esa emoción de los fines de semana, al saber que nos volveríamos a ver, besar, abrazar…

Para rematar, este mundo latinoamericano es tan masoquista.  No me había terminado de montar al bus del trabajo, cuando escucho a Thalia a todo galillo “… no me enseñaste como estar sin ti, y que le digo yo a este corazón…”  y para terminarla de hacer: Ednita Nazario con “…esta vida sin tí no es nada…”  En cuestión de media hora que dura el viaje, casi me tiro por la ventana unas cinco veces.

Hay que sumarle que romper en épocas del Internet es de locos: la tercera parte mis amigos en Facebook eran en común, las fotos, los videos, Instagram, Twitter, por todas partes había una conexión.

Y una que se pone en pendejadas porque TODO trae recuerdos y queda incapacitada para hacer cualquier estupidez, como escuchar las canciones que le habías dedicado, preparar aquellos platillos que ambos disfrutaban o ver el programa de TV que siempre veían los jueves en la noche.

¡Por el amor a toda la corte celestial!

Yo sí que no puedo durar mucho en eso y me desespero dándole tiempo al tiempo.  No estoy para ahogarme en las fotos viejas, abrazada al baúl de los recuerdos, escuchando música corta venas.  ¡Olvídese, que eso no va conmigo!

Una vez que quedó claro que no había vuelta atrás, pues me permití sentir todo a flor de piel: llorar, rabiar, culpa, volver a llorar, enojo, ansiedad y dejarlo fluir todo por este bello cuerpo que Dios me regaló.  Personalmente, no entiendo esta sociedad que trata de esconder que uno es un ser vulnerable.  ¿Qué tiene de malo admitir que se está triste?

En fin, a partir de ahí, tuve que poner manos a la obra y recordar quién era hace casi dos años, para descubrir quién soy ahora.  Yo no puedo ser la misma Mita después de todo lo viajado, comido y vivido.  Aquí la cuestión es comenzar hacer las cosas que amo:

  1. Quedarme hasta la una de la madrugada escribiendo
  2. Ir a bailar toda la noche
  3. Levantarme un domingo al medio día
  4. Ir a festivales de lo que fuera: tamales, cuentos, música egipcia, etc.
  5. Pasar horas metida en el salón/spa
  6. Ver Caso Cerrado
  7. Correr una hora, a cualquier hora
  8. Leer en la noche hasta que llegue a punto… o termine el capítulo… o confirme que Daisy se queda con Lloyd…
  9. …etc…etc…etc…

A parte de eso, el apoyo de mi familia entre extraños ha sido maravillosa, especialmente para distraerme.  Eso de las noches de domingos en Rafas o ir a correr a La Sabana, para luego mandarse un buen huevito pateado, levanta a cualquier muerto.  Escucharlos hablar de sus vidas y anhelos, me mostró la fortuna que tengo al estar rodeada de personas tan espléndidas.

Bueno, para espléndidos Doña Martha.  Lo asombroso de hablar con ella es que una se destornilla de la risa.  Todo comienza con lo que vio en el Dr. Oz y termina en que me llama después, porque ya se perdió (al fondo se escucha “recalculando, recalculando”)

Eso sí, esto se vive con clase y estilo.  No hay nada peor en el mundo que llevar un duelo a punta de status de Facebook… si usted lo hace, ¡DETENGASE!… Estoy segura que el 50% de sus amigos ya lo escondió del News Feed y el otro 50% solo lo lee para reírse (incluyendo a su mamá y su abuelita)

Pero de todo, hubo tres consejos que me resultaron eficaces:

  1. Buscar la belleza de las pequeñas cosas.  Para eso recomiendo hacer una lista diaria de los buenos momentos: desde estrenar una blusa, hasta comprar el tiquete para ver el nacimiento de mi sobrinita; encontrar todos los semáforos en verde; volver a ver a un viejo amigo y correr en el food court para abrazarlo; reírme descontroladamente.
  2. Hacer el bien y sin mirar a quien.  Ergo, los #21diasdebondad.  De verdad que es infalible.  Yo no les puedo explicar la euforia que sale del estomago cuando regalás un ramo de flores o invitás a cenar a un desconocido.  Es la misma cantidad de adrenalina de cuando se hace una travesura.
  3. La sabiduría de la Dra. Polo.  No habido en Telemundo palabras más cargadas de razón que:

Dra Polo

¡He dicho, Caso Cerrado!

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He tenido esa pregunta dándome vueltas por la cabeza en las últimas semanas, no sólo porque finalmente tengo novio, sino por algunas historietas de amigas muy cercanas.

En principio, todos ustedes saben mi modus pensantis (prefiero mil veces estar sola, que mal acompañada) y soy fiel creyente de abrazar la soledad para quererse uno mismo, antes de empezar una relación romántica con algún individuo.

Partiendo de esto y de que solo me voy a referir al punto de vista femenino, que difícil es tomar una decisión de tener un novio.

Creo que llega esa altura en la vida, en la que uno no puede estar perdiendo el tiempo con cualquier pelapapas que le pase por el frente, medio haciendo una mueca.  Después de los 25 años, una va deslumbrando un futuro… enseriesandose, que llaman.

Se van tomando decisiones fuertes, gracias a ese extraño tic-tac del bendito reloj de la vida (que no se atrasa) y dejémonos de varas: una no está para ir a mallear los miércoles de 2×1, los sábados comer pizza viendo tv en la casa del tipo y los domingos cenar en la casa de una.

La vida avanza y las expectativas cambian.

Así es que, cuando llegan estas amigas con Historias de Ultratumba, casi siempre término con la pregunta incómoda: ¿vos te ves pariéndole un hijo a este tipo?

Y ahí lo digo todo.

Porque vaya a ser que, por andar jugando de mamá y papá en lo oscurito… y que se le cumpla…

En serio, es una pregunta a considerar: ¿será este el tipo con quien quiero compartir la mitad de mis genes?  ¿Será una persona al que le podría confiar un bebe de meses? ¿Será de los que le salen a uno con el “ese güila no es mio”?

Así es que, a mis casi traumáticos críticos hermosos 30 años, he llegado a la conclusión que un novio es para estar bien, porque para estar peor, mejor me quedo sola.

Un ejemplo de cómo se está peor es el tiempo desperdiciado en lágrimas, en relación directa con el tiempo invertido en carcajadas.  Si una pareja te hace llorar más de lo que te hace reír, ya sea a propósito o por la histeria femenina, pues como que no pinta muy bien el romance.

Independientemente de qué tan independiente se sea, la verdad es que una quiere estar con un hombre que sea cariñoso, que la cuide, que la chinee, que la quiera tal cual es, aunque no cague flores.

Alguien estable, no solo económicamente, porque llega a ser más importante que no le patine el coco.

Porque, para andar con un hombre inseguro, que me pase reprochando mi pasado o mi presente, que me utilice para sus deseos carnales, que pase más borracho que sobrio y que tras de todo, yo se las tenga que patrocinar… mejor me mato.

Otro punto fundamental es que él sea una persona digna de admirar: por su talento, su creatividad, su liderazgo, porque es trabajador, porque tiene sueños, metas o aspiraciones, o porque simplemente puede mantener la calma cuando me entra mi histeria bipolar.

Seamos realistas: la capacidad para tomar decisiones equivocadas, como el empezar una nueva carrera universitaria antes de conseguir un trabajo con el título que ya se tiene… pues no es muy brillante que digamos.

Creo que no podría seguir con un tipo que solo tiene una cara bonita y la cabeza hueca, un modelito para andar enseñándolo a mis amigas cuando salgo de fiesta, pero que no tiene visión y que piensa que, por su historia de vida, todos tienen que ayudarlo.

Y no quiero ni entrar en la cuestión de los abusos.  En el momento en que alguno se falte al respeto, física o psicológicamente, la verdad es que todo se va pa’ la damiersh.  ¿La señal de alerta para dejar a un hombre a la primera?  Que dude de mi integridad, que se refiera a mí con sinónimos de prostituta o que haya osado a ponerme un dedo encima, entre otras.

¡Eso no es amor ni aquí, ni en la Conchinchina!

Finalmente, creo que una tiene que estar clara que él no es la felicidad y que él no te va a ser completamente feliz.  ¿Para qué ponerle semejante tarea al pobre, si esa es mi responsabilidad?

Él es algo aún mejor: el complemento ideal.  Como quien dice, las papas fritas a la hamburguesa, la leche condensada al copo, las fresas a la crepa de Nutella, el limón a la Corona: sin eso, igual la vida sabe rica… pero se vuelve deliciosa cuando él está cerca.

Tengo la eterna fortuna de poder expresar mi cariño a la persona que quiero en lugares públicos, cuando andamos de la mano o el esporádico piquito marcaterrenos.  Soy feliz porque hoy podría ir a cenar, bailar y disfrutar una maravillosa velada con mi maravillosa pareja, si quisiéramos.

Tengo la esperanza y la seguridad que, si la vida lo dispone y el tiempo así lo permite, vamos a poder compartir nuestras vidas y tener la boda del siglo.  Si no podemos tener hijos, podríamos adoptar algún pequeñín sin mayor problema.  En conclusión, seguiremos expresando nuestros verdaderos sentimientos sin que nadie los bombardee con odio.

Yo tengo la fortuna de disfrutar de un derecho inherente porque me gusta un hombre y yo soy mujer.

Eso es algo que se dio.  No me acuerdo escuchar a doña Martha repetirme que  me tenían que gustar.    Tampoco me acuerdo de haberme sentado con mi Barbie y mi Ken a pensar los pros y los cons de que me gustara uno u otro.  En otras palabras, no fue una decisión o una obligación.

Simplemente me gustaba Leo, un compañerito del kínder, y le dije que si quería ser mi novio.  A lo que respondió que bueno, pero que él era novio de Steph.  Creo que en ese momento formamos el trío más joven del mundo… pero no duró mucho porque, eso de estar compartiendo mi hombre, no es lo mío.

A como es natural para mí, es de natural para los hombres que les gustan las mujeres y para los que les gustan los hombres y para las mujeres que les gustan las mujeres.

Las mismas bellas mariposas sentimos unos, a como sentimos los otros cuando vemos a la persona que amamos.   Por culpa de los nervios, también hacemos las mismas ideoteces frente a esa persona.  Igual que vos, todos pensamos en ese ser especial cada segundo de nuestro día.

Entonces, aquí hay algo que no entiendo.

Si esto se da por naturaleza propia de cada uno y todos tenemos tantas cosas iguales, ¿cómo puede ser posible que, la única diferencia, sea la que haga que no se les den los mismos derechos?

El otro día vi un video en youtube (mi nuevo mejor amigo) de una legisladora republicana del estado de Washington, quien defendía la unión civil entre personas del mismo sexo.  Ella comenzó hablando de cómo vivió muchos años con el hombre al que ama, hasta que él falleció.  Ella decía que de todo lo que quería tener de vuelta, lo último era el sexo y no porque no lo disfrutara.  Lo que más extrañaba eran todos esos momentos que habían construido juntos, todos esas anécdotas graciosas, esos dulces recuerdos que solo puedes compartir con la persona que amas.

Justamente es eso lo que no se les puede negar a una pareja del mismo sexo porque es inhumano, es una crueldad.

Estoy de acuerdo con ella que es responsabilidad y deber de nosotros, la mayoría, responder por los derechos de la minoría.  Es nuestra obligación como seres humanos pelear por su amor, para que sea respetado como cualquier otro que crezca en cualquier parte del mundo.

Ahora bien, yo aquí no me estoy metiendo a la iglesia ni a la religión.  Yo no estoy hablando de sacramentos.  Yo estoy hablando de uniones civiles, donde ellos puedan compartir los mismos derechos que vos  podrías compartir el día que te juntés o te casés.

Me refiero a casos como el de un conocido quien terminó en la calle después de que su novio falleciera y la familia no respetara el testamento donde le dejaba todos sus bienes a su pareja.  Él no pudo reclamar porque no hay ley que le ampare.  Hablo de casos de parejas que desean, fervientemente, darle un hogar y ser los padres de algún huerfanito, quien están viviendo un infierno en algún orfanato del PANI.  O del simple hecho de que el Seguro Social de uno cubra la enfermedad del otro.

Estoy hablando de los mismos derechos que le fueron otorgados a las parejas de unión por hecho.

Derechos civiles.

Derechos que hemos adquirido por haber nacido en este país, pero que se les ha sido arrebatados por ser diferentes a la norma.

A modo de cierre aleccionador: si a los cristianos del mundo anteponen el mandato divino, yo solo les quiero recordar Mt 22; 37-40.  Si piensan que es una error que homosexuales críen niños, sepan que los culpables de la epidemia de violencia contra los niños en el país, en su mayoría, son los padres naturales que agreden a los hijos que parieron.  Si piensan que el sexo entre hombres es una aberración, acuérdense de las veces que le han pedido a su novia “hacerlo por detrás”.  Si piensan que el sexo entre mujeres es contra natura, no se les olvide que la fantasía número uno de muchos hombres es tener a dos mujeres en su cama y no para jugar UNO, digamos.

Familia Lutes-Stein de Texas. Pueden leer sobre ellos en dandole click en la imagen

Familia Lutes-Stein de Texas. Pueden leer sobre ellos en dandole click en la imagen


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