Desabrochando a Martha

La Esperanza está en el cielo

Posted on: 10 junio, 2016

TODAVIA!!! #doñaYelba #89 #cumpleaños #tresleches #yum #nomnomnom #feliz #fiesta

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Martes a las 8:30 ya tengo la práctica de los últimos 15 días de contestar el celular apenas sonara.  En media reunión telefónica con gente de todo el mundo, apenas me salió un excuse me, excuse me…  ¿Cómo se dice en inglés que a Yelba le quedan horas por vivir? … I gotta go, my grandma is in the hospital, my mom just called, hours left… bye…

¿Cuál es su nombre? ¿Yelba de Solano?  No, ¿Yelba Chaves?… Yelba Moreira… mi abuela está falleciendo en el cuarto piso… la desesperación en mi cara debió de ser muy explícita porque el de seguridad ni revisó los permisos, solo me dejó pasar.

Poco a poco, miembros de mi familia fueron llegando para tener unos minutitos a solas para desearle buen viaje, saludos al abuelo, perdonar, tranquilizar, decir adiós.  De verdad, ¿alguien se ha puesto a pensar qué es lo que se le dice a esa persona que está a punto de morir?

Las horas se hacen eternas en la espera más angustiosa de la vida.  Además de ser paradójica porque no querés que muera.  Pero por lo mismo, querés que ya descanse, que no vuelva a sufrir, que no le duela nada.  ¿Será por eso que se llama agonía?  ¿Se referirá más a lo que uno siente que a lo que ellos pasan?

El doctor nos explica que no hay una forma de saber cuánto tiempo durará: a como pueden ser unos minutos, han habido casos que duran hasta dos semanas.  Así es que decidimos irnos a descansar a nuestras casas, excepto doña Martha.  La muerte de mi abuelito Bertilio, solo en una silla de la sala de Emergencias, esperando a ser atendido, ha dejado huella y por eso se rehúsa a dejarla.

Yo no puedo dormir.  Gracias Dios por Netflix.

A las 12:30 mi corazón late a mil por hora cuando siento el teléfono vibrar.

“Ya mi mamá está descansando”

“Ya voy para allá.”

En la sala del hospital, una prima está llorando, doña Martha hablando con su hermana y yo estoy sosteniéndole la boca a Yelbis para que no se le abra, con los ojos cerrados porque tengo la peor relación con la muerte: no me gusta verla.  Pero por más que los apreto, no paran de salir lagrimas… ¿qué es este dolor tan terrible en el corazón?

Todo fue tan rápido y, al mismo tiempo, tan largo.

Si me preguntan, yo estoy tranquila, aunque me siento en un limbo porque no estoy ni bien, ni mal.  Solamente estoy.  Lloro cuando me acuerdo de momentos específicos, como hace unos meses cuando murió Pita, la mamá del proge: por alguna extraña razón, yo sentía a Pita como la abuelita chineadora quien me llevaba a comprar leche de caja porque yo no tomaba de vaca.  Yelba era más como la abuela que cuidaba todos los días, por eso y mil razones más, era más fuerte, regañona, que demostraba su cariño a su manera.

Después del funeral, me fui a la casa de Yelbis.

“¿Qué te pasó?  ¿Por qué andás triste?”

“Murió Pita”

“¿Quién era ella?”

“La mamá del proge”

“Entonces, ¿qué era tuyo?”

“Mi abuelita”

Silencio

“No te preocupés, que todavía te quedo yo… vení, sentante a la par mía.”

O cuando me acuerdo que hace un mes, ya se le iba el patín y juraba, por un Dios en los cielos, que estaba cumpliendo años.  ¿Qué hace uno en esos momentos?  Llevar flores, comprar queque y celebrar.

Cuando estaban metiendo su cajita en el nicho, a doña Martha se le ocurrió una idea maravillosa: si doña Yelba fue siempre tan graciosa, con un sentido del humor tan espectacular… qué mejor manera de despedirla que contando aquellos momentos graciosos, como cuando me invitó a tomar café para confirmar mi sexualidad.  Todas nos acordamos que para los cumpleaños nos regalaba cosas que ella ya no usaba, pero que debían de tener algún valor para ella, como el famoso fustán para vestido de novia.  De la vez que salió de una tienda de Bush Gardens con un mono de peluche, que hasta la tarde se dieron cuenta que no lo había pagado nadie y aun así, se lo quería vender a otra prima.

En la homilía, el padre decía que teníamos que pedir mucho a Dios, que debíamos tener “…la esperanza que está en el cielo…”

La Esperanza, Yelba Esperanza, está en el cielo.

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