Desabrochando a Martha

Hogar… ¿dulce hogar?

Posted on: 31 marzo, 2016

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En el post cerrando el 2015, hablé de la falta de propósitos de este año porque de lo que estoy segura es que va a ser conocido como el año del “No sé”: no sé qué va pasar, no sé para dónde agarrar… no sé, no sé, no sé… Lo único que tenía certero es que quería salir de la casa de doña Martha.

Con el empujón necesario, me puse hacer la lista de las cosas que necesitaba: desde cuánto podía pagar, hasta cuantos cuartos debía tener.  Eso sí, tenía dos condiciones importantes eran no negociables:

  1. Perlurris tiene que vivir conmigo
  2. Tiene que estar en San José, la capital del mundo, porque me rehúso a tener carro

La búsqueda comenzó en la primera semana de diciembre.  Con el aguinaldo en mano para poder pagar, comprar y contratar todo, que nada me atrasara.  Mil llamadas y 5 visitas después, estaba cayendo en cuenta que las condiciones no-negociables eran más de dos.

Un día de tantos, lo encontré.

Fue amor a primera vista: en los barrios del sur, pequeño como para dos personas, recién construido, una distribución ideal (dos cuartos, walking closet, sala-comedor-cocina integrados), grandes ventanas, muy ventilado, a 15 minutos caminando a la parada al trabajo… es que lo tenía todo.  Ni lo pensé para decir que sí.

El fin de semana siguiente ya estaba subiendo los chuches al apartamento del segundo piso, con mi amiguísima Melili.  En eso, me dice:

Amiga, ¿no se mete mucho la bulla de la autopista?”

“Naaahhh… en la noche hay menos carros y dicen los vecinos de abajo que no escucha nada.”

La primera noche me fui a celebrar: comí pasta en mi restaurante favorito, me tomé unas cervecitas.  Llegué emocionada a lavarme los dientes y acostarme a dormir.  Cuando pongo mi cabeza en la almohada, escucho el bus… luego un camión… luego las motos picando… la gente hablando en la calle… la música del bar que está a los 50 mts…

Inmediatamente dije: “Hijueputa, Melili tenía razón.”  Me puse a llorar toda la noche, hasta quedar dormida… tres horas después, me desperté por la mufla de un auto.

¿Ustedes han visto como hay gente que les da chicha cuando tienen hambre?  Bueno, a mi me pasa cuando no duermo.  Yo no tengo que explicarles lo importante que es dormir para mi.  Es que yo me pongo feliz cuando estoy en la cama, con luces apagadas, esperando a que Morfeo pase por mí a dar una vuelta.

Les puedo asegurar que lo intenté todo: poner tres juegos de cortinas, hacer una pared de cajas de huevos, tapones, té de tilo, poner sonido blanco de fondo.  El punto más bajo fue cuando me vi tomando Bendryl de lunes a viernes y aun así, me despertaba aturdida, con dolor de cabeza por apretar los dientes durante el sueño.

Sin olvidar la maravilla de vecinos: en los dos apartamentos del primer piso vivían dos familias con dos chiquitas cada una: corrían, brincaban, gritaban, jugaban TODO el día.  Eso no me molestaba tanto… excepto una, la menor de una madre soltera que no sabía hablar de otra manera que no fuera quejándose, como si le doliera algo, como si alguien le estuviera pegando un pellizco constantemente.

Pero eso no es nada.  Compartía pared con el apartamento de la par donde vivían… no una, no dos… CUATRO personas tan escandalosos que cuando ponían música, mis ventanas vibraban; cuando tenían visitas, yo me enteraba de todo; cuando una de ellas se resfrió, yo la oía toser T.O.D.A la noche.  De nada servía pedirles que bajaran el volumen porque me mandaron a comer mierda (literalmente) un par de veces, mientras recordaban a mi pobre madre con escarnios dignos de un marinero.

Lo peor fue Perlurris deprimida, comiendo acostada.  Yo la caminaba en la mañana y en la noche para que fuera pipi-pupu.  Doña Claudia, mi asistente en el hogar, venía por ella en la tarde para ir al parque media hora.  Pero aun así, Perlita pasaba el día acostada en el mismo rincón.

Dos meses de estar en las puertas del infierno, decidí que ya era suficiente.

Por cosas de la vida, me enteré que un pintor iba a vivir la vida bohemia del campo y estaba alquilando su casa: el precio ideal, la arquitectura digna de su profesión, estilo industrial y lejos de la calle, donde de por sí, casi ni pasan automóviles.

La primera noche dormí como los reyes y me desperté en la madrugada con el dulce canto de los pajaritos… y el gallo del vecino.  Un mes después, Perlurris defiende el hogar ladrándole al aire y camina por todo el frente hasta encontrar el punto ideal para pip-pupu.

Ha sido una lección tras otra, nada fácil.  Pero hoy puedo decir que soy muy feliz en mi hogar.

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2 comentarios to "Hogar… ¿dulce hogar?"

Jaja que increíble! Yo hubiera visitado el apartamento de noche para medir el ruido antes de pasarme! Sin duda lecciones de vida para todos!

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Aler13, no creas… yo fui un domingo en la noche… pero no es lo mismo que dormir ahí. La ventaja que hay en Costa Rica es que uno tiene como 10 días para cancelar el contrato… pero del dicho al hecho…

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